AÑO 3
Nº 4
Politica Argentina y Aldea Global
PARTICIPAN DE ESTE NÚMERO
Vicente Altilio
Ramón Eduardo Ruiz Pesce
Roberto Bosca
Maria Cristina Montani Fischer
ISSN 1852-5822
Fecha: 01/12/2010
AÑO 3
Nº4

INDICE TEMATICO

Politica Argentina y Aldea Global

Seccion: Presentación

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Articulos:

Seccion: Articulos

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Seccion: Perfiles

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Seccion: In Memoriam

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Seccion: Noticias del Instituto

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Seccion: Staff

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Articulos:

La política Argentina y la aldea global

Autor: José, Zanca

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TEXTO PRINCIPAL

 

La desaparición física del primer presidente de la democracia, Raúl Alfonsín, disparó una serie de reflexiones en perspectiva sobre nuestro sistema político. La proximidad de la compulsa electoral opacó – o mejor dicho, trivializó – ese debate, aunque no lo clausuró. El hecho que las más altas autoridades hayan convocado a una “reforma política” en 2009 implicó el reconocimiento del agotamiento, o por lo menos de la insatisfacción que el sistema político argentino genera en vastos sectores de la población. Esta problemática, que tanta literatura generó luego de la multidimensional crisis de 2001, desaparece y reaparece cuando la situación económica le exige a los argentinos un diálogo con su propia conciencia. Sin embargo, se trata de fenómenos esporádicos, una estructura de reflexión y auto-apuñalamiento en la que se mezclan los esencialismos de todo tipo, el decadentismo y la pérdida de una perspectiva global. ¿Es posible un debate sobre la política en el cual las premisas sean, en lo deseable, la exclusión de este tipo de presupuestos? Con esto queremos decir: es necesario formular una agenda de temas a partir de la cual sea posible el reconocimiento de las prácticas políticas habituales, sus defectos, y sus posibilidades de perfeccionamiento.

 

Ahora bien, ¿Cuál debería ser la base para semejante discusión? ¿Quiénes los involucrados? ¿Cuáles sus límites? Y finalmente ¿Qué consecuencias prácticas – si las hubiera – podrían plantearse? Una agenda de debate debería plantearse cuáles son las posibilidades de la democracia y el orden político en una sociedad económicamente interconectada, donde las interdependencias mediatizan en forma profunda la soberanía popular, tal y como se la imaginó en el siglo XVIII. Al mismo tiempo, los partidos políticos, como estructuras pensadas para el impulso de las ideas y medios para la representación política sobreviven en este mundo, a pesar de haberse decretado su muerte en distintos momentos de nuestra historia: es por eso que nos preguntamos cuál será su función en los años venideros, cuál su forma de financiación, qué vínculo podrá establecerse entre ellos y las nuevas formas de participación política, impulsadas  - y a la vez condicionadas - por las nuevas tecnologías de la comunicación, que hacen a las tradicionales formas de hacer política – y a su correspondiente liturgia – envejecer rápidamente. Conectado al perfil de los partidos debemos preguntarnos si sobrevive en la política el deseo de ser ámbito de confrontación de intereses, o sólo deben servir al siempre recurrente “bien común”, de dificultosa – aunque no imposible – definición.  Finalmente ¿Es posible, a partir de los avances tecnológicos, pensar en formas de democracia participativa que preserven, por un lado, el orden social y la continuidad institucional, y por otro sean un reflejo más directo, menos mediado de los intereses de los ciudadanos? Finalmente, una serie de preguntas más coyunturales debería ser incluida ¿Es necesaria la ejecución de un Proyecto Estratégico de País, discutido fuera de los canales parlamentarios e institucionales establecidos? La recurrencia de crisis globales ¿realza los beneficios del  "aislamiento" argentino o, por el contrario, evidencia la pérdida de oportunidades?

¿Hasta qué punto la mencionada "degradación de los valores" de la sociedad política no es una consecuencia de la "degradación humana" de la sociedad argentina?

 

Agenda amplia, como se verá, de la cual  el presente dossier sólo es un intento por abrir ese debate, sacarlo de los foros académicos y ponerlo a disposición de la sociedad.

 

NOTAS

BIBLIOGRAFIA

Que Florezcan Mil flores. La canonización política del eternauta

Autor: Bosca, Roberto

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TEXTO PRINCIPAL

 

 

La reciente y ciertamente  sorpresiva desaparición de la escena de Néstor Kirchner inauguró un nuevo itinerario o estadio histórico en la política nacional, evidentemente abierto a un futuro rico en incertidumbres. La idea de la muerte aparece de ordinario asociada casi inevitablemente con  la representación de un fin y un consecuente eclipse, y  la capacidad de pervivencia puede quedar previsiblemente reducida, en el mejor de los casos, a un dulce y admirativo  recuerdo; sin embargo esto puede no ser  necesariamente así, como lo muestra una experiencia universal.

Por no ser una pura racionalidad, la existencia humana no tiene ni en lo individual ni en lo social una naturaleza lógica y matemática, aunque desde luego admite ser explicada racionalmente. Es que la muerte, en determinadas circunstancias también puede significar todo lo contrario de un final, como se evidencia en las canonizaciones populares. 

____________________________

*El sintagma “Que florezcan mil flores” (en realidad, cien) fue pronunciado por  Mao Zedong   al inaugurar  una apertura fallida del régimen,  que Kirchner gustaba repetir como un deseo de multiplicar las corrientes justicialistas. La expresión recuerda también el objetivo numérico ilimitado en la consigna  del Che  de crear:” uno, dos, tres, cien Vietnam”. El mismo Perón era aficionado a recordar  -sobre todo durante el periodo guerrillero de sus lances sincréticos con el socialismo nacional entonces de moda-,  algunos pensamientos del líder comunista chino, con quien en cierto modo ambicionaba ser homologado.

 

El hombre que volvió de la muerte

 

De esta suerte, cabe  conjeturar que una parte sustancial de lo que  suceda en el escenario público de los próximos tiempos  podría estar vinculado a ciertos rasgos  que de modo incipiente han comenzado a perfilarse en  la propia figura del protagonista  y que apuntarían a mantenerlo de alguna manera políticamente  vivo, al menos en un cierto imaginario social. Esta supervivencia, más allá de una voluntad de construcción  oficial o popular,  podría obedecer u operar  incluso  como una conjunción de ambas, representando toda una resignificación de la praxis política, y en ese sentido ha suscitado una explicable expectativa.

 No importa  si hay en el caso una operación política ejecutada desde la propia constelación gobernante  o  un fenómeno social mas o menos  espontáneo, pero desde luego el poder político en su sentido más formal  -queriéndolo de un modo expreso, siendo indiferente o bien simplemente acompañándolo-  puede participar de él de un modo en cierto sentido connatural, y por lo mismo cabe también conjeturar que ese mismo poder tampoco estaría dispuesto a desdeñar tan sugestiva posibilidad, como sucedió en su momento con Eva Perón.

Debe recordarse que  en el caso de la Jefa Espiritual de la Nación (para no mentar sino una de sus advocaciones más representativas) el proceso de canonización fue incoado socialmente,  pero también promovido desde las entrañas del régimen, e incluso según noticias de la época, hasta pretendió alcanzar instancias de legitimación canónica en la propia Santa Sede. Por lo demás, Evita vive! es un grito clamoroso que actualiza y pervive a través del tiempo la  original y fecunda vitalidad política de una mujer singular de la historia argentina.

De otra parte, con la misma reciente muerte de otra gran figura de la escena pública -Raúl Alfonsín-, comenzó a asomar, aunque tenuemente, un fenómeno similar, al punto de que una consecuencia de él es haber suscitado nada menos que una candidatura presidencial en su  propia descendencia no ya política sino carnal, hasta entonces inhibida o clausurada de tal posibilidad respecto de una eventual consagración triunfal.

 Se evidencia aquí también el fuerte significado simbólico de esta pervivencia, con fundamento en la filiación, un recurso frecuente en la vida pública, en tanto el hijo asume una continuidad con el padre, en una supuesta herencia de su misión, pero también, de sus virtudes y hasta de su naturaleza. ¿No será esto pretender demasiado? Aunque la política es el arte de lo posible, la realidad, no obstante, señala sus indefectibles límites, puesto que  no es menos verdad que es difícil  escapar a lo que natura non da. Esto lo sabe muy bien, ay, otra heredera fallida: Isabelita Perón.

El mito identifica al hombre que volvió de la muerte. Los héroes se diferencian de los humanos corrientes en que con ella,  su figura adquiere un valor simbólico, extendiéndose ilimitadamente en el tiempo[1]. En su monumental Historia de las ideas y las creencias religiosas, Mircea Eliade muestra cómo ellos continúan actuando después de muertos. A nadie escapa que el Cid Campeador ganó una batalla  siendo un cadáver. El tiempo opera aquí de una manera inversa, en el sentido de que en vez de borrar una imagen, la canoniza y estrictamente la mitifica, volviéndola por ello mismo precisamente indestructible. Es en esta supraterrenal intemporalidad donde reside  precisamente su nota de invencibilidad.

 

Las canonizaciones populares

 

Esta obligada referencia a Evita se vincula con que ella representa (junto a Carlos Gardel) el caso no sólo  más  importante sino también más clásico de canonización popular en la Argentina. Las canonizaciones populares locales, igual que en el resto de Latinoamérica (y del mundo[2])  son abundantes y  una pléyade de investigadores han estudiado el fenómeno, comenzando por Bruno Jacovella, Augusto Raúl Cortázar, Bernardo Canal Feijoo y sobre todo Félix Coluccio,  más cercanamente  continuados por Susana Chertudi, Eloísa Martín,  Rubén Dri, María Rosa Lojo, Sara Newbery, Hugo Chumbita  y  Aldo Ameigeiras, entre otros.

Conforme al canon ortodoxo de la tradición cristiana, los santos son hombres y mujeres que -contrariamente a una cierta desnaturalización que han sufrido en el pasado en el imaginario popular-, están hechos tan de carne y hueso como cualquiera del resto de sus hermanos mortales. No representan  por lo tanto en sí mismos una entidad fuera de lo ordinario,  aunque sus vidas puedan estar vinculadas al dato extraordinario del milagro o a otras expresiones sobrenaturales. La característica esencial en la santidad es la práctica de la virtud, pero en las canonizaciones populares éste no es un elemento esencial, aunque ella pueda atribuírsele de una manera mas o menos arbitraria.

Esta creencia popular que vincula la santidad con una sobrenaturalidad extraordinaria, no es tampoco totalmente errónea, en tanto parece estar fundada en que si los santos están o han vivido cerca de Dios, participan de algún modo de su poder o sea del portento, de ese carácter de misteryum  tremendum  et fascinans que tan bien describiera Rudolf Otto, pero se vincula sobre todo con lo que podría denominarse un cierto maravillosismo que destaca los costados más llamativos  o espectaculares de la experiencia religiosa.

 

La canonización política

 

Un caso particular de este libro de las santificaciones populares que  es escrito fuera de una estricta ortodoxia de la fe, lo constituye el capítulo de las canonizaciones políticas, al que pertenece precisamente Evita. Algunas de estas canonizaciones, en efecto, se hallan vinculadas a la materia política, como lo muestran los grandes nombres de Gandhi, Kennedy, Lincoln o Luther King en la geografía universal, representadas en el plano local por  Juan Domingo Perón -sobre el que no hace falta extenderse- pero también por personajes de culto  popular que no han tenido su trascendencia, como Olegario Alvarez,  conocido por su nombre de guerra religioso como el gaucho Lega. Su vinculación política al Partido Autonomista de Corrientes, se muestra en el  color rojo que  caracteriza a la liturgia de su culto.

Este hijo de la tierra integra un largo santoral de  personajes caracterizados por su marginalidad, algunos de los cuales representan la misión de bandoleros justicieros cuya nota común es una subversión de la legalidad; más estrictamente, ellos cuestionan un orden legal formal que es percibido como perverso.

 La canonización política reconoce como titular a una figura que encarna una vocación pública, en un sentido de intensa sensibilidad social, al estilo de una opción preferencial por los pobres. No importa si ella es real, pero así debe ser percibida para la construcción del mito. Aún hoy todavía sobreviven quienes han escuchado que después de la muerte de Lenín, su figura fue canonizada por el régimen: como Evita sigue viviendo en el alma de su pueblo, Lenín sigue viviendo en el corazón de cada buen obrero, fue el saludo de despedida del soviet supremo, al introducirlo en el santuario  mortuorio de la Plaza roja de Moscú. El líder africano Kwame Nkrumah fue portador de un mesianismo liberacionista que proclamó Nkrumah no ha muerto, pues no puede morir, otorgándole la nota de inmortalidad. Tras la muerte del presidente electo Tancredo Neves, en Brasil,  se desató en el país una incontenible ola de fervor cívico revestido de valores religiosos. Un pastor protestante, resumió entonces: Tancredo surgió como un salvador: un Moisés de la Biblia que saca al pueblo de su cautiverio para llevarlo a la tierra prometida, a la nueva República.

El héroe -cuyo destino queda “injustamente” obturado por la muerte trágica,   es, precisamente, el salvador[3]. No nos salvamos, pues, por una operación de nuestra propia responsabilidad y esfuerzo, sino en virtud de algo o alguien que nos trasciende, brindándonos las mieles de su gracia divina. Néstor Kirchner logró articular esa exacta y sugerente visión en un apreciable número de sus seguidores. El supo despertar el fuego sagrado de la militancia adormecido en los rescoldos de desfallecientes brasas revolucionarias. ¿Le acredita entonces este mérito la apertura de una causa de canonización?

 

Los pliegues de un estilo

 

En las destempladas ambientaciones de la posmodernidad, mediante el aliento de un discurso que hasta que lo resucitó parecía envejecido y acaso arcaico, lo cierto es que “el Néstor”[4] o “El” [5], avivó el fuego, y así  tonificó la concepción heroica de raíz schmittiana de la política como un oppositum o una lucha, transmitiendo esta consigna  quizás muy trillada pero psicológicamente liberadora, aunque como tal siempre exitosa en el imaginario militante.

De tal modo, y mediante este énfasis en el “otro perverso” de un enemigo, la militancia resignifica su propia identidad y así reverdece su existencia, por lo cual de algún modo en ese enfrentamiento “heroico” encuentra una justificación de su lugar en el mundo. Pero también por  eso mismo,  él, el nuevo inventor de opuestos,  merece el reconocimiento de un amplio espectro social.

 Nuestro destino lo construye pues, el otro, pero nos identificamos con esa salvación y al asumirla nos sentimos protagonistas, aun sin serlo en sentido estricto. Es la naturaleza de todo populismo[6], que expresa así representaciones identitarias. Como hicieran desde el poder Perón y Evita en los cuarenta y cincuenta, no importa si Kirchner redistribuyó el ingreso en un sentido más equitativo, pero dio a una apreciable multitud -que algunos prevén  en algún momento acaso mayoritaria-  una nueva valoración de su propia identidad.

