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GLOBALIZACION vs. GLOBALIZACION FINANCIERA

Autor: Risté Emilio

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Debemos aprender a observar, interpretar y valorar los signos de los tiempos como lo hiciera el Concilio en la Constitución Pastoral “Gaudium et Spes”, y como también lo realizo la iglesia latinoamericana en Medellín y Puebla.

Uno de esos signos es la globalización.

El Papa Juan Pablo II  en la Exhortación  “Ecclesia in América” no la identifica como “signo de los tiempos” directamente la ve como un hecho que define el tiempo actual, y sobre todo en América.
Este hecho es un fenómeno totalizador porque no solo se refiere a lo económico y financiero, sino además a lo político, cultual, social y aun religioso; en definitiva a toda actividad humana. Pero la globalización, como fenómeno histórico es equivoca y hasta ambigua. El resultado de esto nos lleva a bucear en  un análisis profundo para poder distinguir entre el hecho de la globalización y la ideología que la sustenta. Porque el hecho como tal es irreversible. Pero es equivoco cuando da  origen a diversas interpretaciones como de situaciones de vivirlo y aun pensarlo.

Para entender y articular los mecanismos económicos, financieros y políticos necesarios para enfrentar a la  crisis financiera actual hay que conocer profundamente la falaz ideología que desembocó en el desastre financiero dentro de un mundo real altamente globalizado

Esta corriente económica, parte de la tesis antropología del homo-economicus, es decir, del egoísmo racional que sostiene la afirmación que los mercados, incluso el financiero, son entes que se autorregulan y además que tienen cierta capacidad de otorgarse a si mismo, sus reglas de funcionamiento y hacerlas respetar.
No es más que la implementación de la ética de le eficiencia. Como elemento regulador de la sociedad postmoderna;  o sea el “mito de la performance”, aquello que una  cosa se transforma en verdadera  con el solo hecho que el decir se muta por el hacer afianzado por el acto de su realización.

La crisis deja establecido que es necesario la reinstalación de la “ética de la virtud” sobre la “ética utilitaria” si se pretende conseguir el progreso moral y material de la sociedad. También el reemplazo de las características obsoletas del gerenciamiento científico por el gerenciamiento humanístico; teniendo en cuenta como elemento central a la persona humana en contraposición del recurso humano. A esta altura de los acontecimientos y de la historia no podemos aceptar fácilmente la elección entre recursos financieros, recursos naturales  y recursos humanos.


La enseñanza, por llamarlo de alguna manera, que nos deja la actuación de estos mercados financieros autorregulados,  es poder aceptar  de  una buena vez que el “enojo de los dioses” que acompaña a la “hybris” (León Bloy) recae sobre los más débiles, los más vulnerables y esto es “simplemente escandaloso”  que se de en sociedades que se auto titulan abiertas y civilizadas.

La actual crisis financiera en su globalización arrasó antiguas reglas; dejó en descubierto la falta de pautas de contenido para entrar en un exceso de liquides mundial, que agregado a la escasa normas de regulación,  frente a un importante defasaje inmobiliario con un quiebre financiero;  con repercusión económica y social que hasta hoy se padece y sin solución a mediano plazo. Tampoco existieron herramientas económicas-financieras para evitar el contagio

La tozudez de los estamentos financieros de pretender su autorregulación y de ofrecer óptimos resultados económicos desnudó, lo que debíamos suponer, una gran falacia trágica, disfrazada con conceptos pseudos científicos. Sostener que a mayor rendimiento del capital se obtiene en  ignorar el grado de riesgo; riesgo que desaparecería en la medida que se multiplicara en títulos financieros, una gran participación de inversores y con una expansión ilimitada, falso.

El riesgo puede reducirse nunca anularse, La euforia financiera, domino los hábitos y costumbres, no solo de los “financistas” sino de autoridades gubernamentales, políticos, centros económicos inclusive de sectores universitarios  de investigación económica-financiera.

El proceso denominado “globalización” no se permite retroceder, las relaciones internacionales conducen a la materialización de “hecho reversible” como producto genuino de la tecnología y de las comunicaciones. Por lo tanto, la afirmación de que la actual crisis financiera nos lleva a introducirnos en una desglobalización  no es tan así. No es esta una tendencia diferente y  nueva aunque pueda perdurar en el tiempo.

