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El camino de la revelación en Jacques y Raïssa Maritain.(En conmemoración de la conversión y bautismo hace 103 años ocurrida el 11 de junio de 1906)

Autor: Rodolfo Ayné

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« Qué grande y penetrante debe ser la emoción de un hombre que sólo ha caminado por la calle, buscando y no encontrando paz, y siente y comprende que es hijo del Padre, conocido por El, amado por El y que no es jamás un átomo perdido en la inmensidad del espacio. »
(León Bloy)
Aquello que el Camino del Señor, como nos indican los Evangelios, es el “Camino de la Salvación y la Vida” no está exenta de dificultades, sinsabores y dolor. Tal vez el “misterio del dolor” sea que los momentos de contemplación no son suficientes. Son imperfectos por aquello que “la Razón no ilumina las Almas”, sino que la razón le tiende trampas y tentaciones en el Camino al Señor.
Incluso se lo puede leer en los Evangelios cuando observamos el proceso de la Tentación en el Desierto. Tentación teñida de trampas en un Desierto que significaba la desazón de la Búsqueda permanente sin lograr llegar al oasis espiritual.
Contemplación sería entonces una forma de presencia del Ser Humano como un elemento “neutro” ante el “misterio divino”. Es entonces un observador externo al proceso divino o tal vez el observador no se de cuenta que es parte de ese proceso divino.
A menos que tengamos que emplear otra palabra, la oración de los Maritain, fue una “contemplación superadora” donde ambos “atravesaron el marco” entre la temporalidad hacia la divinidad.
Si tuviéramos que emplear otra palabra diferente al del “marco contemplativo”, emplearía el término muy afecto al Cristianismo Oriental Ortodoxo y que es el “Icono”. El icono es una ventana a la divinidad para que el espíritu humano se involucre desde tu temporalidad y llegue a la divinidad, “la ciudad celeste”.
Si bien Jacques fue un “teólogo” y “filósofo” de una inmensidad formativa y académica, su esposa Raissa, fue el instrumento que la “Revelación” utilizó para relanzar el pensamiento cristiano contemporáneo siendo Jacques Maritain su gran ejecutor. Pero esta reinstalación del cristianismo en el pensamiento contemporáneo fue una reinserción que procuró conducir los principios de la razón hasta “el seno de la noche estrellada”.
Raissa que, describiendo estas sensaciones, fue en realidad la persona que capturó inicialmente la posibilidad de traspasar el “marco iconográfico de la Revelación” con la pasión de sentirse incluida en la “gran paz universal”.
Raissa fue una mística y poetiza. Como mística indagó a tientas ese marco, tal como lo hacen esas extrañas personas, seres privilegiados que buscan en su interioridad, lo que otros buscan en la exterioridad de la materia y la provisoriedad de lo contingente.
Fue Raissa la que tenía la semilla de la inquietud de la búsqueda religiosa impactada por su “primer maestro” que fue su abuelo paterno Salomón “el sabio” como lo llamaban tanto Raissa como Vera las cuales llegaron al conocimiento bíblico y al hebreo antiguo en sus días en Rostov del Don, lugar de sus nacimientos en la Rusia imperial. Eran tiempos de los pogromos efectuado por el Zar Alejandro III, por lo que sus padres resuelven emigrar.
En camino a Estados Unidos el padre de Raissa y Vera, Ilia, se encontró con un pariente hasidista judío a bordo del tren que lo conducía de Varsovia hacia París. Dado que obtuvo una buena propuesta se detuvo en Francia y allí Ilia mandó a buscar al resto de su familia. Y así obtuvieron trabajo por lo cual se afincaron en Paris en la “Rue des Francs Bourgeois” y luego en la “Rue de Montreuil”. Raissa emprendió sus estudios en la “école communale” lejos de su patria de nacimiento donde todo era novedoso, desde el idioma hasta la idea de Dios, y donde se encontró con un cristianismo desconocido, debatiéndose en la cuestión del Mal y el Pecado como tantas otras almas.