Esto es ni más ni menos que lo que a su modo hizo Perón. El antiperonismo virulento (gorilismo) nunca pudo entender que la sidra y el pan dulce no fueron el precio de una compra sino el signo de una dignidad inédita que se estrenaba. Cabe reiterar aquí la regla subjetivista: estas premisas pueden ser cuestionadas y hasta demostrada su falsedad. Pero ello no tiene demasiada importancia en función de la creación mitológica[7]. No importa lo que es sino su realidad subjetiva, lo que es percibido, porque es lo que define la adhesión y eventualmente el triunfo a la hora de contar los votos.

 La personalidad de Kirchner no revela ninguna particularidad extraordinaria como la que se esperaría encontrar en el héroe, sino la de  un hombre común, y  en todo caso él o El  está más identificado con el look o la estampa  de un antihéroe que la de un héroe o un winner,  como lo expresa muy bien el apelativo Lupo, Lupín o el pinguino[8], su alias familiar que  en un sentido funcional lo acerca al pueblo como en su momento ocurriría con  Pocho, el macho, el hombre, apelativos todos referidos a Perón  que fueron utilizados a partir de la prohibición legal de mencionar o escribir su nombre en los años de plomo del antiperonismo más visceral.

El hombre militante llegó a los lugares privilegiados del poder y  por lo mismo representa, en su propio estilo, a la multitud. El cultivó ese  modo de ser algo desgarbado y profundamente transgresor que suele ser característica de algunos santos populares. La transgresión ha estado presente también en otro cercano presidente, Carlos Menem, aunque con un acento mas bien lúdico en el riojano.

En cambio con Néstor Kirchner esa ruptura, aun retórica, asume un profundo significado político e ideológico, y no es para nada ocioso que entre sus contenidos puede encontrarse un amargo tono de maltrato, de malas maneras, hasta de coerción y de violencia. Estas cajas destempladas, si bien producto de un temperamento basto,  también tienen su miga política. Para empezar, un elemento fundamental de su estilo de gobernar fue inexcusablemente y con graduaciones diversas,  una instrumentación política del miedo[9].

 Un rasgo muy marcado en las canonizaciones políticas es la identificación con Robin Hood, el paradigma universal del transgresor al que una misión de salvación justifica existencialmente:  ésta es la del restablecimiento del orden  originario en un mundo signado por el pecado, por parte del que viene a impartir la  justicia. Esta misión justiciera se ejerce sustrayéndoles  incluso violentamente un dinero supuestamente mal habido a los ricos para dárselo a los pobres, porque está claro que ellos representan en el imaginario las víctimas del despojo injusto  y no menos violento.

Esta nota que identifica al heroísmo revolucionario con l’uomo fascista del vivere pericolosamente (de raíz nietzscheana), está presente, verbigracia, en la saga épica de Montoneros. Pero también ella aparece extremadamente acentuada ya desde el comienzo en Evita, en quien tiene un análogo significado de revanchismo o de secreta venganza, no exento de cierto sentido pedagógico. Hay un sufrimiento infligido por parte del justo libertador que apunta, como en el fascismo, a un itinerario purgativo.

A Evita le parecía bien hacer sufrir a los ricos, como una compensación debida por lo que ellos habían hecho sufrir a los pobres, pero no con un sentido ascético sino para hacerles probar en su propia carne el amargo acíbar de una humillación inmerecida[10].

No es un tema menor: allí residía la frutilla de la torta de su justicia, que como tal era degustada con fruición por los humildes humillados. Cuando el rico villano es sometido hasta la humillación al final de la película por la espada del juvenil justiciero, el impiadoso público aplaude, no sólo los niños.

 

Los contenidos ideológicos

 

Es verdad que se ha puesto muy en duda si el kirchnerismo es verdaderamente  representativo de una ideología justiciera o si él constituye un mero juego de poder,  e incluso sus críticos más severos le adjudican la impresentable calidad de una nuda caja. Esta ambigüedad intrínseca que  caracteriza al kirchnerismo pero también su creatividad se muestra en una resemantización por la que asume una reinterpretación de elementos del pasado para la construcción de las identidades del presente.

Sea de una u otra forma, en Kirchner se evidencian sedimentaciones residuales del setentismo muy claras, tanto en contenidos como en estilos, ahora reinterpretados al trasluz de la sensibilidad posmoderna. En esos sedimentos se deja ver una fuerte nota de romanticismo revolucionario, incluso de nostalgia,  que no puede sino impactar promisoriamente en una cultura cuajada de sentimentalismo, como es la argentina, mucho más la subcultura juvenil.

Uno de estos contenidos ideológicos de la  concepción romántico/mesiánica de la historia que encarna el populismo hegemónico es la revolución como promesa perennemente incumplida, o sea la utopía. La nutriente debe buscarse en el sesentayochismo, incluida su saga latinoamericana, donde como sabemos  se cocinó todo el guiso de la violencia de la década posterior. La utopía no pudo realizarse pero ello no importa, ya que su realización sería imposible por su propia naturaleza, dado que, en realidad,  lo que de ella interesa es que siempre esté adelante, como estrella polar.

 Es decir que en esta amalgama ideológica aparece, aunque tenuemente esbozada,  la utopía social que ha funcionado como una nueva zanahoria revolucionaria alumbrando el revival de una inédita y secreta  militancia.  Aunque se trate, no hace falta subrayarlo, de una ideología débil o sea conforme al espíritu posmoderno, y por lo tanto carente de las aristas más ásperamente violentas del setentismo, en todo caso, un setentismo decadente.

 

Militantes y militares

 

En un par de ocasiones aparece en esta descripción del kirchnerismo la palabra militancia y esta circunstancia no es gratuita, ya que vuelve a estar de moda después de varias décadas de ostracismo en el lenguaje político. El lenguaje nunca es neutro. No puede desconocerse que la resurrección de la voz “militancia” que en los círculos oficiales se promueve[11] apunta a la pretensión de resucitar un espíritu que la connota, vinculado a la voluntad de articular una reedición posmoderna del proyecto setentista, aquél socialismo nacional que conviviera ambiguamente con un nacional socialismo no menos inquietante.

 La palabra militancia, hoy restaurada, que ha sido desempolvada del arcón setentista tiene connotaciones muy específicas en el lenguaje político argentino y designa un activismo político de fuerte compromiso ideológico, escorado hacia la izquierda. El activista actúa, pero el militante actúa en base a ideas[12]. Difícilmente un grupo político del centro hacia la derecha, incluyendo los mismos del peronismo, haya utilizado la palabra militante para designar a sus adherentes, sino que en todo caso la ha tomado prestada. 

Sin embargo, los grupos derechistas, desde la Legión Cívica (nótese la nomenclatura castrense)  siempre han compartido con el socialismo autoritario un mismo gusto  o una predilección por el estilo militar de vida, en este caso trasladado a la escena política. En Montoneros esta característica compartida con el más rancio integrismo nacionalista, como en él, rayaba en el exhibicionismo. En atención a su joven edad, quizás cabe imaginar un tanto sarcásticamente que  hasta  también habría en esta cualidad un cierto regusto juvenil por “lucir el uniforme”. 

Frecuentemente, los ambientes integristas muestran su viva predilección por un monismo político-religioso en la figura del milites Christi, “soldado de Cristo”, una suerte de monje-oficial enfrentado no solamente en un sentido metafórico de “combate espiritual” sino con las armas al mundo moderno, casi siempre cubierto de una florida parafernalia de instrumentos medievales, con preferencia la espada. La conjunción de la espada y la cruz marca el punto cenital de esta concepción.

Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Ortega Peña, dos ideólogos del star system del “socialismo nacional” dirigieron la revista Militancia para la Liberación Nacional (abreviadamente, Militancia) en los mismos clásicos y romantizados setentas. El título subraya el carácter militar de la ideología setentista: militancia, de milites: soldado. Como resulta evidente, en la palabra militancia se perciben acentos etimológicamente militaristas que participan de su autoritarismo propio.

Tanto los militares como los guerrilleros, en los dos casos ambos percibieron la política como una lucha armada y sostenían una concepción militar de la sociedad civil, claramente una grotesca caricatura cuajada de rictus y crispaciones, que irremisiblemente desembocan en un sordo régimen autoritario.

Ambos se identificaron, en efecto, tanto desde la derecha como desde la izquierda, con el mismo militarismo que implica una regimentación de la vida social, pero este militarismo, en todo caso, y como es sabido,  procrea una función destructiva de la convivencia: la exaltación de la violencia[13].

 

El astronauta eterno

 

Hace ya algunos años que investigadores como Gillo Dorfles[14] y entre nosotros Pablo Capanna[15] han indagado en la ciencia ficción como elemento mitopoyético de nuestros días. Algunos de estos estudios han mostrado cómo este género literario  ha elevado a  la ciencia a una categoría mística donde se encuentra presente muchas veces un mensaje social.

 La construcción del nuevo mito aparece gráficamente asociada a la figura del eternauta, que identifica a una historieta de culto  convertida hoy en un clásico por el acierto de haber presentado su trama épica en un escenario local.  Este diseño configura una argentinización de las luchas intergalácticas hasta entonces situadas en lugares imaginarios, otorgándole una nueva perspectiva al género. Esa impronta realista y si se quiere patriótica definió su éxito entre un público nuevo y masivo.

 En el marco de una   ”militancia” montonera de su creador Héctor Oesterheld, y de su dramática historia personal y familiar suscitada por ella, aparece un mensaje político que brinda un nuevo sentido a la forma literaria, configurando una gran metáfora.

En esta nueva expresión de la cultura popular aparece la construcción de un cuerpo de ciudadanos militarizados en defensa del patrimonio argentino, que se ha querido interpretar  acaso como  una resistencia heroica de la nacionalidad autóctona frente a una invasión extraterrestre supuestamente asimilada al imperialismo.

La invasión extraterrestre es un recurso utilizado en la ciencia ficción para designar una amenaza a la humanidad por parte de regímenes e ideologías o movimientos políticos como el nacionalsocialismo, el comunismo, e incluso el terrorismo, que en la interpretación montonera se centraría ideológicamente en el capitalismo.

Es verdad que el santo político detenta “virtudes” personales, a la manera del santo “verdadero” o auténtico (aunque ambos en cierta forma lo son),  porque la militancia le redime de sus propios pecados,  pero en la visión popular le es también  intrínseco un aire de pureza, en cuanto él denuncia las estructuras de pecado y consecuentemente representa la justicia, el justo como redentor. Aunque sin su estatura, como el Che, él anuncia el hombre nuevo.

No importa si las premisas ideológicas y las realidades transformadoras quedan disueltas en una fraseología revolucionaria o en corrupciones burguesas. No importa si su activismo responde a una sed insaciable de poder o a una actitud de verdadera donación. No importan los errores o la confusión entre el fin y los medios porque la sublimidad de la revolución enmienda cualquier malignidad en sus instrumentos. En todo caso, en la lógica revolucionaria, el fin santifica los medios.

 Ante una personalidad tan controversial, que parecía estar necesitando la permanente recreación de enemigos, resultó para muchos  sorprendente la secuencia de adhesión y dolor que suscitó su desaparición, y que adquirió un carácter verdaderamente masivo. No es algo difícil de explicar, y no es necesario para ello acudir a la tradicional necrofilia de los argentinos. 

El mito dice que de la vida entregada surge la vida nueva. Como Evita, como Camilo Torres -el cura guerrillero colombiano-,  como el Che, para una considerable porción de los argentinos, en una resignificación de su obsesión de construcción de poder, él “entregó su vida por la revolución” y el martirio de la muerte trágica que es una nota constitutiva de la canonización, como en el santoral cristiano, le purifica de cualquier mal moral proveniente de su pasado existencial, otorgándole la nota definitiva de la  santidad política. Su “entrega” significa de algún modo su holocausto: la gloria del héroe es su crucifixión[16].

Pero el eternauta muestra también una capacidad de  resistencia al mal como una construcción social, pues en la épica del relato es una comunión de ciudadanos corrientes quien enfrenta el poder maligno y destructor que viene de lejos y se corporiza de una manera monstruosa. Se trata de un salvador o de un mesianismo que no es individual sino social,  un “héroe colectivo” que es el secreto  portador de la esperanza, una virtud abandonada [17]por muchos en el actual momento político argentino. Esta función mesiánica es la que ha irrumpido una vez más con fuerza en el escenario local.

¿Será acaso en el futuro Kirchner un sujeto  social o colectivo de quien pueda esperarse la concreción de un mito liberador? No hay ninguna seguridad en eso. Algunos indicios así parecen certificarlo, pero se trata de algo que todavía está muy en ciernes. La canonización política, supuesta la materia propia, es un proceso de años, y se inscribe en un itinerario de identificación con el héroe y los valores por él expresados.

En este sentido, Pablo Capanna ha sabido mostrar cómo algunas técnicas practicadas en la constelación New Age han empleado (como en el caso del Viaje del Héroe inspirado en Cambell) algunas ideas terapéuticas de acento panteísta de Stanislas Grof como despertador del “héroe interior”, el dios que hay en cada uno[18].

Puede concluirse que los resistentes de la historieta representan el ethos colectivo, la colectivización del mito, y hasta el mito del pueblo como vanguardia de la revolución. Según esta interpretación, el héroe individualista se ha hipostasiado en el pueblo. El eternauta es un viajero de la eternidad; como el héroe, un ser perennemente vivo.

La caracterización gráfica del héroe como el eternauta muestra una estética o una técnica típica del movimiento pop, nacido en los años sesenta como una creación de significados en una cultura de masas. La matriz o el soporte en una historieta no es tampoco ajena a este hecho, toda vez que la historieta es un elemento fundamental de la literatura pop, basada en la imagen, y la obra de Roy Lichtenstein constituye un ejemplo paradigmático de esta realidad.

Algunas expresiones plásticas que pudieron  ser observadas junto al  mismo cajón del muerto durante el velatorio e incluso en una suerte de exposición popular en la propia Plaza de Mayo durante los días posteriores al entierro, exhiben precisamente un estilo muy propio del pop art, (en el que ciertamente no estuvo ausente el correspondiente tono kitsch), de la misma manera que el marketing político tomó en su momento elementos de ese arte para anunciar o promover  consignas o figuras políticas.

Existe por lo tanto, en parte natural y en parte amañada, una conexión de la figura política con el genio del pueblo. En ese sentido, y si Néstor Kirchner resulta ser el nuevo e inopinado protagonista del comienzo de una incipiente canonización política, su figura se multiplicará en los próximos años mientras la nieve que cae del cielo se derrite entre las flores.

 



[1] Cfr. Joseph CAMPBELL, El  héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito, FCE, 7ª reimpr., México, 1999.

[2] Uno de los casos más glamorosos de canonización popular de los últimos años fue el de la princesa Diana (Lady Di). Cfr. Jeffrey RICHARDS-Scott WILSON-Linda WOODHEAD (Ed), Diana. The making of a media saint, I.B. Tauris Publishers, NY, 1999.

[3] Cfr. Jacques LAFAYE, Mesías, cruzadas, utopías. El judeo-cristianismo en las sociedades ibéricas, FCE, México, 1984.