Gordon Brown, premier inglés, en Davos, utilizó el neologismo “desglobalización argumentando que por “primera vez los flujos transfronterizos están creciendo menos que los domésticos; es una tendencia que debemos detener pare evitar el consecuente riesgo de una peligrosa avanzada mundial de desglobalización”. Podríamos tomar como ejemplo la situación de Singapur, ciudad enigmática del proceso globalizador,  que se ha convertido en la economía que mayormente padece la recesión del sudoeste asiático. Es un paradigma que los analistas económicos titulan como “migración inversa” el corrimiento de las economías muy altamente globalizadas y afectadas por la crisis.

El ministro asiático Traman Shanmugaratman, afirma” que aunque la globalización atraviesa una mala racha, la desglobalización no va ser un periodo breve de aporte- Hay que tener paciencia en tiempos como estos”.

Los caracteres y elementos fundacionales de la “globalización” la transforman en irreversible; aunque puede haber algunos cambios que puedan modificarlas.

Estos cambios se acentúan en lo comercial, financiero y monetario y hasta en las ideologías. Podemos afirmar que preocupa hoy ubicar dentro de lo cambios o modificaciones posibles  es  la denominada “globalización financiera”, y si ésta tiene o no el carácter de reversible; porque tarde o temprano dentro de una marco  de soluciones, no escapará a un nuevo ordenamiento financiero y regulatorio.

La crisis financiera que hoy nos envuelve no tiene signo de ser  coyuntural, posee un alto contenido sistemático. Proceso que después de varias décadas se permito modificar las formas de proceder y funcionar del sistema financiero, deteriorando entre otras cosas, la matriz misma del orden social liberal y sobre todo influir en el sistema de valores de las personas dando lugar a lo que se denomina “financierización  de la sociedad”.

Son características de ésta crisis, la particularidad adquirida por lo mercados financieros y su modelo cultural por el  que  transitó el capitalismo industrial al capitalismo financiero.

La crisis financiera en cuestión, ha perforado un elemento sustancial del capital social, la confianza. Para la recuperación de la misma se hace necesario el afianzamiento de una economía social de mercado real, dado que ésta es una economía contractual. Y para que exista contrato hay que tener confianza.


Con el único fin de ir construyendo un futuro superador, se nos olvida el presente. La búsqueda de resultados financieros óptimos, recayó persistentemente sobre el sistema económico, hasta convertirse en una verdadera pauta cultural.

A través de décadas, el proceso de financierización  llevó el estado de la economía a mostrar signos de debilitamiento. La financierización misma, cayó en esa pendiente.

La búsqueda apresurada de “ganancias de capital”  desplazó  valores como la lealtad, la integridad moral y la confianza. De allí la utopía que la liquidez de los mercados financieros es la mejor forma para sustituir la confianza; como la especulación financiera es un medio mas positivo para el logro de altos niveles de consumo, conduciendo al ahorrista, cualquiera fuera su moral, a transformase en especulador.

Otros de los puntos débiles que muestra hoy la economía, producto de la crisis actual profunda en su consistencia pero no en el tiempo,  es  el crecimiento de la precariedad laboral muy distinta de la flexibilidad, como el alto crecimiento de la desigualada en la distribución del ingreso.

Siendo su mayor debilitamiento la masiva aceptación a nivel de la cultura popular, de la ética de le eficiencia; alteración negativa  de codicia  y pánico.


En referencia a la relación Estado-Mercado, la crisis nos pone en evidencia que desde la severa crítica del  “Estado intervencionista” no debemos  desconocer el verdadero status del “Estado regulador”. Aquí, entonces, la importancia del resurgimiento de un “mercado pluralista” el cual pueda operar en condiciones de objetiva igualdad, sin dejar de observar reglas propias y específicas que regulen su actividad.

La nueva relación Estado-Mercado que deberíamos instalar partiendo de esta crisis, debe contener una alta cuota de racionalidad y  de razonabilidad. “La razonabilidad es la racionalidad que hace a la razón del hombre para el hombre”

Por  consiguiente, aunque la globalización como hecho no da marcha atrás, hay sin embargo  muchas posibilidades reales de vivirla y pensarla. Cuando una interpretación se hace “la única”, es decir, se absolutiza, entonces se ideologiza. Lo importante no es oponerse a la globalización como  un hecho, sino rechazar su ideologización y tratar con empeño y compromiso optar  por una “globalización alternativa”.