Ella estimó la búsqueda en el entorno de la ciencia y le oraba e imploraba a Dios que la ayudara en su encuentro con Él y la verdad expresándolo de esta forma:
“Esperaba en la solución de la ciencia. … Y continuaba rezando en secreto por la mañana y por la noche a Dios, que se esfumaba en mi inteligencia, pero al que mi corazón no quería abandonar”.
En su examen final de Bachillerato el Profesor Dr. Herman Rappaport (un teórico marxista, amigo de Jean Jaurès) le preguntaba por sus objetivos como estudiante. Y ella le respondió: “Saber lo que ES”,
Estando en La Sorbonne y a la salida de una clase, Raissa conoce a Jacques y en torno a sus mutuas conversaciones, ambos comparten un problema común: la carencia de respuestas frente a la búsqueda de la verdad. Y así Raissa le plantea la búsqueda en común: “Era preciso que repensemos juntos el Universo todo entero, el sentido de la vida, la suerte de los hombres, la justicia y la injusticia de las sociedades”.
Tanto Raissa como Jacques y luego Vera tuvieron una afinidad marcada a pesar de las diferencias de orígenes. A pesar de dicha afinidad hubo una diferencia marcada en sus temperamentos. Raissa era inclinada a la reflexión y muy reservada. Había signos evidentes de una naturaleza en la cual su espiritualidad gravitaba notablemente. En cambio Jacques era muy reactivo, locuaz, enojoso y obsesivo por el cual se lo nombro como “Plácido” con contraposición a su temperamento. A pesar de todo ello la búsqueda e itinerario que desarrollaron entre 1900 y 1908 llegaron a formar como un equipo de estudio e indagación que los hizo llamar “le petit troupeau de trois” (el pequeño rebaño de tres).
Por todo ello desarrollan estudios conjuntos de diversos autores y diversas fuentes tales como Nietzsche, Spinoza y otros pero sin convencerlos. Así toda una etapa de pensamiento moderno es desarrollada en un día de paseo en el Jardin des Plantes en La Sorbonne. “Ahora él (Jacques) se encontraba tan desesperado como yo”, y llegaron a un acuerdo: “Esperarían aún un cierto tiempo, a que la vida les revelase su verdadero sentido y si la experiencia fracasase, quedarían en libertad para renunciar a la vida en el suicidio”.
Pero también fue Raissa la que en esos días de revueltas estudiantiles y a través de Charles Péguy encontró a Henri Bergson y su metafísica y lo expresa como sigue: “Entonces la piedad de Dios nos hizo encontrar a Henri Bergson”.
Tendríamos que recordar que Péguy fue un filosofo, escritor, poeta francés amigo de la madre de Jacques, Geneviève Favre, el cual poseía una librería junto con Lucien Herr y León Blum denominada Bellais muy cerca de La Sorbonne lugar donde los Maritain lo conocieron por dicha referencia previa. Posteriormente al 1900 Péguy se deslinda de la Librería y funda Les Cahiers de la quinzaine (Cuadernos de Quincena), cuya editorial se localizaba en 8, Rue de La Sorbonne, tiempos donde Péguy se ubicó como un filósofo y pensador católico próximo a la temática obrera y social casualmente en la misma época de los años 1905/6. Época esta que compartían con los Maritain la indagación filosófica entorno a Bergson. Siendo Charles Péguy de origen socialista y dreyfusiano sin embargo critica profundamente al marxismo y hacia 1908 se bautiza católico para publicar luego varias obras de una profundidad mística incomparable. Realizó innumerables peregrinajes a Notre-Dame de Chartres.
Fue en ese contexto que Raissa indagó el misterio de la “intuición” en la búsqueda filosófica. Y de allí lo condujo a Jacques a través de percepción de la creación y el arte. De esta poderosa intuición llegan posteriormente a los fundamentos de las “Siete Lecciones sobre el Ser” una fenomenal exteriorización de la mística de Raissa, expresándose de esta manera:
"Me ha sucedido a menudo experimentar por medio de una intuición súbita la realidad de mi ser, del principio profundo, primero, que me saca de la nada. Intuición poderosa, cuya violencia en ocasiones me atemoriza y que la primera vez me dio el conocimiento de un absoluto metafísico."