[4] Desde Jacqueline Kennedy (a. Jackie) en adelante se generalizado la referencia (otrora reservada a planos más íntimos) a figuras políticas mediante sus nombres de pila  omitiendo el apellido, e incluso recurriendo a sus sobrenombres familiares. Se trata, quizás, de un abuso de la privacidad, pero ella es admitida por transmitir un sentimiento de cercanía favorecedor del personaje.

[5]Como  más simplificadamente y con mayúscula de tono engoladamente  mayestático, comenzó a mencionarlo  su cónyuge a partir de su muerte.

[6] Ernesto Laclau,  considerado un ideólogo del kirchnerismo, ha brindado  desde el estructuralismo un nuevo enfoque valorativo del populismo. Cfr. Ernesto LACLAU, La razón populista, FCE, Avellaneda, 2007.

[7] Cfr. Raoul GIRARDET, Mitos y mitologías políticas, Nueva Visión, Bs. As., 1999.

[8] Lupín fue un personaje de historieta  popularizado en  los años sesenta. Hasta el kirchnerismo los pingüinos eran un símbolo meramente comercial de ropa de hombre o de libros. Otros apelativos políticos argentinos del género animal: bisonte, perro, zorro.

[9] La historia de las mentalidades ha estudiado las características y expresiones más notables del miedo en la vida social en Jean DELUMEAU, El miedo en Occidente,  Taurus, Madrid,  1989.

[10]Esta sensibilidad recuerda la praxis de los blackshirts fascistas del aceite de ricino no exenta de un sentido humorístico de baja categoría humana.

[11] Cfr. Beatriz SARLO, El engranaje de la militancia, en “La Nación”, 10-XII-10, 23.

[12] Raúl ARLOTTI, Vocabulario técnico y científico de la política,  Dunken, Bs.As., 2003,  274.

[13] Ibídem. Cfr. también: Sergio COTTA, La ideología de la violencia, en “Escritos de Filosofía”, 9, 1982, 3-15 y el sugerente trabajo de  José Enrique MIGUENS, Consideraciones sobre la relación entre la magia y la violencia política, ibídem, 71-90.

[14] Cfr. Gillo DORFLES, Nuevos ritos nuevos mitos, Lumen, Barcelona, 1973, Cap. V, 231 y ss.

[15] Cfr.  Pablo CAPANNA, El mundo de la ciencia  ficción, Letra Buena, Bs. As., 1992.

[16] Cfr.  Hugo Francisco BAUZA, El mito del héroe. Morfología y semántica de la figura heroica, FCE, Bs. As., 1998, 193. Ver  también: Joseph CAMPBELL-Bill MOYERS, El poder del mito, Emecé, Barcelona, 1991.

[17] La televisión ha mostrado en los últimos tiempos una nueva saga de “héroes”, como los “superhéroes”  de las revistas y dibujos animados infantiles, dotados de poderes extraordinarios que actúan no siempre en sentido moral pero sí de manera grupal, como en Héroes, No Ordinary Family y Misfits.

[18] Cfr. Pablo CAPANNA, Los suicidas del crepúsculo. Nuevos paradigmas y viejas ilusiones, en “Criterio”, 2117,  12-VIII-93, 409.

 

 

NOTAS

BIBLIOGRAFIA

Democracia Argentina: Encrucijada y Desafío. Ética Política entre el cinismo de las serpientes y la hipocresía de las palomas

Autor: Ruiz Pesce, Ramón Eduardo

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TEXTO PRINCIPAL

Proposición de Reglas de Juego de esta Charla-Debate

 

¿Qué lenguaje deberíamos utilizar para que se pueda dar esa disputa, diálogo o debate que propongo?

Un lenguaje claro y sencillo; que todos podamos entender. Pero me apuro a matizar esta afirmación; en el público presente hay, sin duda, más de uno de los amigos que fruncen el ceño cuando hablan los “filósofos”, como si el lenguaje técnico o profesional de los arquitectos, los economistas o los abogados, no tuviera también sus oscuridades para los legos. Y, sin entrar en defensa gremial del lenguaje de los filósofos, apelo al propio Maritain cuando, en medio de la Segunda Guerra Mundial, decía que la filosofía es imprescindible en esta hora, pero no es fácil. El más anecdótico y amigable Chesterton ilustra esta dificultad de encontrar un lenguaje, a la vez, claro y riguroso; comenta este punzante inglés,  que un día una señora amiga suya le dijo que había comenzado a leer un comentario sobre Santo Tomás de Aquino, y empezó confiadamente por la sección que llevaba un inocente título: “La simplicidad de Dios”, y la dama, pronto, con un suspiro, abandonó el libro y dijo: “Vaya, si ésta es su simplicidad me pregunto cómo será su complejidad”. Por lo tanto, lenguaje claro y sencillo no siempre es sinónimo de simple; no pocas veces hablar claro de lo simple es algo muy complejo y arduo. De allí que me comprometa a intentar hablar de modo que hasta los contadores como Domingo Colombres me entiendan, tratando de no renunciar al rigor y a la dificultad de hablar filosóficamente del tema propuesto.

 

 

Proposición de las tres tesis que voy a tratar de defender en esta charla

 

Primera Tesis

La Desgraciada Democracia Argentina tiene sus raíces en nuestra Tragedia Educativa y nuestra Bancarrota Política, , y ambas comulgan en el mismo motivo: en la “falta de amor por el bien público”

1.    : Para empezar por algo obvio, la Democracia Argentina está en una situación francamente desgraciada; y ello se evidencia en el hecho de que nuestra ciudad o polis argentina, no tiene palabra, no tiene ley, y no tiene Dios. Y esta desgracia tiene sus causas próximas en la tragedia educativa y en la bancarrota política en la que está sumido el pueblo argentino. El hombre, definía Aristóteles, vinculando estrechamente ambos términos, es el animal que tiene palabra y el animal político; es el animal que dialoga o discute y el animal que vive libremente porque obedece a las leyes de la polis; es político porque tiene palabra, y la palabra tiene contenido político. Pero la causa última de esta ya aguda y crónica agonía política argentina es de índole teológica; Dios, constitucional “fuente de toda razón y justicia”, es invocado con nuestras bocas, o partidas bautismales, pero es negado en nuestro corazón y con nuestras acciones cotidianas, desde no pagar los impuestos a no trabajar en política, barrial, escolar, municipal o provincial; esto es lo que se llama nuestro “ateísmo práctico cotidiano”.

2.    Toda Ética es Política; y, contra el cinismo de la serpiente maquiavélica y contra la hipocresía de la paloma platónica, hay que afirmar que no podemos tener una buena política con una mala ética, y que no podemos tener una buena ética con una mala política. La expresión “yo, argentino” nombra el cinismo e hipocresía “ético-políticas” que “regulan” nuestras acciones.Y ante la bancarrota de la República Argentina, todos concordamos que la causa de la misma no obedece ni a lo económico, ni a lo político, sino a una crisis moral, una crisis de valores.  Y siempre pensamos que las acciones devaluadas o inmorales son las de los otros; nunca las nuestras. ¿Qué tenemos que ver nosotros con este colapso? “Yo no fui”,”yo no soy responsable”, decimos desde el principio irresponsabilidad que nos caracteriza. El sofisma de la ética de los argentinos (y, hay que subrayarlo, toda ética es política) es que podemos tener una buena política con una mala ética, como pregonan los maquiavélicos, o que podemos tener una buena ética con una mala política, como predican los puritanos. Los extremos se tocan; el “realismo político” del maquiavelismo es un cínico amoralismo, porque no atiende a la moralidad de los medios. El idealismo puritano, idealizando los fines, convierte los medios en fines; es una moral de las buenas intenciones, un no menos cínico hipermoralismo.

3.    La cabal ética política es la ética realista y responsable, la ética del juicio prudencial de Sto.Tomás de Aquino, de Francisco de Vitoria o Maritain, quienes se sitúan entre la cínica ética del poder de la pragmática serpiente maquiavélica y la hipócrita ética del deber de la idealista paloma platónica. Entre la ética del poder maquiavélico (la “moralidad” de los medios sin relación con el fin) y la ética del deber puritana (la moral del “fin” sin la moral de los medios), la cabal ética política (sin comillas) es una ética de la responsabilidad (que difiere esencialmente de la homónima de Max Weber). Y esta ética, que parte del Principio Responsabilidad, posibilita la mediación prudencial entre el ideal del fin y la imperfección de los medios para conseguirlo; esta “recta razón de lo operable” (recta ratio agibilium, la llama Tomás de Aquino), es lo que hoy se puede llamar la ética de la razón responsable. Dice Jacques Maritain al respecto de la dialéctica fines-medios aquí comprometida: el orden de los medios corresponde al orden de los fines; y ello exige que un fin digno del hombre se persiga con medios también dignos del hombre; sorteando con la recta razón práctica tanto la hipocresía de los puritanos como el cinismo de los maquiavélicos.


PRIMERA TESIS

La Desgraciada Democracia Argentina tiene sus raíces en nuestra Tragedia Educativa y nuestra Bancarrota Política, y ambas comulgan en el mismo motivo: en la “falta de amor por el bien público”

1.    ¿Por qué cunde entre los argentinos el estado de sospecha? Para un argentino no hay nadie más sospechoso y poco creíble que otro argentino. La desconfianza y la pérdida de crédito no se da sólo entre nosotros en el plano de las finanzas y del sistema bancario. Al respecto Stefano Zamagni, un economista italiano, decía recientemente, en relación a profecías no escuchadas en torno al dramático caso de Argentina, que Antonio Genovesi, filósofo y economista napolitano del Siglo XVIII, ya se preguntó en ese Siglo de las Luces, “por qué Nápoles no obstante su población, su intelectualidad, su talento, su buena ubicación respecto del tráfico comercial, no era una “nación” desarrollada como las demás del Norte”. Y la respuesta que daba este italiano, que fue el primer profesor de economía política de la historia, es que “Nápoles adolecía de un recurso particular: “EL AMOR POR EL BIEN PÚBLICO”. Cualquier semejanza con la desgraciada y no bien amada República Argentina, no es una casualidad.

2.    La mal llamada República Argentina ostenta, desgraciadamente, poco amor por lo público. Cuando decimos que la nuestra es una ciudad o polis sin palabras o sin escuela, sin ley o sin política verdadera, no estamos pintando de un modo pesimista una realidad rosagante y esplendorosa. Ya se ha mostrado con buenas razones y patéticas evidencias lo poco que nos importa a los argentinos la escuela, la ciencia, la docencia; basta con que echemos una mirada a la situación de las escuelas, las universidades o la política de investigación en el país; son todas trágicas asignaturas pendientes. Nuestro amor por lo público no mejora si nos fijamos en nuestras actividades políticas o nuestra formación cívica; nadie “honorable” quiere dedicarse a ese sucio manejo de los políticos; pero son las mismas palomas que obran como serpientes en la micropolítica cotidiana; no trepidamos en evadir el pago de los impuestos, tirar la basura en la calle o cruzar los semáforos en rojo; lo cual difiere en grados y no en principio con las suculentas coimas y los pingües negociados de nuestros legisladores, nuestros pseudoempresarios o nuestros presidentes y expresidentes.

3.    Cuando los argentinos decimos “que se vayan todos”, estamos realmente “todos” incluídos en ese “todos”. Es cómodo tener a la clase política como chivo expiatorio al que endilgarle las culpas. Y yo, qué tengo que ver con estos desastres; nada; yo, argentino. Tenemos los dirigentes políticos, educativos o empresariales que nos merecemos; y son los que más se nos parecen. La tragedia educativa y la bancarrota política argentina es la que, ellas sí, mancomnadamente, supimos y sabemos conseguir. Los argentinos, en su gran mayoría, nos sentimos puras palomas, idealistas, que no se ensucian con la política. Esa actitud hipócrita, decía Maritain, es tan nefasta como el cinismo de los maquiavélicos.

 

SEGUNDA TESIS

Toda Ética es Política; y, contra el cinismo de la serpiente maquiavélica y contra la hipocresía de la paloma platónica, hay que afirmar que no podemos tener una buena política con una mala ética, y que no podemos tener una buena ética con una mala política.

1.   Esa “falta de amor por lo público” se expresa de modo contrapuesto e igualmente nefasto entre las palomas y las serpientes; los  extremos se tocan. El sofisma de la ética de los argentinos (y, hay que subrayarlo, toda ética es política) es que podemos tener una buena política con una mala ética, como pregonan los maquiavélicos, o que podemos tener una buena ética con una mala política, como predican los puritanos. Los extremos se tocan; el “realismo político” del maquiavelismo es un cínico amoralismo, porque no atiende a la moralidad de los medios. El idealismo puritano, idealizando los fines, convierte los medios en fines; es una moral de las buenas intenciones, un no menos cínico hipermoralismo

2.   El conflicto o dilema ético se  nos plantea en la elección de una ética idealista, como la de Platón o la de Kant, ética rigorista, ética del deber, y la ética “pragmática” o crasamente “realista”, como la de Maquiavelo o la de Hegel. En ambos caso estamos ante el cinismo ético de un hipermoralismo idealista de un amoralismo pragmático.

3.   En casi todos los libros de Maritain que toca temas de filosofía política, desde Humanismo Integral a Principios de una Política Humanista, pasando por El hombre y el estado o Cristianismo y Democracia, toca en un punto neurálgico esta cuestión; la de la crítica al maquiavelismo y al hipermoralismo. Es un nudo central de la ética, cuál ha de ser la dialéctica de los fines y de los medios en nuestra acción; cómo conjugar la universalidad de los principios morales con las circunstancias concretas y particulares en que los hombres tenemos que decidir cómo vivir. En la tercer tesis expondremos brevementre esa ética realista y responsable, ética del juicio prudencial que han pensado Sto.Tomás de Aquino, Francisco de Vitoria o el mismo Maritain. Ahora echemos una mirada a la pars destruens, a la crítica al Maquiavelismo, para mostrar por qué no se puede ni debe disociar ética de política.

4.   Maritain está escribiendo Principios de una política humanista en 1943; está promediando la 2da Guerra Mundial, no hay que olvidar el contexto. (Sea dicho entre paréntesis, es imprescindible contextualizar también las teorías políticas de un Tomás del Siglo XIII, un Fco.de Vitoria del Siglo XVI y un Maritain del Siglo XX... y la nuestra que leemos críticamente desde el Siglo XXI). Sus adversarios políticos de esa hora son las políticas totalitarias, las del fascismo y las del comunismo. Su apuesta, en medio del combate, es que es preciso y posible superar la tentación del maquiavelismo y del idealismo. Pero qué significa Maquiavelo; en su tratado El Príncipe, dice Maritain, Maquiavelo está destruyendo la noción medieval de gobierno y de autoridad. Allí por primera vez se legitima teóricamente al crimen, la infidelidad, la mentira como armas políticas... y al hacerlo se le da buena conciencia al político

5.   Maquiavelo no inventó la política como ejercicio criminal, pero antes de el la inmoralidad política se hacía con mala conciencia; por eso El Príncipe abre las puertas para que la inmoralidad política de hecho se convierta en inmoralidad política de derecho; un derecho cínico e hipócrita, por cierto. Y la base del maquiavelismo está en una concepción pesimista del hombre. La política, como decía Julien Freund y enseñaba Ponsati, implica una relación de mando y de obediencia; el gobernante es el que manda, el gobernado el que obedece; ahora, con esta antropología maquiavélica el gobernante no debe ser fiel, no debe cumplir las promesas y mantener las palabras, respecto de los gobiernados. El hombre está tomado desde su pura animalidad; un crudo empirismo; rechaza Maquiavelo la dimensión espiritual, la raíz metafísica de la ética política, y crea, por el contrario una metafísica de una política de la fuerza y del poder, no del derecho; es, como lo consumará luego Hegel, una filosofía o metafísica de la guerra; del totalitarismo, que Maritain estaba denunciando.

