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ISABEL LA CATÓLICA Y LOS DERECHOS HUMANOS

Autor: Gutierrez Arturo

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La conferencia original la leí en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.
Tenemos que abreviar también la mención de inhumanidades de otros, como USA, las inglesas con su inicio del narcotráfico internacional (guerra del opio a China), los excesos de la revolución francesa y sus napoleónicos, las tardías supresiones de esclavitud en Rusia y en Brasil, y otras tantas menos publicitadas que nuestra leyenda negra. Pero recordemos que la 1ª declaración de los derechos humanos se dio recién en 1776 en nuestra América, en Filadelfia, y después en Francia, a partir de 1789, vale decir, y esto importa mucho, más de 270 años después de la defensa que Isabel La Católica hizo de nuestros indios, y casi de los más primitivos como eran los del Caribe.
Esta comparación de fechas evidencia una fuente mucho más antigua que los recientes reconocimientos de la humanidad a su propia dignidad, dignidad que es consecuencia de su destino, y destino que nosotros sabemos trascendente, porque lo trazó, en el sentido de objetivo, Dios creador.
Conviene recordar también la universalidad del sacrificio humano ritual, como es universal el pecado original y, si no universal, al menos transnacional, Caín.
Sacrificio humano ritual que la arqueología descubre que se ejecutó tanto del otro lado de los océanos, como de éste, nuestro continente, hasta la llegada del Evangelio.
Pero también debemos recordar la corriente reformadora: iniciada con Noé, reactualizada con Abraham y su establecimiento del primer derecho humano, el derecho a la vida del hijo.
Derecho sostenido, entre otros, por los Profetas, esos que enjuiciaban a su propio pueblo con tal acritud que parecen antisemitas, pero precisamente eran semitas y judíos específicamente, que recordaban al pueblo elegido el por qué y para qué de su elección, cuando olvidados de ello, se volvían hacia ídolos humanoides, como clonados, hasta volver a sacrificarles sus propios hijos, una y otra vez.
Esa fuerza reformadora que procede de Dios, culmina en el Cristo, que vino a los suyos,  el pueblo elegido, pero los suyos no lo reconocieron, salvo “un resto” que amplió la convocatoria a todos los hombres y mujeres del mundo. Fue la ampliación universal, es decir: católica.
Pero el nuevo pueblo de Dios tampoco fue siempre fiel. Como en la antigua Israel, claudicó en lo temporal tanto en sus cabezas (baste recordar el escándalo de los cismas de Oriente y de Occidente) como en el pueblo: maniqueos, arrianos, cátaros, etc.
Y como en la antigua, también en la nueva Israel hubo reformadores: Santos Papas, Santos Fundadores, Santos Predicadores, y hasta reyes santos.
Y en esa corriente reformadora que hemos bosquejado en nuestro trabajo original, pero el tiempo no nos permite reiterar ahora, en esa corriente reformadora, nace y gobierna Isabel La Católica.
Tenemos que saltear también sus circunstancias personales, familiares y hasta políticas locales de su vida, para solo mencionar que esa su fuerza reformadora se manifestó en su reino en lo político en medidas de liberación que recién se expresan formalmente en la Constitución de los Estados Unidos de América en 1776 y que la Revolución Francesa generaliza en 1789, vale decir unos 270 años después, repetimos.
Fuerza reformadora que se concreta en lo religioso en su propia vida y al hacer Cardenal a Jiménez de Cisneros, asceta que reforma al clero español de entonces.
Pero nos vamos a detener algo más en su proyección americana.
Las motivaciones materiales y masivas de la empresa colombina, radican en la importancia que el Oriente, de antigua opulencia, tenía para Europa: quizás ya fue causa de la guerra de Troya y un “peaje” que ésta cobrara por el paso de las riquezas de Oriente a Occidente. Edictos imperiales prueban que tal comercio fue cuestión de Estado para  Roma, y quizás un factor de fundación de Constantinopla como “puerta de la ruta de la seda”.
Más tarde el Oriente fue objetivo de apostolado para papas y reyes santos, mientras Venecia alcanzaba esplendor como importadora a Europa de aquellas riqueza y cultura y Génova crecía disputando ese monopolio, disputa a la que se sumaron Barcelona y Aragón hasta con expedición militar, sangrienta, pero que salvó a Constantinopla de la primera embestida turca y dominio sobre Anatolia (hoy Turquía), ya en el siglo XIV. Enrique III de Castilla, abuelo de Isabel, envió embajadores a Bayaceto, sultán de los  turcos, y fue famosa en las cortes europeas la relación de Rui González de Clavijo de su viaje a Samarcanda, como embajador a Tamerlán, temido gran kan de los mogoles.