Fue Raïssa la poeta que lo condujo a Jacques expresarse en su reflexión personal y que ambos se comprometieron a realizar en forma admirable y santifica. Solo así fue que Raïssa descendió a las profundidades del sufrimiento metafísico. Momentos estos que Jacques la confortaba pero no lograba evitar el “dolor” que Raïssa sufrió al reconocer la provisoriedad de la finitud.
Pero no fue el único componente de “Dolor” metafísico que Raissa experimentó en su alma. La barbarie nazi-fascista y el hundimiento de Europa y de su “Francia adoptiva pero propia”. La violación de la humanidad en su rostro divino no le permitió ser apática. La mística del dolor fue entonces una catapulta para sostenerse en los estadios más demostrativos del rescate de dicha “humanidad” única y universal. Así se expresaba en su prosa en “Los grandes Amigos”:
"La belleza del estilo que conviene a la verdad de las cosas espirituales es quizá la de la pureza y de la transparencia, y la de cierta impersonalidad muy elevada, más que la de una originalidad demasiado caracterizada."
Si bien se pueden encontrar muy importantes descripciones biográficas de Raïssa y Jacques Maritain es central indagar cuales son los elementos distintivos que se encontraban en esos años de sus vidas y de su contexto social e intelectual en París. De una delicada observación se puede describir que la desolación en sus almas y la avidez espiritual los condujo a sus “propios desiertos de Sinaí” como nos informa el relato bíblico del pueblo hebreo.
Como todos recordarán el “pueblo de Jehovah” se encontraba condicionado a la esclavitud bajo la opresión del Faraón de Egipto. Las pruebas de las siete plagas, convencieron al Faraón a permitir que Moisés condujera al pueblo hebreo a su “tierra prometida”. Tuvieron que recorrer la terrible prueba de cuarenta años de desierto con todo tipo de padecimientos y tentaciones. Incluso en el momento de la “revelación de la Ley” se habían mostrado rebeldes e hirientes contra el “padre de Israel”. Incluso la tentación del retorno a la esclavitud. Solo la oración imploradora de Moisés a Jehovah logro el perdón y la promesa de la “Tierra Prometida”. Es decir de una nueva ciudad celeste en la tierra. El Israel Espiritual.
Tal como dicha epopeya, los Maritain también se encontraban atrapados por el estigma de la razón y las luchas de sus tiempos. Ambos dolientes de las injusticias sociales y la opresión de los poderosos no podían ser inmunes a tales realidades. La búsqueda de algo diferente no lo encontraba tampoco en sus clases de filosofía en La Sorbonne. Fue como que la filosofía no los confortaba en dicha búsqueda.
Por ello, en esos días aciagos concurrieron al Colegio de Francia por recomendación de Charles Péguy, institución menor en la enseñanza parisina, y asistiendo a la clases de Henri Bergson se les “abrieron las aguas” de la indagación. La visión de Bergson respecto a la “intuición” en la búsqueda religiosa les abrió el marco o icono del re-conocimiento de sus almas. Y mientras Jacques asistía en la “Gran Aula” a las conferencias de Bergson, Raissa en tanto escucho e investigó en un “Aula Menor” sobre el filósofo neoclásico Plotino
Su doctrina central enseñaba la teoría trinitaria compuesta por: un Dios Único y no capturable por las capacidades humanas dado que abarca la Totalidad por lo que vuelve indescriptible, el “nous o pneus” que lo definiría como la componente de iluminación espiritual proveniente del Dios Único pero de orden intelectual, y el tercer componente el alma humana, como ligada al nous por un lado y al mundo de las sensaciones por otro lado. Es así que Plotino ubica al Alma Humana como en su espectro teórico central por cuanto de la “visión a través del nous espiritual se puede observar la “Forma del Bien Superior”.
Así fue que ambos Jacques y Raïssa Maritain recibieron en sus vidas a Bergson y Plotino, los cuales les modificaron su itinerario. Y tal como lo expresan “fue un momento maravilloso de liberación y esperanza”. Pero no sabían hacia donde los conduciría este traspaso del horizonte, solo lo presintieron cuando se les reveló en la lectura del autor neo-clásico en relación a la indagación que trata sobre Dios y el alma y así entendieron esta revelación como una “misión para sus vidas”. Fue la llave de apertura del pórtico a la Sabiduría y fue también que se arrodillaron en genuflexión por primera vez en sus vidas en “agradecimiento al Absoluto” teniendo a los escritos de Bergson y el libro de Plotino como testigo.