6.   El resultado práctico del Maquiavelismo, dice Maritain, es la antinomia, ilusoria y mortal, de que se da un divorcio entre el idealismo “ético” y el presunto realismo “político”. Allí queda fundada la incurable división entre moral y política. Maquiavelo se lanza a atacar las “virtudes” de la paloma platónica. Pero el cinismo de la serpiente maquiavélica trabaja sobre la base moral del cristiano; nunca niega los valores morales; lo que hace con su Príncipe es negar que esos valores puedan aplicarse a la política.

7.   Pero, además, Maquiavelo es un artista del Renacimiento; y produjo bellas y venenosas flores. Él inaugura una concepción artística de la política; y éste es su gran error filosófico, porque la POLÍTICA es la rama más importante de la ÉTICA, no de la POÉTICA; lo Poética (Poietikón) trata del HACER, de lo FACTIBLE; la ÉTICA trata del OBRAR, de lo OPERABLE. Y una Política meramente artística es un cadáver, dice Maritain, de la sabiduría, de la ciencia y de la prudencia políticas.

8.   Los tres conceptos maquiavélicos claves son VIRTÚ, FORTUNA y NECESIDAD; y su enseñanza se dirige al uso artístico del mal; y el maquiavelismo actual (dice Maritain en 1943) implica la completa inmersión de gobernantes y gobernados en una ética corrupta que llama al mal bien y al bien mal (otra vez, cualquier semejanza con la realidad argentina y tucumana no es pura casualidad).

9.   Si es verdad que el fin justifica los medios, hay que preguntarse qué entiende Maquiavelo y qué Maritain por fin de la política. El fin maquiavélico es la conquista, el acrecentamiento y la conservación del PODER; el realismo ético-político de Tomás a Maritain sostienen que el fin de la política es EL BIEN COMÚN. Si éste es el fin político, entonces, como enseña Santo Tomás, hay que aprender a ser buenos, aprender a conquistar la paz; Maquiavelo, en cambio, amonesta que si queremos paz debemos prepararnos para la guerra; hemos de aprender a no ser buenos.

10. La afirmación del maquiavelismo, entonces, implica la negación política de la ética. La utilización del mal y del poder de la negación, como ha seguido afirmando Hegel, es la piedra angular de esta metafísica de la política, que es la continuación de la guerra por otros medios no muy diferentes. Lo demoníaco del maquiavelismo, dice Maritain, es el descubrimiento infernal del poder, aparentemente infinito, de utilizar el mal, la injusticia, la violencia, la mentira... como nueva “moral de la política”. Esta es una ética del poder, como ética del éxito; de los resultados; todo se sacrifica al éxito. ¿Qué hacer para combatir al maquiavelismo? Se pregunta Maritain. Vamos para ello a la Tercera Tesis

 

 

TERCERA TESIS

1.   La cabal ética política es la ética realista y responsable, la ética del juicio prudencial de Sto.Tomás de Aquino, de Francisco de Vitoria o Maritain, quienes se sitúan entre la cínica ética del poder de la pragmática serpiente maquiavélica y la hipócrita ética del deber de la idealista paloma platónica.

2.   Santo Tomás de Aquino decía “la corrupción de la justicia tiene dos causas, la falsa prudencia del sabio y la violencia del poderoso”; con ello ya insinúa lo que estamos tratando de defender aquí: toda ética es política, y sólo habrá política buena si está sotenida y legitimada por una ética buena; la ética política del bien común. La cuestión, por supuesto no es negar al poder y al deber, a la pasión y a la razón como concurrentes en el acto ético; pero es preciso no pactar con eliminar uno a costa del otro. La encrucijada y el desafío de las democracias hoy, a comienzos del Siglo XXI, es afrontar el reto de poner en obra una ética política que sortee el amoralismo maquiavélico y el hipermoralismo platónico.

3.   Ahora bien, para combatir al maquiavelismo no podemos ir “como palomas”; pareciera que tenemos que usar sus propias armas y asumir su espíritu. Tal es el conflicto crucial o la encrucijada democrática. La tentación maquiavélica es alcanzar el éxito por medio del mal, la tentación platónica es huir de la historia. Al pragmático la conciencia moral le replica que nunca es lícito hacer el mal para obtener un bien, de cualquier especie que sea; al puritano, la éticapolítica del realismo responde que hay que afrontar el imperativo histórico de obrar, que dice que uno debe obrar, y llevar a cabo lo que nadie en su llugar puede hacer.

4.   Maritain hace una importante distinción final, entre una ética personal y una ética política. La persona moral, en parangón con las tentaciones que padece Jesús, no acepta el mundo de riquezas y poder, al precio de vender su alma; “Vete de aquí Satanás”. De qué le vale al hombre ganar el mundo si pierde su alma. Y la distinción maritainiana es que la persona tiene un alma inmortal; en cambio el estado, la nación o la civilización no tienen un alma inmortal. El bien común de una nación es TEMPORAL y terrestre; el bien de las personas y de las comunidades (personas de personas, como las llamaba Mounier) es la vida eterna. Pero algo que nos deja perplejos en este punto es ver como el maquiavelismo triunfa en la historia política; el mal tiene éxito en la historia. Maritain responde, puede triunfa en lo inmediato, pero no triunfa en la realidad. El mal no tiene éxito; y comenta, acaba de caer Mussolini, fidelísimo discípulo de Maquiavelo, (Septiembre de 1943) que ha dominado 20 años Italia; el Tercer Reich que iba a imperar por mil años, se redujo a 12 años.

5.   El verdadero éxito político, dice Maritain, se da s´polo en la realización del Bien Común. La justicia realiza el bien; la injusticia, la desgracia del estado. Sólo la justicia y la honradez políticas conducen a la realización del bien común. Y esas virtudes sólo se legitiman por la verdadera y realista ética política, no por la pseudoética hipermoralista o ideal de las palomas. 

6.   El fundamento del Bien Común es la Justicia y la Amistadd Cívica. Toda conducta criminal hiere de muerte al Bien Común. Pero este Bien Común se distingue en Bien Común Temporal o Político (una buena vida enla Tierra); y un Bien o Fin Último, que es la Vida Eterna, el Reino de Dios; y el Bien Común Temporal o Político ha de subordinarse al Bien o Fin último. La democracia, sin palabra y sin ley; también padece del ateísmo práctico cotidiano. Sólo la Fe en la Providencia y el Gobierno de Dios, dice Maritain, salvan al político de caer en el maquiavelismo. Sólo una POLÍTICA CRISTIANA (NO CONFUNDIR CON TEOCRÁTICA O CLERICAL) puede llevar a cabo una política “natrural”; porque la conciencia moral es sanada por la conciencia religiosa. Y la auténtica política se hace con la espada en la mano, símbolo del estado, pero comprendiendo que la Paz, dice Maritain anticipando a su discípulo y amigo S.S.Pablo VI, es fruto de la Justicia y del Amor.

7.   ¿Está viva la Argentina? O ya está muerta. Toda realidad política es temporal y terrena; no es eterna. Por eso no hay que escandalizarse cuando escuchamos a Maritain decir que naciones, estados y civilizaciones mueren por naturaleza; y que ser éticos no es un antídoto para no morir, porque la justicia y virtud morales no impiden que muramos; pero, si la ética se corrompe radicalmente, como sucede entre nosotros, hay un principio de muerte que entra en el cuerpo social o político.

8.   Entre la ética del poder maquiavélico (la “moralidad” de los medios sin relación con el fin) y la ética del deber puritana (la moral del “fin” sin la moral de los medios), la cabal ética política (sin comillas) es una ética de la responsabilidad (que difiere esencialmente de la homónima de Max Weber). Y esta ética, que parte del Principio Responsabilidad, posibilita la mediación prudencial entre el ideal del fin y la imperfección de los medios para conseguirlo; esta “recta razón de lo operable” (recta ratio agibilium, la llama Tomás de Aquino), es lo que hoy se puede llamar la ética de la razón responsable. Dice Jacques Maritain al respecto de la dialéctica fines-medios aquí comprometida: el orden de los medios corresponde al orden de los fines; y ello exige que un fin digno del hombre se persiga con medios también dignos del hombre; sorteando con la recta razón práctica tanto la hipocresía de los puritanos como el cinismo de los maquiavélicos.

9.   Para concluir terminamos citando a Maritain: “Cierto hipermoralismo que hace que la Ética Política sea algo impracticable y meramente ideal, es tan contrario a la verdadera Ética como lo es el maquiavelismo, y al fin de cuentas hace el juego al maquiavelismo”. “El temor de ensuciarnos al penetrar en la historia, dice, no es virtud, sino un medio de esquivar la virtud.  Algunos parecen pensar que poner manos a lo real, a este universo concreto de las cosas y de las relaciones humanas en que el pecado existe y circula, es ya de por sí contraer pecado, como si el pecado se contrajera desde fuera y no desde dentro. Esto es purismo farisaico, no la doctrina de la purificación de los medios. Y ésta se apoya en el axioma de que el orden de los medios corresponde al orden de los fines. Exige que un fin digno del hombre se persiga con medios también dignos del hombre”.

Maritain aboga por una ética-política que parta de ese Principio Responsabilidad, el cual posibilita la mediación prudencial entre el ideal del fin y la imperfección de los medios para conseguirlo; esta “recta razón de lo operable” (recta ratio agibilium, la llama Tomás de Aquino), es lo que hoy se puede llamar la ética de la razón responsable. Jacques Maritain, repitamos, dice conclusivamente respecto de la dialéctica fines-medios aquí comprometida: el orden de los medios corresponde al orden de los fines; y ello exige que un fin digno del hombre se persiga con medios también dignos del hombre; sorteando con la recta razón práctica tanto la hipocresía de la paloma puritana como el cinismo de la serpiente

 

NOTAS

BIBLIOGRAFIA

¿Queremos ser Nación ? Sin verdad y sin bien agonizamos entre el amor y la muerte

Autor: Ruiz Pesce, Ramón Eduardo

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TEXTO PRINCIPAL

Las lamentaciones nuestras de cada día pronuncian llorosas o airadas voces de tragedias y de catástrofes; nos creemos visitados por las mayores desgracias y sufrimientos. Nos encontramos, como plañideramente dice el tango, cuesta abajo en la rodada. Nos sentimos sujetos caídos en desgracia; nuestro pueblo se encuentra azotado por la pobreza, la inseguridad, el hambre, las muertes prematuras y violentas; nuestras ciudades viven bajo el desorden establecido donde imperan los crímenes, las mentiras, las corrupciones. Los argentinos estamos y nos sentimos corroídos por la desconfianza y la desesperación. Nuestra desgracia, como le pasó a Israel esclavizada por Babilonia, nos conduce a una noche cada vez más oscura, en la que volvemos a caer en la esclavitud. El pueblo es tratado como “basura y desecho”; “somos siervos y nadie nos libera”, dice la Biblia. Y la causa que ha provocado esta catástrofe del pueblo de Israel, es su pecado; Argentina, como Israel y el resto de los pueblos y hombres de la tierra es llamado por Dios a vivir santamente; y cuando “el pueblo santo peca contra su Dios, Dios rechaza y castiga a su pueblo”. Retira sus bendiciones a Israel; y el pueblo se preguntará si es posible aún que la misericordia de Dios restaure la catastrófica situación a la que le ha llevado el pecado. No nos preguntamos los argentinos qué hemos hecho para merecer esta tragedia educativa y esta catástrofe política que nos azotan

Por eso, en nuestra tenebrosa noche oscura, rezamos a Jesucristo, Señor de la historia, y le decimos que “nos sentimos heridos y agobiados”; y suplicamos que “queremos ser nación”; pero, Ni Dios nos ha predestinado para ser una nación gloriosa ni nos ha condenado de antemano a ningún infiernoDicho corto y claro: sin verdad y sin bien la República Argentina y su pueblo estamos expuestos a las calamidades de una ciudad que se ha quedado sin palabra o diálogo, sin ley y sin Dios. El “diálogo argentino” se ha roto; dicen los obispos. Nuestro país “vive al margen de la ley”, dicen los juristas. Y el Dios “argentino”, constitucional “fuente de toda razón y justicia”, es asesinado en cada niño, joven, adulto o anciano que tiene hambre, que tiene sed, que está desnudo, que es herido, que sufre persecución u olvido. Cuando más de cinco de cada diez argentinos son pobres o miserables podemos decir que el cristianismo “nominal” o “bautismal” de los argentinos es otra gran mentira, por la que, a los efectos prácticos y cotidianos, bien podemos ser considerados como ateos. Sin palabra y sin ley, la nuestra es también una ciudad sin Dios; porque Dios se encuentra sólo en el hombre; y “si alguien dice que ama a Dios, y odia a su hermano, es un mentiroso” (1Jn, 4,20). Sin verdadera palabra o escuela de la verdad, sin ley, sin justicia o sin política “del bien común”, no hay ni habrá paz, fruto de la verdad y la justicia. Sin verdad, sin justicia y sin paz no podremos construir la “civilización del amor”, como bautizó Pablo VI a ese ideal de santidad que es nuestra esperanza y nuestra tarea más urgente.

 

 

Ante la tragedia de la desintegración social y política que estamos padeciendo y provocando los argentinos hoy, cínicamente podemos lavarnos las manos y decir qué tengo que ver yo con todo esto; yo, argentino; yo me voy del país antes de que se termine de hundir; la otra actitud hipócrita que nos gusta enarbolar a los argentinos, no menos cínica, y además hipócrita, es la de los puritanos que  “que se vayan todos”, Ambas actitudes, dice “niegan la libertad humana. Rescatarla, requiere la recuperación del sentido de la responsabilidad personal en la vida individual y social. Empleando un lenguaje metacientífico, diremos que ello supone la readquisición de las nociones de pecado y de redención, las cuales carecen de posibilidad misma de ser interpretadas fuera de la experiencia del diálogo del mismo con la trascendencia, encuentro que se resuelve en la docilidad a ‘aquella ley de perfecta libertad’, cuyo otro nombre es amor”.