La empresa colombina enfrenta a Isabel a un MUNDUS NOVUS con habitantes en condiciones de vida imprevistas. Porque estas “islas y tierra firme”, contrariando un esperado encuentro con la riqueza y el refinamiento chinos, presentan, durante casi una generación, habitantes semidesnudos sin noticias de la suave seda, del dulce azúcar, de las preciosas piedras, de tinturas, de la canela, de la pimienta, de perfumes… NADA, apenas taparrabos y una costa pobre, tremendamente alargada al norte y al sur como obstáculo desconocido, infranqueable para la teoría colombina.
Ni Isabel, ni Fernando, ni Colón, y creo que ninguno de la plana mayor de la primera parte del Proceso Descubridor de América, alcanzan a ver los imperios militarizados y sus enormes riquezas acaparadas en 2 grandes capitales indígenas. Y ante los nativos isleños primitivos, Isabel asume la responsabilidad que el cristianismo obliga al poderoso: protección del débil. Asumir al buen samaritano. Ideal del Medioevo.
El primer documento isabelino que encontré con mención de “indios”, es una Instrucción a Colón para su 2ª expedición, fechado el 29 de mayo de 1493:
El Rey y la Reina, reconocidos a la misericordia de Dios por la que Cristóbal Colón, su “almirante, visrrey e  gobernador,” descubrió las “islas y tierra firme en la mar océano a la parte de las Indias,” y complacidos de saber por el mismo almirante, que las gentes que en ellas halló son aptas “para convertir a nuestra santa fe católica porque no tienen ninguna ley ni secta”, y como “en todo es razón que se tenga prinçipalmente respeto al serviçio de dios nuestro señor” y nuestra Santa Fe “mandan y encargan al dicho almirante virrey e gobernador que procure atraer a los moradores de las dichas islas e tierra firme a que se conviertan”, para lo cual envían frailes con el Almirante, los que con los indios que “acá vinieron” como intérpretes, informen bien “las cosas de nuestra santa fe”. Y que todos los que van en su armada y los que fueren en adelante traten “muy bien e amorosamente a los dichos indios sin que les hagan enojo alguno procurando que tengan los unos con los otros mucha conversaçión e familiaridad” y que el almirante dé a los indios gratuitamente de las mercaderías que lleva de sus altezas. Y si a alguien se le ocurre tratarlos mal a dichos indios, el almirante, como “virrey y gobernador, lo castigue mucho por virtud del poder de sus Altezas que para eso lleva.”
El espíritu reformador de Isabel, se inscribe entre instituciones que, como la esclavitud, eran obligadas de la época, por eso en 1495 la Corona autoriza a vender los indios enviados por Colón como esclavos.
La esclavitud no era un invento de Colón. Ni Colón era un perverso. Era un ejecutivo de su época y, como tal,  con tendencia a atropellar un poco, pero la esclavitud en sí, era institucional tanto allá como aquí del Atlántico. Y en el islam, y en China y en “todas” las Indias: las orientales y las occidentales, y en Europa entera.
Pero tres días después, el 16 de abril de 1495, fecha para recordar, escriben al Obispo encargado de los asuntos de ultramar: “El Rey e la Reyna (…) Por otra letra nuestra os hemos escrito que hicieses vender los Indios que envió el Almirante D. Cristóbal Colon en las carabelas que agora vinieron” PERO “Nos querriamos informarnos de letrado, Teólogos é Canonistas si con buena conciencia se pueden vender (…) y esto no se puede hasta que veamos las cartas que el Almirante nos escriba para saber la causa por que los envia acá cautivos,” ordenan entonces detener la venta hasta saber si moral y legalmente, se pueden vender ó no (AGI; FdN; CDD).
La esclavitud no se discutía en principio, era, como queda dicho, una institución universal allá y aquí de los océanos, y en el islam y en China y en “todas” las Indias. Pero el cristianismo iba logrando condicionarla.
En 1497 repiten a Colón ante su 3ª expedición, sus deberes de paz y conversión de nativos. Y a los 4 años, en  Instrucción de los Reyes a Ovando, nuevo Gobernador de las islas, consta: Primeramente las cosas del servicio de Dios y la conversión de los yndios; que diga de  parte de los Reyes a caciques y principales que los indios sean “bien tratados como nuestros súbditos e vasallos (es decir lo que hoy ciudadanos de un Estado), e que ninguno sea osado de les hacer mal, y si alguno les hace algún daño, lo castigaréis en tal manera que en adelante” a ninguno le queden ganas. Después insisten en que tampoco los caciques maltraten ni opriman a los indios.