Pero lo que leyeron en estos libros que les resultó de la esencialidad de sus vidas párrafos de alto impacto como los siguientes:
“Todos los seres tienen su existencia por el Dios único, no solo los seres así llamados en el primer sentido, sino los que se dicen atributo de esos seres. Porque ¿qué es lo que podría existir que no fuese por la unidad con Dios? Las magnitudes continuas no tendrían razón de ser si no poseyesen unidad. … Se da la salud cuando hay en el cuerpo unidad armónica, la belleza cuando la unidad mantiene unidas las partes y la virtud en el alma cuando la unión de las partes resulta de un acuerdo. Pues bien dado que el alma, fabricando y moldeando el cuerpo concediéndole la forma y el orden, lleva todo a la unidad en Dios”.
“Naturalmente que el alma es una, mas la unidad es para ella como un accidente. Alma y Dios Único debemos considerarlos, pues como dos cosas distintas, como si fuesen cuerpo y alma. Pero también este Ser Universal es un ser múltiple de diferentes magnitudes.”
“La mayor de las dificultades para el conocimiento de Dios estriba en que no llegamos a Él ni por la ciencia ni por la intelección como las demás, sino por una presencia que es superior a la ciencia”.
“… Pues, si no se dirige uno a la contemplación, si el alma no tiene noción del esplendor de ese mundo celestial, si no experimenta ni retiene en si misma esa pasión propia del amante que encuentra descanso en la visión del objeto amado, si, en fin, aquel que ha recibido la luz verdadera, que ilumina toda su alma por la proximidad a que ha llegado, es detenido en su subida por un peso que le impide la contemplación y además, no se emprende solo la subida, o no se ha visto reducido a la unidad y permanece aun fuera de sí, bien porque carece de la debida instrucción racional o no tiene fe, entonces es mejor que se preocupe de sí mismo y que trate de apartarse y aislarse de todas las cosas. Y si no tiene fe en las razones que se le dan, que reflexione”.
“ … Dios no se encuentra fuera de ningún ser, está en todos los seres, bien que ellos no lo sepan. Porque los seres huyen de Él o mejor se alejan de sí mismos. No pueden, por lo tanto alcanzar aquello de que han huido, ni buscar siquiera otro ser luego de haberse perdido a sí mismos. … Por lo tanto si un alma se conoce a sí misma, se moverá hacia el centro del que ella procede, punto este al que se deberían dirigirse todas las almas y de por siempre las almas de los seres divinos. Todo un centro de paz que nos universaliza”.
“ … He aquí que en esta danza se contempla la fuente de la vida, la fuente de la inteligencia, el principio del ser, la causa del bien, la raíz del alma y alejarnos de Él supondría el empequeñecernos. Porque muestra que el Bien está allí y el amor es algo circunstancial al alma, puesto que el alma es diferente de Dios, pero proviene de Él necesariamente lo ama con el amor celeste, mas cuando se encuentra aquí lo ama con su amor vulgar.”
“ … Quizás no deba hablarse ahora de una contemplación sino de otro tipo de visión por ejemplo de un éxtasis, de una simplificación, de un abandono de sí, del deseo de un contacto, detención y noción de un cierto ajuste si se verifica una contemplación de lo que hay en el santuario. Es lo que los profetas han explicado enigmáticamente en qué consiste la contemplación de Dios. … Quienquiera que se ve a sí mismo convertirse en Él se considera a sí mismo como una imagen de Él. Partiendo de sí, como de la imagen del arquetipo, llegará indudablemente al fin de la jornada”.
“Tal es la vida de los bienaventurados, una vida que se aparta de las cosas de este mundo, que se siente a disgusto con ellas y que huye a solas hacia Dios.”