“El que odia a su hermano, es un homicida”, dice San Juan (1Jn, 3,15).¿Quién tiene la última palabra en nuestras historias, el amor que vivifica o el odio que da muerte? Ésa es la cuestión. Se nos ha enseñando que no podemos amar a Dios, a quien no vemos, si no amamos al hermano con quien convivimos. Lo que le hacemos a los pequeños se lo hacemos a Dios, se nos dice. “Dios está donde nuestro semejante vive, llora, juega, trabaja, crea y se enfrenta con la muerte”[1]. Y Jesús ha muerto por todos nosotros; con su muerte venció a la muerte; y el perdón de los pecados que ganamos por Jesús “nos hace libres de nosotros mismos, pues lo que sería irreversible a nuestro juicio se convierte en punto de partida bajo el perdón”[2]. El perdón divino nos libera de la tragedia; y la reconciliación con Dios abre nuevamente nuestro futuro. Y, “Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?... ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Sufrimiento o estrechez o persecución, o hambre o desnudez, o peligro o espada?... Pero sobre todo esto vencemos por el que nos ama.... (nada) nos podrá separar del amor de Dios que está en Cristo Jesús nuestro Señor” (Rom. 8, 31-39). Pero Jesucristo, Señor de la Historia, viene en nuestro auxilio; él nos libera del odio por medio del perdón. El perdón es un acto de libertad; es una invitación para que el mal no tenga la última palabra. La historia es posible con la condición de que el odio no responda al odio. Sólo el perdón abre otra historia; la renueva. “De esta forma, en el acto del perdón surge la esperanza”.[3] Y por la cruz de Jesús llegaremos a la luz; per crucem ad lucem; esta es la razón de nuestra esperanza en un viaje hacia el fin de la presente Noche Oscura Argentina.

 



[1] Christian Duquoc; Jesús, hombre libre; Salamanca, 1984; p. 105

[2] Ibidem

[3] Christian Duquoc; Jesús, hombre libre; Salamanca, 1984; p. 101

 

 

NOTAS

BIBLIOGRAFIA

El Rey Edipo en búsqueda de la verdad

Autor: Altilio, Vicente

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TEXTO PRINCIPAL

Aproximación al mundo de la tragedia y del Edipo Rey

 

 De la misma manera que la historia y la leyenda tienen en Grecia fronteras muy difusas, donde con frecuencia se unen lo real y lo mitológico, en la historia de su literatura  -que se inicia con los poemas homéricos- la tragedia y la comedia tienen un origen común: las festividades religiosas. Las máscaras de sus autores tenían expresión de llanto y de risa así se tratara de una u otra representación y donde cada personaje tiene su indumentaria representativa.

 

La tragedia, que puede considerarse como la cuna del teatro, tiene un origen poco conocido, pero en un principio los actores iban vestidos como seres propios de la mitología, que acompañaban al dios Dionisios (Baco) -objeto de culto en estas representaciones- la que transcurría con la presencia de tres protagonistas que “hablaban” y un coro –la voz del pueblo-  que “respondía”.  Los actores actuaban en un escenario libre entre los concurrentes, sin telones ni ninguno de los elementos decorativos que dan magnificencia a las representaciones  modernas. Costumbre que se mantuvo durante toda la Edad Media.

 

 Sin dudas el teatro griego ha sido la cuna del teatro europeo. Entre sus grandes poetas trágicos se destaca Sófocles (497 a 406 a.C), heredero de Esquilo y contemporáneo de Eurípides. Vivió en la Atenas clásica, en la época de oro de Perícles. No tuvo actuación pública destacada (la política le fue casi ajena) y sus tragedias, más que históricas o religiosas son principalmente psicológicas (Edipo Rey), aunque sin olvidar totalmente los principios  de religiosidad  (leyes divinas en Antígona), y de patriotismo en su Edipo en Colona.  En Esquilo los dioses son protagonistas, mientras que con Sófocles se van retirando de la escena.   Con Eurípides  prácticamente desaparecen.

A fin de cumplir con el oráculo que profetiza que la tierra que contenga las cenizas del rey de Tebas será vencedora de sus enemigos, Sófocles, ateniense al fin, rodea  de  un halo de prodigio la desaparición del héroe,  en las cercanías de su ciudad natal.

 

 Sófocles da a sus personajes menos grandiosidad que Esquilo (Agamenón volviendo triunfante o las declamaciones en la Orestiada) pero mayor profundidad psicológica. Analiza las pasiones  de los hombres y sus sentimientos, mezclados con la violencia o la viril indignación. Edipo, rey de Tebas es en si mismo un verdadero tramado psicológico, donde la obsesión por la verdad (el saber) y la preservación del poder presuntamente amenazado lo llevan a desafiar a todos y a si mismo, convertido en un verdadero “investigador investigado”

La religiosidad que también Sófocles vuelca en sus personajes debía esperar su obra en continuación, con Antígona, la joven enérgica que no teme al tirano Creonte y desafía su poder terrenal  (desafía al hombre) para no ofender a los dioses, cuyos mandatos están por encima de cualquier autoridad humana.

 

Edipo, ese hijo de la fortuna, ingresa en el callejón sin salida de su destino en el preciso momento en que se prende en su cerebro la pequeña luz de la duda sobre su verdadero origen. Aún sin el testimonio del viejo pastor Forbas el camino ya había sido trazado por él mismo. De allí en más su vida será como una pendiente, suave a veces y profunda otras,

 

escarpada y rodeada de abismos a la vez, y sin posibilidad de retroceder, porque en medio de su casi permanente  santa ira  Edipo se ha convertido en prisionero de sus palabras y en

ejecutor de su destino. Pocas veces será tan cierta aquella máxima que afirma que el hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, en especial en una sociedad que hacía un culto de lo que decían sus héroes.

 

 

EDIPO Y SU OBSESIÓN POR LA VERDAD

Se instaura el drama

 

 

  La sociedad griega de la época de Sófocles no era muy distinta de la que Homero retrata en su “Iliada”. Continuaba siendo una sociedad agonal , donde la  doxa (la buena gloria, el prestigio) de cada individuo y la  time (su honor) debían ser correspondidos y reconocidos públicamente.   Se producía entonces la realización plena de la persona.

 

 El hecho que la sociedad palacial y dictatorial de antes de la denominada “edad oscura” (s/XII al VIII a.C aproximadamente) se hubiera transformado en urbana –ya con Homero en el s/VIII a. C, y mucho más  con Sófocles- y donde la polis representaba el eje de la vida y desarrollo del ciudadano y del poder político, no impedía una comunión de ideales, principios y doctrinas compartidos por una comunidad profundamente conservadora, y donde aún hoy –muchos siglos después- el vínculo mayor no lo constituye el territorio sino su lengua, costumbres, ascendencia y religión.  Donde  lo real y lo mitológico casi no reconocían fronteras. La moira (el destino establecido) continuaba siendo el derrotero del hombre sobre la tierra, un derrotero que ni los dioses podían torcer.

 

 El griego de la antigüedad debía respeto a las divinidades y a sus mandatos, al igual que a los principios de xenia (hospitalidad) y una fuerte philotes  (solidaridad y espíritu de socorro) hacia sus amigos y al mismo grupo social al que pertenecía. Y por sobre todo no le era permitido ningún exceso (hubris) hacia los dioses, a los que debía respeto, obediencia y permanente tributación de homenajes, como muestra de sumisión. La lealtad era el equivalente hacia los hombres. La violación de alguno de estos conceptos podía conducir a la guerra (Troya) o acarrear sobre el violador de los mandatos divinos la maldición  celestial, como la que cayó sobre el rey Minos de Creta, cuando desoyó los deseos de Poseidón.

 

 La tragedia es la manifestación lisa y llana de la lucha del hombre contra el destino inexorable que determina la vida de cada uno de los mortales en medio de una oscuridad impenetrable. El hombre era prisionero de su destino.

 

  Edipo se convierte en un ser paradigmático respecto de lo anterior. El joven sagaz que desentraña el enigma de la esfinge que asolaba Tebas (tan decidido como Teseo cuando marcha a matar al Minotauro), convertido en rey prudente y respetado, venerado por sus vasallos, unido a una amante esposa, paternalista con su pueblo, respetuoso de los mandatos

divinos, y que pese a todo no puede escapar a su destino.

 

 Ante la nueva tragedia que se abate sobre la ciudad, el oráculo de Delfos, donde reinaba Apolo habla y acusa , pero omitiendo detalles precisos. Se trata de la misma deidad que en el canto primero de la Iliada, ante los ruegos de Tetis, madre del ofendido Aquiles, asola a las fuerzas aqueas. Castiga la desmesura de Agamenón ante el caudillo griego, pero también la cometida hacia su piadoso sacerdote Crises. El castigo divino no se hace esperar entonces, y el mismo era tan válido a principios de la edad oscura, en el cantar de Homero, como en  plena época clásica, setecientos años después.  La “mancha” debía ser reparada, y mientras eso no sucediera la cólera del dios se haría sentir.

 

La inocencia de Edipo –que creemos válida, aunque no tanto la de Yocasta, como se verá más adelante-, su bondad y mesura, no podrán contra el destino establecido y la dura actitud de los dioses paganos, crueles igualmente, tanto con los humildes como con los poderosos, sean estos justos o culpables de algún delito. La paz de que gozaba Edipo es violentada por el oráculo que se vale de su cuñado Creonte como mensajero (Sófocles. Edipo Rey. v.95/101) y luego por las afirmaciones crudas y terminantes de Tiresias  (Sófocles.  oc. v.350/353) cuando dice:

 

“¿Ah, sí? Pues a que cumplas la proclama que distes te conjuro y así de hoy en adelante

no nos vuelvas a hablar ni a éstos ni a mí tampoco, porque eres el impío que el país contamina”, y  ( Sófocles. oc. v.362)  “Digo que el asesino que buscas eres tu”

 

 Indudablemente, Tiresias acusa y además recuerda la afirmación del rey formulada al principio de la obra, oportunidad en que Edipo hace una promesa de imposible cumplimiento sin que se desencadene la tragedia, cuando dice disiparé las tinieblas que envuelven este crimen y hasta desliza la posibilidad de un atentado contra el mismo (Sófocles. oc. v. 139/140). ¡Iluso Edipo cuando supone que puede romper el tenebrismo que rodea a los mortales, él incluido, y llegar a una verdad que a medida que se acerca se convierte en una tiniebla cada vez más espesa, como un augurio funesto sobre su futuro!  Edipo ha ingresado ya en un callejón del que no habrá retorno y sí un único camino a recorrer, que lo llevará hacia la verdad irremediable, ante la total indiferencia de los dioses que en ningún momento tendrán en cuenta méritos atenuantes. ¡Los dioses paganos no requieren amor sino temor por parte de los hombres. Son terribles, crueles y tienen los mismos defectos y debilidades humanas!

 

 Ante la acusación de Tiresias, Edipo “quema las naves” de la mesura y deja de ser el joven sabio vencedor de la esfinge y el rey prudente que conoció Tebas, y se transforma en un ser iracundo e irrazonable.  Echa al sacerdote de Apolo –físicamente ciego pero espiritualmente clarividente y conocedor de las debilidades humanas- (Sófocles. oc. v. 430/431), con la misma soberbia manera que Agamenón lo hace con Crises en el inicio del poema homérico. Tiresias, además, profetisa sobre el futuro de Edipo y le  adelanta la futura ceguera física –la espiritual ya lo ha invadido-, y una vida de penurias con un final en tierra extraña (Sófocles. oc. v.447/456).  ¡Nada menos que un futuro de dolor y un final de exilio, algo imposible de imaginar en la mentalidad griega de la época!

 

  Dice M. Foucault, en “La verdad y las formas jurídicas”que la tragedia de Edipo es la  historia de una investigación de la verdad: un procedimiento de investigación de la verdad que obedece a las prácticas judiciales griegas, y hace referencia al antecedente entre Atíloco y Menelao durante los juegos en honor de Patroclo, en la Iliada, donde el primero realiza una serie de maniobras durante la carrera, con la finalidad de vencer al rey.

·       En el pasaje literario a que hace referencia Foucault  (Homero. La Iliada. . Canto XXIII). se  hace  hincapié en uno de los elementos que contribuían al típico procedimiento judicial de esas épocas, y en el que el juramento invocando a los dioses era prueba más que suficiente. Dicho juramento –o la negativa a efectuarlo- eran sinónimo de prueba. Con el correr del tiempo, esta práctica (práctica arcaica la define Foucault) se transforma en una metodología procesal, y no está muy lejos del denominado juicio de Dios utilizado en la Edad Media. Sin embargo, con el tiempo se convierte en un procedimiento judicial que en realidad parte de DOS VERDADES, y que aún se encuentra vigente –en general para delitos menores- en algunas sociedades islámicas religiosas muy cerradas.

 

 En el Edipo Rey encontramos el juego de las dos verdades –la afirmación del sacerdote Tiresias y la inocente y sincera indignación de Edipo, son las dos afirmaciones de VERDAD- que en realidad se presentan como mitades de una misma verdad. El oráculo siempre omite, en sus dichos, una de las “mitades”. Afirma que hay una maldición pero omite la causa, y cuando la aclara se niega a revelar el nombre del responsable. Es cuando la mitad faltante se manifiesta por medio de Tiresias, que representa, evidentemente, la parte humana del dios.

 El drama humano y el proceso por la verdad quedan planteados cuando Tiresias (Sófocles. oc.v. 460/461) insta a Edipo a meditar y rever su actitud. El rey está atado al compromiso formulado de descubrir  al matador de Layo y hacer justicia, y esta verdad únicamente saldrá a luz cuando a través de un intrincado proceso de acumulación de datos se pone en evidencia la  MENTIRA, o para decirlo de una manera más literaria, el cruel juego de equivocaciones al que los dioses y el destino someten a los protagonistas.

 

 

Antecedentes históricos ideológicos

 

 

  Se hace imposible efectuar estudios parciales de la historia griega (en general de todos los pueblos, mayormente de la antigüedad y de las épocas prehistóricas) sin tener en cuenta el todo histórico. . Y así sucede también en el ámbito de la literatura, ya que la misma se haya íntimamente ligada a la historia y a la tradición. Y  en el caso de Grecia  - no nos cansamos de repetir-, en mayor medida.