El padre jesuita Luis Ugalde, Rector de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, insiste que hay que “humanizar a la globalización desde el futuro, es decir, desde las posibilidades humanizadoras que ella ofrece para todos, sobre todo para los pobres y excluidos”.

Teniendo en cuenta las oportunidades que ésta ofrece en forma alternativa a la actual, y no desde un pasado que la rechace bajo la hegemonía de poder económico, político e ideológico que nos quiere convencer que el suyo es el único modo de realizarlo.

Hay una globalización alternativa: “otro mundo es posible” como lo expreso el Foro Social de Porto Alegre.

Es un deber de la sociedad civil generar un oportuno pensamiento y recreativo diseño  que permita una reorganización  tanto en el pensamiento económico como en el nuevo diseño institucional en la categorización  del bien común desde un profundo debate cultural. No confundiéndolo desde la categoría engañosa del bien total o bien colectivo.

Es también, una excelente interpretación de los signos, intentar dentro de este proceso globalizante la revalorización del bien común como renovado despertar hacia el camino de la esperanza.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires,  mayo 2009.

 

COMENTARIOS:

En el mundo del pensamiento político se ha estado analizando la naturaleza y el rol del Estado Contemporaneo, en cada época del desarrollo social y humano.

Sin tener presente la evolución histórica del concepto Estado, desde el Estado Medieval tardío hasta los Estados-Naciones del siglo XX, podemos decir que luego de la caída del “Estado Soviético” prevaleció el llamado “Estado Democrático”.

Esta última conceptualización del Estado contrapone el rol del Estado Planificador promovido desde la Sociedad Soviética basada en el pensamiento marxista-leninista y gestionado finalmente por el Modelo Estalinista; y en comparación al Estado Liberal de raigambre modernista-secular gestionado también por un Modelo Individualista de libertades deslindadas de las responsabilidades sociales y comunitarias.

La experiencia de los últimos cincuenta años nos mueve a instalar en esta conceptualización, luego de la “caída del Muro de Berlin” en noviembre de 1989, algunas variantes de raigambres socialistas estructuralistas en la cual se interpretó que el Estado Democrático debe “intervenir” en el mundo del trabajo, la producción, la tecnología, la ciencia y otros ámbitos de la actividad económica, financiera y hasta educativa y cultural.

La creación del término “Estado Intervencionista” entonces interpreta una vocación del manejo del Estado de las actividades humanas concretas, para lo cual se podrán experimentar varias vertientes desde las mas cercanas a la visión del Estado Planificador, hasta las vertientes mas cercanas al diálogo con el Estado Individualista. Es decir un planteamiento “Lineal del Estado” típico de los simplismos de análisis que profundiza la dialéctica entre izquierda y derecha semejante a la dialéctica que se verifica en el campo filosófico o teológico entre el bien-mal, pecado-virtud, etc. Típico del pensamiento “mesiánico” rudimentario y antiguo.

A todas estas cuestiones habrá que agregar el fenómeno actual de la llamada “Globalización”.

En términos históricos la globalización no es nueva. El primer evento vinculado con la globalización fue la égira de Alejandro Magno hacia el 250 AC. Luego de este “acontecer histórico” muchos mas sucesos humanos se desarrollaron hasta nuestros días. No haremos historia pero cabe recordar el Imperio Romano, el Bizantino, el Persa, el Mongol, el Árabe, hasta llegar al Imperio Nazi-fascista y el Imperio Soviético.

Todos éstos no se caracterizaron por un eje conductor común ni semejante. En algunos casos, fueron motivados por aspiraciones culturales, religiosos, expansionistas geográficos, por predominios materiales sean geográficos, de recursos materiales o de recursos humanos y finalmente los procesos geopolíticos mas contemporáneos se centraron en el predominio ideológico o de poder económico-tecnologico.

El actual proceso geopolítico llamado Globalización es una combinación y una sumatoria de todos las experiencias anteriores. En otros términos es la superación por algunos componentes adicionales a las experiencias globalizadoras históricas.