Luego dicen que si los cristianos “con las yndias se quieren casar, sea de voluntad de las partes y no por fuerza.” Y en este punto reitera la Corona : “procuren que los indios se casen con sus mujeres y que algunos cristianos se casen con indias y algunos indios con cristianas, para comunicarse mejor y adoctrinarse en la Fe y enseñarse las labores, para que indios e indias se hagan “onbres y mugeres de rrason”. En esto colaboraron, según los genealogistas, algunos antepasados del que suscribe: uno de los 60 mestizos que fundaron Buenos Aires con Garay, mestizo que además era nieto o bisnieto de un matrimonio Grivé, llegado con el adelantado Mendoza, transmite sangre guaraní al subscripto y a varios apellidos bien conocidos de Buenos Aires (Coll Benegas y ramas de Güiraldes, Carabassa, Zorraquín, de la Serna , Burzaco, Goñi, Lanusse, Blaksley), lo cual es muestra efectiva del mestizaje institucionalizado por Isabel La Católica , que se opone a la calumnia del genocidio… tanto como la fuerza carnal que no ignoramos.
Y este testimonio vale tanto más cuanto que nuestro país era de las zonas de América menos poblada por precolombinos, estos eran en la mayor parte de nuestro territorio los más primitivos (salvo en el noroeste) y luego es también de las zonas americanas más pobladas por la inmigración europea reciente.
Y precisamente porque los indios se equiparaban a los “vasallos libres de todo el reino”, debían trabajar y pagar impuestos como los demás. PERO porque “la forma como acá se pagan e cobran a ellos podría serles grave, hablareis de nuestra parte con sus caciques, y acordaréis con ellos lo que hayan de pagar anualmente.”
El Codicilo de Isabel a su testamento, tres días antes de su muerte, ocurrida el 26 de noviembre de 1504, ya es bastante conocido, en él ruega a su marido el Rey y ordena a su hija la princesa Juana y a su esposo Felipe, velar por el buen trato a los nativos del Mundus Novus. Pero un testamento no vale lo que hizo en vida.
Reconocemos que lo institucional no es garantía absoluta de justicia en la práctica si no se tiene cierta inteligencia y algún poder para hacerlo valer. Reconocemos nuestro dicho criollo: “usted tiene razón pero marche preso”. Sin embargo lo institucional marca avances: ya hay por lo menos una referencia con la posibilidad de un poder más justo. Esto dio a Roma, “nona” de América, una de las razones objetivas de su notable expansión y duración: mejoró la relación de los hombres con la autoridad, condicionando a ésta con leyes, es decir, límites al arbitrio del que detenta el poder en cualquiera de sus formas. 
Pero es cierto que el derecho romano no alcanzó para impedir la crucifixión de Cristo, ni el martirio de miles de cristianos, ni las intrigas y asesinatos que en largos períodos escoltaron a los césares y a otros muchos poderosos de la historia. Y lo repiten hoy los despliegues de “guardaespaldas” para seguridad de los poderosos.
Isabel no dejó las cosas solo en papeles. Se empeñó directamente en seguimientos, liberación y devolución de indios e indias a sus islas.
Así otra fecha para recordar en función de los Derechos Humanos es el 20 de junio de 1500: los Reyes Católicos mandan que los Indios enviados y vendidos “por mandado de nuestro Almirante de las Indias (…) agora Nos mandamos poner en libertad,” y que el Comendador Bobadilla los lleve de vuelta a las Indias (AGI;  FdN; CDD) son unos 19.
En 1501 Isabel ordena perentoriamente al empresario-explorador Cristóbal Guerra que la india que trajo la entregue al Corregidor de Jerez de la Frontera, al que ordena que se la envíe acompañada de persona responsable y honesta (AGI; CDD). Luego dice al Corregidor: “La yndia que embiastes, vimos (…) bien tratada y con personas honestas” (AGI; CDC).  En diciembre al mismo Corregidor los Reyes le ordenan informe sobre los indios que Cristóbal Guerra “trajo y vendió”. Agregan que “Esto fue contra nuestra prohibición por ser dichos indios nuestros súbditos” y que investigue cuántos indios e indias mataron, cuantos trajeron, quienes lo hicieron, cuantos vendieron, y cuántos retienen. Y una vez sabido “tomad de los bienes de Guerra los maravedís necesarios para rescatar a los indios e indias del poder de sus compradores por el mismo precio que pagaron; y los que no vendió tomádselos sin pagar nada, y reunidos todos llevádselos a nuestro gobernador de las yslas  para que los lleve a las mismas islas donde fueron tomados y los ponga en libertad.” Y mientras sigue el juicio  “tened presos a Cristóbal Guerra y a los otros culpables” (AGI; CDD). También hace el seguimiento de 9 indios regalados por Colón, ordenando su devolución a sus islas.
Las decisiones de Isabel no quedaban en los papeles.
Isabel de Castilla, Isabel de España, implica circunscripciones determinadas, una particularidad.
Isabel la Católica implica una universalidad en la misma etimología de la palabra católico, del griego katholikos que significa universal.