 

 Es difícil aceptar que un rey ilustre como Edipo pueda ser llevado por los hados del destino a un final tan atroz. Este verdadero hijo de la fortuna –y no por una suma de casualidades- es en realidad alguien que se ha hecho a si mismo, un auténtico “seld made man”, por utilizar una terminología actual. Cuando revisamos antecedentes y comentarios de especialistas que, indudablemente, han penetrado hondamente en la investigación de  clásicos como el Edipo Rey, y en la influencia que cada época tiene sobre los autores (Sófocles, conservador en su pensamiento y no muy afecto a los cambios que se van introduciendo durante el gobierno de Pericles) y, analizamos a los principales protagonistas de la obra, encontramos toda una trama de odios y amores en la que se mezclan dioses y mortales que nos remontan  a las raíces ancestrales de los mismos. Tanto Edipo como Tiresias tienen  “historias de vida” llenas de controvertidas situaciones, que únicamente se pueden aceptar si nos sometemos voluntariamente a las reglas –no discutibles, además-  que se nos imponen en este mágico mundo de realidades y fábulas que encontramos a cada paso. Edipo no conoce sus orígenes tebanos. Por el contrario, se considera hijo del rey de Corinto, y cuando  una infidencia lo pone sobre aviso de esta circunstancia y luego de consultar al oráculo se entera de que está destinado a  atentar contra Pólibo y unirse a Mérope, a los que considera sus padres, huye de la ciudad.  En realidad no tiene la menor idea de quién es Layo y lo dice taxativamente cuando manifiesta (Sófocles. oc. v.105), “De oídas le conozco pues no lo vi jamás”. Viene luego una breve explicación de quién era el asesinado Rey de Tebas y las circunstancias de su desaparición.  Los detalles precisos del lugar y circunstancias quedarán para más adelante.

 

 Edipo es el niño indeseado, maldecido por los dioses, repudiado por su temeroso padre, que no duda en dar crédito a la maldición de que habrá de perecer a manos de su vástago. Enviado a una muerte segura al  bosque Citerón se salva gracias a la compasión de un criado y la buena voluntad de un pastor extranjero que lo recibe y se lo lleva a los reyes de Corinto que no tenían hijos y lo crían como tal.  Pese a todo, no hay tiempo ni distancia que pueda torcer el destino dramático del personaje.

 

  El drama se desarrolla tortuosamente pero de manera lineal, como una perfecta sinfonía escrita en un pentagrama torcido y clave equivocada. Pese a ello, el ejecutante no habrá de cometer error alguno. El catedrático español D. Manuel Fernández-Galiano, nos habla sobre Cadmo, el fundador de Tebas,  con un “árbol genealógico” donde encontramos, junto a los mortales, a Zeus, Afrodita y hasta al terrible Ares. Edipo vendría a ser la tercera generación sucesora. Tiresias tiene también una rumbosa  historia , y el estudioso hispano  recata al menos dos versiones sobre el origen de la ceguera del adivino. En un caso habría sido en castigo por haber visto desnuda –espiado, posiblemente-  a Palas Atenea. En el segundo caso por hacerse acreedor al rencor de Hera . Tiresias, que por circunstancias muy particulares y en diversos momentos de su vida habría sido varón y hembra  (recordamos lo manifestado sobre este mundo de realidades y fábulas, que es necesario aceptar), había afirmado que la mujer gozaba del amor más que el varón. Hera considera dicha afirmación como una ofensa al sexo femenino y lo envía al mundo de las tinieblas permanentes. En compensación Zeus le otorga el don de la profecía.  Aquí podemos encontrar similitudes con el famoso juicio de Paris entre Hera, Atenea y Afrodita, que le acarrea el odio de la primera, y la facultad de la profecía que tenía Casandra, a la que en lugar de la ceguera física los dioses la condenan a no ser creída. ¡Nada es completo ni puede serlo, en este contexto de temor y no de amor en que se desenvuelven las relaciones entre los hombres y el “parnaso” de deidades paganas!

 

 Aparentemente todo empezó cuando Layo –padre biológico de Edipo- seduce a Crisipo, hijo de Pélope, siendo el introductor del homosexualismo y atrayendo sobre si y su descendencia la maldición del padre ofendido, la que con el tiempo es confirmada a Layo por el propio Apolo a través de su oráculo. A Apolo se lo menciona en la obra con el nombre de Loxis  -El oblicuo-, (Sófocles. oc.  v.1100/1102).  La maldición cae sobre Edipo y se extiende a Antígona, también de trágico final en la obra homónima.

 Como ya dijimos, ni la distancia ni el tiempo, ni la acumulación de méritos y honores –en definitiva una mayor doxa- habría de librar a ninguno de la descendencia labdácida (Lábdaco, padre de Layo y abuelo de Edipo). Ni aún el largo lamento del coro, en representación del pueblo de Tebas, cuando increpa a Ares al que considera responsable de la peste que se abate sobre la ciudad, habría de ayudar al condenado Edipo. (Sófocles. oc. v.151/215). El mal no irá a enterrarse en las profundidades del reino de Poseidón ni al tempestuoso mar de la Tracia (Ponto o Mar Negro) mientras la miasma continúe con su presencia contaminando la ciudad.

 

  El poeta ya nos ha informado que Edipo es tebano (Sófocles. oc. v.1086 y ss), y en los versos anteriores el protagonista no se siente disminuido por un posible origen humilde.  Por el contrario, se enorgullece. Sin embargo y pese a su envaramiento, las afirmaciones del mensajero de Corinto ya han encendido en la mente del Rey de Tebas la débil llama de la duda. Deja de ser el orgulloso  rey que debate con Tiresias y lo expulsa sin mayores contemplaciones, pero aún se muestra irrazonable. Sin embargo, ha sido él mismo quién prendió la mencionada llama al pedir precisiones sobre su origen. Con esto ha dado inicio al gran incendio que en alas de la trágica verdad habría de consumirlo junto con los suyos. Con la duda, además, tenemos al Edipo colérico y violento, preso de una profunda ate  (obnubilación).

 

 J.P.Vernant y P. Vidal-Naquet, Ambigüedad e inversión sobre la estructura enigmática de Edipo Rey, en Mito y Tragedia en la Grecia Antigua,  hacen hincapié en que la “ironía trágica consiste en mostrar cómo, durante la acción, el héroe se encuentra literalmente  preso de la palabra, palabra que se vuelve en contra y le aporta ese sentido particular que se obstinaba en no reconocer”.  A tal punto es así que únicamente se nos ocurre agregar que a medida que la acción transcurre, Edipo no hace más que sumar barrotes y grilletes sobre su destino. Es como el acusado que ante un hábil interrogador va confesando uno a uno los delitos cometidos.

 

 Desde el inicio de la obra la información va y viene y sólo a través de varios centenares de versos podemos tener una visión razonablemente completa sobre el desarrollo de los sucesos que habrá que investigar, como en una suerte de investigación criminal. ¡ El largo repertorio de preguntas y respuestas entre Edipo, el mensajero y Yocasta (Sófocles. oc. v.950/1060), primero,  y luego entre el propio Edipo, el mensajero y el  siervo (Sófocles. oc. v.1120/1185), son poco menos que un manual de interrogatorio policial !.   No creemos exagerar si afirmamos que el Edipo Rey de Sófocles es el antecesor más remoto de la ficción policial moderna. Por supuesto, de la buena literatura policial.

 

 Pier Paolo Pasolini, en su versión cinematográfica de la obra ahorra esfuerzos al espectador y desde un principio, aunque sin abandonar el hilo del relato, nos introduce en un mundo de realismo mágico –posiblemente tan auténtico como el que se podía sentir en s/V a.C.- donde la forma y el fondo de la trama nos llevan a considerar la tragedia de Edipo a través de una visión poética, fantástica y por momentos alucinante. Pero para ello debieron transcurrir  casi veinticinco siglos en la historia de la humanidad. Lo que no es poco.                                                                                                                                                                                                         

 

Investigación, aporte de datos y desenlace

 

 

  Tebas se encuentra nuevamente bajo el azote de una cruel peste cuyo origen es desconocido, al igual que la razón que ha movido a los dioses a infringir a la ciudad tremendo castigo. Nada podía ser ajeno a la voluntad divina.

 

 La obra de Sófocles se sitúa alrededor del 429 al 425 a.C.  Atenas había sufrido una cruel peste a partir del 430 y una sequía seguida de una mala cosecha poco después. El autor escribe para un auditorio impresionado, dice Fernández Galiano. Los hechos son creíbles.

 

 Edipo no ignora la gravedad de la situación y envía a su cuñado Creonte a consultar al oráculo. Cuando retorna y  pese a sus buenas intenciones. es humillado por el rey cuando luego de la acusación de Tiresias este sospecha de un complot para quitarlo del poder.  Algo así como matar al mensajero.                                                         

 

  Creonte, a su manera, habría de seguir un camino de “carácter” similar al de Edipo. También se inicia como un hombre respetuoso y dócil vasallo, para convertirse sobre el final de la obra en un hombre “generosamente” desdeñoso e irónico hacia el rey caído en desgracia.: “basta ya de lamentos;  metete en la casa ya” (Sófocles. oc. v .l5l5) o  “Siempre no quieras vencer, pues los triunfos de la vida no lo fueron al final” (Sófocles. oc. v.1524).  Se convertirá en tirano orgulloso en Antígona cuando pretende suplantar con sus mandatos los propios mandatos de los dioses. Antígona condenada por violar los injustos decretos reales y Hemón su amante prohibido mueren pagando el precio de la rebeldía y dando cumplimiento una vez mas a la maldición sobre los descendientes labdácidas.

 

 Creonte presenta el informe a su regreso del santuario de Febo, lugar al que fue enviado por Edipo (Sófocles. oc. v.95/101), y por su parte, a solicitud del propio rey, Tiresias completa el mensaje del oráculo en un verdadero agón de dioses (las mitades divina y humana) produciendo el primer debate de ideas.

 

 El saber dará el primer paso hacia la dilucidación del drama planteado. Queda claro que Tiresias, al principio, quiere evitar el dolor a su rey: “Yo no quiero afligirte ni triste yo ponerme: en vano me interrogas; nada sabrás por mí”  (Sófocles. oc.v.332/333); pero Edipo lo incita a hablar, incluso con amenazas (Sófocles. oc. v. 334/336) y  345/349), y cuando el adivino lo hace, con total claridad, acusándolo del crimen (Sófocles. oc. v. 362), éste entra en cólera.  Los improperios por parte de Edipo no se hacen esperar y acusa a Tiresias de conspirar con Creonte para desalojarlo del poder.

 

 Hay un cruce del debate por el saber –el poder de sabiduría que ostenta Tiresias- para entrar por un momento en un debate por el poder, que no se justifica, ya que éste se basta con la protección del dios (Sófocles. oc.v. 420/411) y todo poder terrenal le es ajeno. Está, por así decirlo, más allá del bien y del mal, en una especie de limbo, donde ha sublimado apetitos y ambiciones.

 

 

 La ira  en las palabras de Edipo y de Tiresias sorprenden al corifeo, que manifiesta su disgusto (Sófocles. oc. v. 404/407).

 

 Edipo traslada, entonces, el conflicto, al plano del poder con Creonte. No hay materia real para alimentar la controversia, pero, la  ate comienza a imperar en la mente del rey. Del conflicto por el saber  con Tiresias –que vuelve iracundo al hasta ese entonces mesurado monarca, debido a que comprende que muy a su pesar no puede alcanzar el nivel del venerado sacerdote profeta- pasa al del poder, y finalmente, con la propia Yocasta, a un auténtico agón por la verdad.  Queda, así, planteado el debate en sus tres planos doctrinarios.

 

  Al principio decíamos que era válido considerar sinceras las afirmaciones de Edipo –de su total desconocimiento respecto de sus orígenes-, y su absoluta honestidad cuando promete ejercer dura justicia con el responsable de la nueva maldición que se abate sobre Tebas. Igualmente dudábamos de la inocencia y buena fe de Yocasta –al menos en el mismo nivel- ya que cuando esta sospecha hacia donde se dirigen los pasos del drama planteado, pretende quitar valor  a la palabra de los sacerdotes y echar sombras de dudas sobre los oráculos de los dioses (Sófocles. oc. v.720 y ss).   Cuando ésta interviene enérgicamente en la disputa entre los cuñados –aunque en realidad lo era también entre rey y vasallo, en un transvasar de planos jerárquicos no aceptables para la época- parece que puede transitarse  por el camino de la reconciliación. Creonte, por otra parte, ya había dejado bien en claro que estaba muy conforme y cómodo con su situación privilegiada, donde gozaba de favores y recibía pleitesías, y estaba libre de las obligaciones que imponía el ejercicio del poder (Sófocles. oc. v. 587/589). Y desaparece hasta el final de la obra.  Pero la copa debía beberse hasta el final,.

 

 Del diálogo entre Edipo y Yocasta –ya en el plano del nivel de reyes- surge el principio del desastre.  Hoy diríamos que Yocasta habló de más, ya que durante el extenso ir y venir de preguntas y respuestas entre los esposos (Sófocles. oc. v.713/862) se van agregando elementos que paulatinamente arman este especie de rompecabezas. Comienza la acumulación de datos, como una especie de encuesta policial, ya que hasta ese momento sólo se disponía del oráculo en sus manifestaciones complementarias: la divina y la humana. Ambas habían sido desestimadas por Edipo (la humana) y por Yocasta (la divina). La luz empieza a iluminar la escena y las palabras del vidente ciego, que confirman las del oráculo, se convierten en una única verdad: la muerte de Layo a manos de Edipo, a partir de lo cual es suficiente escuchar a Yocasta en su extenso parlamento real.  Dicha verdad  cobra profundidad entre los versos 707/833.

 

 Todo,  de a poco va encajando como tacos redondos en huecos redondos y cuadrados en huecos cuadrados

 

- la profecía de Febo a Layo (Sófocles. oc. v. 711/714)

- muerte de Layo por presuntos bandoleros en el cruce de caminos (Ibidem.v. 714/715)

          -    (Edipo sabe de su lucha con la comitiva de viajeros en el camino a  Tebas)

- niño abandonado con los pies atados, para burlar el oráculo (Ibidem. v.716/721)

           -   (Edipo tiene los pies hinchados, y recuerda la infidencia del borracho en Corinto, 

                 y comienza a temer)

           -   Edipo inicia el interrogatorio de Yocasta (Ibidem. v. 729/30) y pide aclaraciones

               sobre el  lugar preciso del cruce de caminos (Ibidem. v. 731/734).

           -   quiere saber sobre el tiempo, la época de los sucesos y cuando recibe la respuesta

               se angustia más (Ibidem. v. 735/738).

           -   indaga sobre el aspecto de Layo, el tipo de comitiva que los acompañaba y los

                soldados de su escolta y al recibir las respuesta su mente se oscurece cada vez

                más en un sin fin de dudas, confusiones y temores.

 

  Es entonces cuando Edipo efectúa  su propio relato sobre las dolorosas circunstancias que lo alejaron de Corinto y llevaron a Tebas (Sófocles. oc. v.711/833).  Nada omite e indudablemente, salvo pequeños detalles que habrá que confirmar, la tragedia está desatada y sin posibilidad de retorno. Entra en una fase terminal.

 

 Ahora todo se reduce a saber si el trágico incidente en el cruce de los caminos fue en banda o un lance con un viajero solitario y, lo más importante, si hubo alguien que sobrevivió para confirmar una u otra versión.

 

  A continuación, el coro (Sófocles. oc. v 863 y ss) se convierte en el testigo fiel de las “leyes soberanas....engendradas por el padre Olimpo.....(que) no han sido producto de la humana naturaleza”   Es importante tener en cuenta esta parte de la obra, ya que son las mismas leyes superiores que invoca Antígona cuando pretende sepultar el cadáver de su hermano, y termina siendo víctima de la desmesura del poder terrenal convertido en tiranía engendrada por la soberbia (en la persona de Creonte) como tan bien define el coro (Sófocles. oc. v.873).

 

 Los coreutas están acongojados frente a la desmesura que ya perciben con nitidez, mientras Yocasta –creyente en el fondo- marcha a orar ante Apolo.  Pese a ello, y con palabras de Fernández Galeano, “prefiere, en la situación que va entreviendo como desesperada, el sistema del avestruz, no preguntar y vivir algo así como al azar o a la buena de Dios, según sus palabras” (Sófocles. oc. v. 979).

 

 En el v. 924 y ss. se relata la entrada del mensajero que llega de Corinto con la noticia de la muerte de Pólibo  -donde también encontramos la doblez del mensaje que trae  alegría y pesadumbre-  (Sófocles. oc. v.937) y,  lo que parecería ser una luz de felicidad pronta a alejar malos presagios se trunca frente a la obsesión de Edipo por saberlo todo, por escudriñar hasta en los menores detalles. Si el Edipo Rey, por alguna circunstancia debiera cambiar de nombre, se nos ocurre que ninguno más apropiado que el de “Edipo y su obsesión por la verdad”.

 

 El rey habla sobre la profecía (v. 994 y ss) ante el estupefacto servidor corintio, que no duda en ratificarle lo escuchado por Edipo de boca del borracho (Sófocles. oc. v. 1002 y ss), y como si fuera poco, el mensajero es el mismo pastor que lo recogiera de pequeño en el Citeron y lo depositara en brazos de Pólibo y su esposa.  Falta el detalle final y se llega

entonces al último agón, a nivel de pueblo, entre ambos servidores de las casas reales de Corinto y Tebas.  A partir del v. 1110 se produce el debate de las pruebas, con las declaraciones de los testigos directos de lo sucedido hace tiempo en el Citeron.

 

 Aquí no hay juramentos como en la obra de Homero. en el caso mencionado de los juegos en homenaje a Patroclo.. Ya no era suficiente, posiblemente.  Son los testigos oculares que relatan lo que han visto. Más aún, son los protagonistas de lo sucedido, a través de cuyos testimonios todos pueden VER LA VERDAD transparente y terrible a la vez.

 

 A partir de ese momento quedan de lado las preocupaciones de Edipo sobre su posible origen humilde y el presunto bochorno de Yocasta, hija de ilustre linaje (Sófocles. oc. v. 1076/1085), no importan sus enfrentamientos por el saber con Tiresias o por el poder con Creonte. La verdad expuesta es peor que todas las banalidades y prejuicios humanos. Han sido violados los códigos divinos y nada importa si los protagonistas han sido como meras hojas al viento sacudidos por las pasiones  casi humanas de los dioses.  O como dice E. Schlesinger, en El Edipo Rey de Sófocles.Edipo y los tebanos son una especie de títeres de la acción divina”.   ¡Desde el inicio.!

 

 

Un intento de apología de Edipo

 

 

  Pese a todo lo expuesto, queremos decir algo a favor del condenado Edipo. Era costumbre en la antigüedad y continuó siéndolo con los teólogos de cristianismo hasta nuestros días.

 

  Edipo es inocente y puro ya que no hubo intencionalidad en sus actos. Este concepto, sin embargo, era casi ajeno a los pueblos antiguos, por lo que el principio de inocencia del rey de Tebas era imposible de sostenerse.  Tampoco había atenuantes. 

 

  La voluntad del hombre en querer cometer un determinado hecho era algo que no se distinguía del hecho en si. Habrían de transcurrir muchos siglos –desde Hammurabi- para que la intencionalidad fuera recogida por la legislación y ratificada por la jurisprudencia. El parricidio y el incesto, aún en las sociedades más primitivas y arcaicas era rechazado y se exigía venganza contra los incursos en dichos delitos.

 

 Edipo, pese a su inocencia, es el agos  (la mancha, la enfermedad), y al mismo tiempo el  pharmakos (el remedio, la medicina), y termina siendo el  pharmakon  (el ser expiatorio). Es objeto y sujeto en esta ironía trágica de ambigüedades y duplicidades.

 

 Edipo es permanentemente un personaje doble: pasa de extranjero de Corinto a natural de Tebas, de clarividente (vencedor de la esfinge) a ciego, de justiciero a criminal, de ser el mayor héroe a convertirse en la ruina de la ciudad que había salvado, de cazador en presa. Sin embargo, Edipo puede ser el salvador de Tebas, el  joven inteligente que desafía la propuesta de la esfinge, el hacedor de si mismo, el rey, pero por sobre todo es el héroe, y como tal siempre debe buscar la verdad, y a cualquier costo.  Así lo veía Sófocles.

 

  No hay respuesta –no la había para la época- para el gran interrogante que se nos presenta sobre el sufrimiento humano. Esa respuesta no podía existir en un universo de dioses que imperaban a través del temor y no del amor, de dioses vengativos con pasiones humanas y totalmente ajenos a la misericordia y al perdón. Ya Homero, en sus Iliada y Odisea, algunos siglos antes que Sófocles, en plena época arcaica, nos pinta un universo donde con frecuencia se hace difícil distinguir a los hombres de los dioses, enfrascados en una suerte de competencia de odios, venganzas y traiciones.

 

 Pese a todo, Edipo no se vuelve contra los dioses, causantes de su desgracia. Denigra a Tiresias, pero no dice ni una sola palabra hacia el dios que representa. Apolo era uno de los dioses mas venerados, como patrono de la juventud, la belleza y la poesía.  Apenas se queja de quienes queriendo hacer el bien lo salvaron de una muerte beneficiosa y lo encaminaron por el sendero de la desgracia.

 

 “¡Perezca aquel que me recogió entre los verdes pastos y me libró de mis trabas y me salvó de la muerte, bien enhoramala! Pues, si hubiera muerto, tal dolor no sería para mí y mis amigos.”  (Sófocles. oc. v.1349/1355)

 

  “Ahora me odian los dioses, soy hijo de impíos..”  (Sófocles. oc. v. 1360)

 

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Bibliografía

 

  Foucault, M.:  La verdad y las formas jurídicas. Conferencia 2.  3º edición, 1992.           

                              Gedisa. Barcelona.

 

 Homero   La Ilíada. en Obras completas. 1974. Edaf. Madrid.

 

 Mondolfo, R.: El genio helénico. 1960. Columba. Buenos Aires.

 

 Schlesinger, E.: El Edipo Rey de Sófocles.  Textos y  estudios 2. 1950. La Plata.

 

Sófocles. Edipo Rey, en Tragedias. Introducciones y versión rítmica de Manual Fernández-

                 Galiano. 1999. Planeta. Barcelona.

.              

 Vernant, J.P. y Vidal-Naquet, P.:Ambigüedad e inversión sobre la estructura enigma-

                              tica de Edipo Rey, en Mito y Tragedia en la Grecia Antigua.  1989.

                               Taurus. Madrid. 

 

 

 

 

 

NOTAS

BIBLIOGRAFIA

Construcción de "Paz" - Una educación para el Nuevo Milenio

Autor: Montani Fischer, Maria Cristina

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Brevemente deseo resaltar que entiendo a la educación como un proceso, como un devenir, que se da a lo largo de toda la vida, mediante el cual lograremos sacar lo mejor de nosotros mismos, desde todo punto de vista esto es desde una mirada holística de lo que es Ser Humano, y ello justamente depende en gran medida del estimulo, de la guía, de los múltiples factores que intervienen en la evolución de cada uno para lograr alcanzar ese estado de plenitud, que reporta el haber avanzado hacia un estadio de respeto, por nosotros mismos, por lo demás, lo cual demanda una internalización certera de lo que ello implica, íntimamente ligada con el amor y el desarrollo de conciencia para la construcción de una cultura de Paz 

 

Por esta razón deseo se comprenda que mi propuesta de una Educación Para el Nuevo Milenio, si bien puede tener acápites rigurosamente dirigidos a capacitadores en educación formal, de ningún modo deja de lado la posibilidad  de que incorporemos estas reglas en nuestra vida de relación, sea cual sea la misma.
 
Nos dice Krishnamurti: “El movimiento de la certidumbre a la incertidumbre es lo que yo llamo miedo”.
Y ¿Dónde radica la habilidad de un Constructor de la Paz?
En saber vivir, ante las situaciones conflictivas, ante la incertidumbre; que es una de las características del conflicto.
Frente a la incertidumbre, el operador debe apoyarse en tierra firme, ellas son:
a) Sus talentos,
b) Su necesidad de superarse y de superar la incertidumbre.

 
Con respecto a la necesidad de superarse ha dicho Juan Pablo II: “Hay en el hombre la necesidad de superarse a sí mismo. Sólo superándose así mismo el hombre es plenamente hombre”.
 
El Constructor de la Paz, tiene que recordar que tiene talentos naturales y que con esfuerzo, dedicación, vocación y amor por la Paz, se sale de situaciones incertidumbre.
Si además nos apoyamos en la fuerza, en la potencia interior que habita en nosotros, que se llama Dinamismo de Crecimiento, nuestra convicción frente a la incertidumbre o frente al conflicto, es otra.
Quien debe conducir las situaciones conflictivas, han de ser nuestras convicciones profundas, por construir escenarios de Paz, tanto en el presente, como en el futuro.
Asimismo, el Dinamismo de Crecimiento, coloca en el Constructor de la Paz un lenguaje motivador y potente, para lograr dicha construcción.
Ese Dinamismo que todos, poseemos y del cual debemos tomar conciencia, ese Dinamismo que nos hace crecer, desarrollarnos y progresar, para ayudar a otros a construir una orbe en Paz y Creatividad infinita, para sí, para toda la humanidad y para generaciones venideras.

 
El Ser Humano Eje de la Educación en la Construcción de Paz
 

Muchos son los factores que intervienen en una comunicación, que nos permita evolucionar hacia un concepto más digno de lo que es Ser Humano y en ello radica mi propuesta, recuperar al Ser Humano, como el eje y razón de ser de la educación, tarea que se impone, en virtud de la depreciada  noción que tenemos del mismo llegando al punto de la  cosificación.

 

 Ha llegado el momento al decir de Krishnamurti  que reflexionemos sobre el sentido de la educación, esto es El Para Qué Educamos.

 

Mi propuesta no es cerrada, cuenta con una sustentación filosófica programática y técnica para su desarrollo de fuerte impacto. Al mismo tiempo incorpora la dinámica, participativa de los educandos.

 

 En todo ello radica  el salto cualitativo, los niños y jóvenes, no solo deben incorporar valores, desde el punto de vista moral, espiritual, religioso en el más amplio sentido del término, sino también valores sociales que son los que se requieren para la construcción de una sociedad, democrática, esto es respetuosa de normas que no entran de ninguna manera en coalición con esas de índole moral que son inherentes a lo que es Ser Humano.

 

Hay muchos conflictos sociales que retomando a Krishnamurti deben ser comprendidos, desde la Raíz, y sobre estos principios, es que la propuesta educativa, intenta desde la reflexión lograr una mirada Transformativa del pensamiento.-Filosóficamente el pensamiento Transformativo y Transdisciplinario está vinculado a Edgar Morán.

 

El aporte personal, como hacedora de paz de acuerdo a mi formación interdisciplinaria y transdisciplinaria pero predominantemente enfocada a la gestión y prevención de conflictos radica en aplicar estas filosofías convergentes, desde un programa de capacitación basado también en Mediación Transformativa.

 

Deseo agregar en torno del concepto de la Mediación, que mi mirada  desde la concepción Transformativa, torna a este saber mezcla de filosofía , ciencia y arte de una importancia absolutamente relevante, en lo atinente a ese salto cualitativo, que en materia educativa se debe dar, a fin de reencontrarnos con el sentido de lo que es Ser Humano comprendido en su integridad en sí mismo, partes de un Todo Superior, y habitantes de un planeta que debemos respetar, en pos de las generaciones presentes y futuras como recreadores de cultura de amor y paz.-

 

El paso para lograr una cultura transformativa  de paz aún mediante la mediación transformativa y desde la mirada prospectiva de prevención de mayores conflictos radica en la potencialización del amor, desde sus infinitas manifestaciones como elemento definitorio de la condición humana.
 
Antropológicamente el amor
 
Parece razonable considerar al amor como ocupando el núcleo central del universo relacional humano. Desde otras orientaciones en las ciencias humanas se ha atribuido esta posición a la agresividad, pero la antropología aporta datos que permiten considerar al amor como el elemento definitorio de la condición humana. Hace aproximadamente seis millones de años, nuestros antepasados homínidos habrían descubierto el placer del juego en grupo, a la vez que la sexualidad femenina se habría expandido fuera de los estrechos límites del celo. Habría así nacido el amor y, con él, una inmensa capacidad de generar nuevos estados de ánimo y de propiciar nuevas actitudes reflexivas a partir de la experiencia. El lenguaje sería la consecuencia natural de unos cambios que Langaney et. al.,(1998) relacionan con " la más bella historia de la humanidad": el desarrollo, durante el paleolítico, de una especie humana capaz de amar y de hablar.
 
El amor, que nos define como seres humanos, ocupa el núcleo central del universo emocional. Y no sólo eso. Que no olviden los defensores del lenguaje como último creador de realidades que el amor, asentado en el juego y en el sexo (y en el sexo como juego) es la base relacional sobre la que aquél se sustenta. Un amor complejo, desde luego, que, desde su núcleo emocional, incorpora importantes elementos cognitivos y pragmáticos y que, por tanto, más allá del sentir, permite percibir, pensar y comportarse amorosamente. Fenómenos como el reconocimiento y la valoración, la expresión de ternura y cariño, la sociabilización de los hijos o el sexo en las relaciones de pareja, forman parte del espectro amoroso.
 
Si el maltrato, en cualquiera de sus modalidades psicológicas y físicas, equivale al desamor, ambos constituyen el fundamento de la psicopatología: la interferencia del amor en toda su complejidad.-
 

La paz es inherente a la condición humana, solo en paz el hombre puede alcanzar la plenitud y desarrollo de todas sus potencialidades, inmerso en la violencia vive en estado alterado, en estado de no amor, de no paz.

 

Todos tenemos un inconsciente consciente tal como lo sostiene Viktor Frankl, esto es salvo en casos de psicopatología, todos en un rincón de nuestro inconsciente sabemos cuando estamos actuando bien, y cuando estamos actuando mal, ya sea intrarrelacionalmente, como interrelacionalmente, de manera que comencemos, a permitir que aflore nuestra conciencia, solo la verdad nos hará libres, esa que nos dicta hasta nuestro inconsciente consciente.

 

Si todos queremos el bien, pues pongámonos en marcha no esperemos que suceda, de ese modo sentiremos la satisfacción del deber cumplido.-

 

Margaret Mead  dijo algo que vale la pena tener presente, para que no decaiga en los Hacedores de Paz nuestro ánimo y nuestra fe, esto fue; “No dudemos jamás de la capacidad de tan solo un grupo de ciudadanos insistentes y comprometidos para cambiar el mundo

La paz se aprende.

 

Dra. Maria Cristina Montani Fischer

Centro de Investigación Atención y Capacitaciòn

Para la Paz

 

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Semblanza de Juan T. Lewis (1898-1978)

Autor: Altilio, Vicente

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Semblanza del Dr. Juan T. Lewis escrita por Ricardo Parera (pag. 94-95 del tomo I de  Los Demócrata Cristianos Argentinos

 

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Juan T. Lewis  (1898-1978). Doctor en Medicina, Profesor y Director del Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Litoral. Miembro Honorario de la Academia de Medicina. Miembro honorario y titular de varias sociedades científicas nacionales y extranjeras. Escribió numerosos trabajos de la materia de su especialidad, entre ellos debemos mencionar el "Tratado de Fisiología Humana", escrito en colaboración con varias personalidades como los Premios Nobel Dr. Bernardo Houssay y Luis F. Leloir y traducida posteriormente a varios idiomas. Fundador de la revista "Ciencia e Investigación", Director del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

 

Miembro fundador de "Acción Social Democrática" (1945), de la Junta Promotora Nacional del PDC (1954/55), presidente de la Junta Nacional (1956/57), Convencional Nacional Constituyente por el PDC, Santa Fe en 1957.

 

En reportaje publicado por la revista Comunidad nº 1, de noviembre de 1955, Lewis expresó: "La doctrina DC contiene ideas que han ilustrado la auténtica línea del progreso histórico de la República; el Partido está arraigado en las más puras y fructíferas tradiciones argentinas".  "Se apoya en el pasado, pero mira el porvenir y para lograr sus objetivos deberá efectuar cambios profundos en las estructuras sociales y económicas y en las costumbres políticas.  No es el partido de una clase, sino de todo el pueblo y por el pueblo entendemos, socialmente hablando, la universalidad de los habitantes; políticamente hablando, la universalidad de los ciudadanos, según la expresión de Echeverría.  No se puede por lo tanto, situar el PDC dentro de esquema derecha-centro-izquierda, porque ya no responde a la realidad, ha sido superado por la DC.   El partido debe ser definido como popular y progresista".

"No será tarea fácil pasar del régimen capitalista del salario, a un régimen de economía humanista. Será necesario resolver problemas de organización técnica, económica, financiera y legal para cada tipo de empresa según las circunstancias del lugar y del momento, a fin de asegurar eficacia y el aumento de la capacidad productiva indispensable, para alcanzar un alto nivel de vida.  Ante todo, empresarios y obreros, deberán cambiar su enfoque mental para que puedan considerarse asociados y no adversarios en el proceso económico.

Para elevar al obrero a un estado de plena responsabilidad, es preciso darle la responsabilidad que implica la participación en la propiedad,  la gestión y los beneficios de la empresa.  En la mayor parte del país, el obrero está maduro para dar este paso, y no faltan los empresarios que comprenden la imprescindible necesidad de darlo, para terminar con la lucha de clases que conduce al estado totalitario".

 

Lewis fue todo un maestro de generaciones, un infatigable y ejemplar luchador por los ideales DC.

 

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NOTAS

BIBLIOGRAFIA

Oscar R. Puiggrós (1918-2010)

Autor: Editorial, Meudon

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En febrero pasado, a los 91 años, falleció uno de los últimos protagonistas de la utopía que en su momento significó entronizar en la política argentina las ideas del Social  Cristianismo, el doctor Oscar R. Puiggrós.  En aquel entonces las ideas emanadas de la Rerum Novarum, de León XIII y la Quadragesimo  Anno de Pio XI., fueron banderas para los jóvenes que como el Dr. Puiggrós intentaban concretar en hechos lo que hasta ese momento solamente eran teorías no siempre bien explicadas y mucho menos comprendidas.  

 

  Oscar Puiggrós era Abogado de la Universidad de Buenos Aires, dos veces ministro, embajador, publicista  y polemista reconocido, hasta casi el final de sus días.  Había nacido en 1918 en el seno de una familia catalana y entre sus cuatro hermanos varones se destacó el historiador, periodista y político Rodolfo Puiggrós, padre de la diputada Adriana Puiggrós, además, una reconocida docente.

 

   Puiggrós integró la nómina de los 35 dirigentes social cristianos que el 9 de julio de 1954,  fundaron el Partido Demócrata Cristiano, en la ciudad de Rosario, en el domicilio particular del Dr. Juan T. Lewis, el  científico que no olvidó sus deberes cívicos, pese a la clandestinidad impuesta por el gobierno de entonces.   También había integrado la delegación argentina que concurrió al Uruguay en ocasión de la IIº Reunión de Montevideo en 1949, de la cual surgió la Organización Demócrata Cristiana de América. Pese a ello su militancia política en el partido que ayudó a fundar se limitó a pocos años.

 

  Con Puiggrós se ha ido uno de los últimos testigos vivos de la presencia de Jacques Maritain en Buenos Aires en 1936. Solía recordarlo.  Cuando se refería a la realidad argentina lo hacía con una lucidez impecable.   Decía que él no era “antinada “ y, respecto del peronismo afirmaba ”Creo que ese movimiento levantó banderas muy legítimas. Pero también creo que las pervirtió”.    Cuando se refería a las contradicciones argentinas decía “Esto es así porque los problemas argentinos son culturales, y mientras la economía no esté al servicio de la política y la política al servicio de la ética y del bien común de los ciudadanos, ni la política ni la economía le van a servir a la sociedad  para afrontar los desafíos que la acosan”.

 

  En julio de 2008 se dirige a la Presidente de la República a través de una Carta abierta  que pùblica el diario La Nación, y de la que rescatamos un párrafo que, lo dice todo: Cuando organizamos nuestra “nueva y gloriosa nación”, elegimos un sistema de convivencia ciudadana y política: republicana, representativa y federal. Podriamos haber elegido otro modelo, pero a través de la Constitución de l853 optamos por éste.  Hoy vemos que esa república representativa y federal está en crisis. Las instituciones se vienen debilitando desde l930 de diferentes maneras; la historia ya ha empezado a juzgar las desatinadas rupturas del orden legalmente establecido, el desdén por la aplicación  puntillosa de las leyes y la codicia del poder de quienes lo ejercen y sin vergüenza ni prudencia lo tratan de mantener para si o para sus próximos”.

 

 

 

   Oscar Puiggrós integró el Consejo Académico del Instituto Jacques Maritain de Buenos Aires desde su fundación, aportando su experiencia y su inagotable bagage cultural y filosófico, honrándonos con su presencia en ocasión de reuniones públicas y privadas. Se ha ido un hombre de bien que siempre actuó bajo la consigna de que “Gobierno y oposición no deben actuar como enemigos”.  Murió un día después de cumplirse tres años del fallecimiento de su esposa, Norma Luque Ferreyra, con quién tuvo ocho hijos.  Uno de los últimos testigos del paso de Maritain por la Argentina y también de un estilo de hacer política  como servicio y no para servirse sin el cual el país no tiene futuro.

 

NOTAS

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Jean - Yves Calvez SJ (1927-2010)

Autor: Editorial, Meudon

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A los 82 años, falleció en París en enero pasado, el padre jesuita Jean-Yves Calvez, políticólogo y teólogo, profesor universitario y destacado intelectual.  Calvez  no era aún sacerdote cuando en 1956 publica una obra que habría de tener importancia en el campo de la filosofía social: El Pensamiento de Karl Marx.  De la obra surgen ciertas simpatías por Marx, lo que no dejaba de ser audaz para la época. Sin embargo, su objetividad y el profundo análisis que efectúa en la misma hacen que le tomen gran estima en todos los círculos de la investigación de la filosofía social.  Ha sido una obra que a través de reiteradas ediciones se ha convertido en un libro de referencia hasta la actualidad.

 

  Jean-Yves Calvez había ingresado en el noviciado de la Compañía de Jesús en 1943. Fue un alumno brillante y de sólida formación religiosa teológica y filosofica, mientras cursaba el Instituto de Estudios Políticos y el Instituto de Derecho Internacional, en París. Se graduó, asimismo, en la Ëcole des Hautes Ëtudes y desde 1953 fue profesor de ciencias sociales en el seminario jesuita de Chantilly. Fue ordenado sacerdote el 31 de julio de 1957. Calvez era un políglota y a través de sus libros abordó temas variados, desde la ética política y económica hasta el Tercer Mundo –“todo un mundo dentro del mundo”- la fe, la justicia, la guerra. 

 

  Calvez era miembro de la Academia Pontifícia de Ciencias, consultor del Consejo Pontificio Justicia y  Paz e integtrante del consejo de dirección de la Universidad de Georgetown (EE.UU). Era profesor de Ëtica Pública en el Centro Sévres de París y miembro del Ceras, el centro de investigación y acción social de los jesuitas en Francia.

 

  Cuando en ocasión de la crisis de 2002 el diario Le Monde publicó un editorial con el título “La Argentina ya no existe”, Calvez reaccionó con energía y claridad meridiana:  Conociendo el país sé de todos sus males, pero sé también que con poco habría la posibilidad de obtener consensos y una recuperación de muchos recursos”.   Conocía nuestro país desde 1958, cuando la visitó siendo un joven sacerdote, al fundarse el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) y en los últimos 20 años venía en forma permanente, daba conferencias en perfecto castellano –también hablaba italiano, inglés, alemán y ruso- y pasaba aquí un mes y aún mas tiempo cuando lo consideraba necesario.

 

  La muerte lo sorprende cuando ya estaba comprometido a visitar la Argentina en agosto  para participar en actividades académicas en el foro Ecuménico y en la UCA. Integraba el comité de la revista Criterio.  En 2004, en colaboración con Natalio Botana había escrito El horizonte del nuevo siglo. Reflexiones sobre la justicia y la paz en el mundo.

 

  Calvez fue provincial de los jesuitas de Francia desde  1967 a 1971 y asistente del padre Pedro Arrupe, general de la Compañía entre 1971 y 1983, respecto del cual escribió el libro El padre Arrupe: profeta en la Iglesia del Concilio.  Con su superior  mantiene una relación de amigos,  mucho mas allá de la del simple subordinado.

 

  De la misma forma que hacía gala de una firmeza a toda prueba al momento de presentar sus argumentos, era respetuoso y sereno ante los demás. Viajó por casi todo el mundo, en especial por América Latina, donde mantiene fuertes lazos de amistad con los teólogos de la liberación.   Fue un observador agudo de la caída del régimen comunista en Rusia y de los cambios en China.  Consideraba que la colaboración entre los credos religiosos era una fuente de paz social y cívica.  Por sobre todo creía en la igualdad entre las naciones y sus pueblos, haciendo propia aquella expresión de Juan Pablo II: Justicia es el nuevo nombre de la paz.

 

NOTAS

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Noticias

Autor: Ayne, Rodolfo

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Abstract 2

 

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Noticias del Instituto
 
Instituto Jacques Maritain Buenos Aires de formación filosófica y compromiso social.
 
(Síntesis de la Asamblea General Ordinaria)
 
Se somete a la consideración de los presentes la cuarta Memoria y Balance General del Ejercicio
2009-2010, período durante el cual se desarrollaron las actividades que se mencionan a continuación.
 
1) Durante el período se continuó con el Programa de Radio "Cielo y Tierra" a través de la emisora
FM91.7 "Radio Urquiza" y posteriormente a través de la emisora FM 97.9 "Radio Cultura", con una
proyección radiofónica de 80 kilómetros de radio desde la antena, con lo que se llegó a
cubrir todo el espectro del Área Metropolitana Buenos  Aires.  Se efectuaron transmisiones con una
programación de alta calidad y nivel radiofónico como así también en los contenidos. La programación
estuvo a cargo del Equipo de Medios integrado por la Lic. Claudia Santalla, como directora, el Dr. Emilio
Riste a cargo de la línea editorial y la Lic. Giselle Zarlenga a cargo de los programadas especiales
pregrabados.

2)A través de la Cátedra Abierta Jacques Maritain se efectuaron presentaciones y colaboraciones en la
exposición del Pensamiento Mariteniano y en la temática relacionada con la divulgación de los Derechos
de la Persona. Se efectuó un programa de conferencias en la Escuela Superior de Guerra, ante docentes,
padres y alumnos y, ante legisladores, sobre los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes.
Se inauguró el Círculo Cultural Raissa Oumancoff Maritain a cargo de la Lic. Giselle Zarlenga, con la
realización de seis conferencias públicas y abiertas en la Librería Ghandi. Se efectuó el lanzamientos de
libros, exposición de "ïconos", la divulgación de la Encíclica "Caritas in Veritate" y desarrollos de música
lírica con debates y  conferencias interactivas sobre Educación.
Finalizada la consideración de la Memoría del Ejercicio se aprobó la nueva Comisión Directiva, que quedó
integrada de la siguiente forma, para los próximos dos años.
 
 
    Instituto Jacques Maritain - Buenos Aires
    Comisión Directiva Período 2010- 2012

 Miembros Titulares:

Presidente.                                                Prof. Dr. Rodolfo Ayné
Vicepresidente 1ro                                     Dr.  Horacio Moavro
Vicepresidente 2do.                                   Ing. Rafael Arizzio,
Secretario General.                                    Prof. Vicente Altilio,
Secretario Gral Adjunto.                             Dr. Carlos Lenzi,
Director Financiero.                                    Prof. CPN Gerardo Blasi,
Director Académico.                                   Prof. Dr. Roberto Bosca,
Asuntos Institucionales                               Prof. Lic. Claudia N. Santalla,
Directora de Proyectos.                               Lic. Giselle Zarlenga,
Dtor de Medios y Publicaciones.                   Prof. Dr. José Zanca,
Relaciones Internacionales.                         Prof. Ing. Agustin Maximo Garay,
Asuntos Legales.                                        Dr. Gustavo Starosta,

Miembros Suplentes:
 
Dra. Maria Ruiz de Olano,
Srta. Agostina Greco,
Ing. Lorenzo Esposito,
Lic. Macarena Zeballos,
Lic. Ezequiel Virgilio,

Comisión Revisora de Cuentas:

Titulares:
Dra. Graciela Campos,
CP. José Luis Lanza,

Suplentes:
 
Lic. Juan Carlos Occhiuzzi,
Lic. Mirta Neves

NOTAS

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Staff

Autor: Altilio, Vicente

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Director:

  • José Zanca

 
Editor:

  • Vicente P. Altilio

Integrantes del staff de redacción: 

  • Rodolfo Ayne
  • Federico Bauchwitz
  • Edgar Romero Giaccaglia
  • Agostina Greco

 

Propietario: Instituto Jacques Maritain - Buenos Aires
Para la formación filosófica y el compromiso social
 
Asociación Civil por Resolución IGJ 00165/20,03,2007
 
Domicilio legal: Carlos  Pellegrini 445.   8º. "B"
CP.    (C1009ABI) Ciudad A. de Buenos Aires
República Argentina
 
Email:  revistameudon@gmail.com
 
Cuit.  33-71031017-9

NOTAS

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