Raissa experimento su mística transformación tal como lo expresa en “Las grandes amistades”. Ahí explica Raissa (p. 130) que poco antes de convertirse percibió la presencia de Dios, primero leyendo a Plotino y por segunda vez en un tren:
“Yo miraba, sin pensar en nada preciso. Súbitamente se operó en mí un cambio profundo, como si de la percepción de los sentidos hubiese pasado a una percepción completamente interior: los árboles que huían se habían hecho de repente más grandes que ellos mismos. Tomaron una dimensión prodigiosa en profundidad. Todo el bosque parecía hablar y hablar de un Otro, se convirtió en un bosque de símbolos, y parecía no tener otra función que la de designar al Creador”.
Jacques lo llamó "experiencia metafísica":
“A la vista de una cosa cualquiera un alma sabrá en un instante que esas cosas no son por sí mismas y que es Dios”.
Luego lo supieron cuando se les presenta en su vida la oportunidad de estar con EL “Dios de los Pobres”. Una intensa experiencia intelectual, mística y trascendente que se ubica algunos años posteriormente con León Bloy.
La búsqueda de aquello que no se conoce, pero se toca a tientas, tiene entonces antecedentes en la relación de los Maritain con Charles Péguy, Henri Bergson y León Bloy. Una trilogía que los “ubica en el inicio del recorrido espiritual”.
Tal como se conoce de sus biografías ha habido dos etapas sucesivas de lo que se llama “la conversión”. La etapa desde el 5 de junio de 1905 hasta el 11 de junio de 1906, fechas que coinciden entre la primera reunión con León Bloy y el Bautismo de Jacques, Raïssa Maritain y Vera Omançoff. El bautismo fue entonces su momento especial y ritual de manifestar un antes y después de sus vidas. El Sacramento lo reciben en la Iglesia de Saint Jean L’Evangéliste (San Juan el Evangelista) del barrio parisino de Montmartre, en el día de San Bernabé, siendo su padrino el mismísimo León Bloy.
Fueron instantes de sus vidas que revelaron su “vocación espiritual” que se desató en la observancia de la metafísica de Bergson que les despertó el sentido del “Absoluto”. Pero con León encontraron el sentido de su “Servicio a Dios” y el “Sentido de la Libertad interior”.
Como se puede lograr liberar el sentido del absoluto y el sentido de la libertad propia? Seguramente la búsqueda de un “Sentido de sus vidas” estaba implícita como fermento espiritual. Este es entonces el punto “cancel” para su futuro metafísico, filosófico y testimonial en la Fe.
Para comprender este punto de inflexión es necesario que veamos los eventos centrados en su identificación con Clotilde Marechal, la protagonista de La Mujer Pobre de León Bloy, seudónimo de su segunda mujer, Berta Dument. Su vinculación con artistas, músicos, pintores y la trayectoria de su vida le permitió verse en un espejo.
Digo espejo, porque las condiciones de salud, de indefensión y de miseria eran reconocidas como propias. La intervención de un Misionero y de su conversión a la Virgen María obraron simultáneamente en el contexto de “Clotilde” y en el contexto de los Maritain. Pero como obra de la Gracia a través de Nuestra Señora de La Salette entendieron y asumieron el “Milagro de la Fe” produciendo la Conversión de sus almas.
La devoción hacia la Virgen de La Salette es el “icono” que nos referíamos antes. Y León Bloy el “Mensajero de Dios”. Los eventos de conversión de esa época estaban vinculados como antes lo intuimos en tres factores: la Gracia, el Dolor, y el Amor. En el caso de su devoción por la Virgen de La Salette triangulaba y unificaba estos tres factores y los Despertó a la Fe.
El evento de extrema enfermedad que sufrió Raïssa Maritain, hizo caer a todo el núcleo en un foso de desesperación. La promesa efectuada por Jacques, efectuada a los pies de la Virgen de La Salette, consistió justamente en su “entrega” a trasponer el umbral de la vida temporal y zambullirse al “Mundo Celestial”. A partir de la recomposición de Raissa, los Maritain y Vera profesaron santidad y dedicación al itinerario espiritual.
Por ello el Hogar de Bloy era “el Hogar de la Espiritualidad” que luego de su fallecimiento, en 1917, se transformara en semejante misión el “Hogar de Meudon” años posteriores.
La Virgen de La Salette inspiró en devoción a muchos intelectuales de su época. A diferencia de las apariciones ocurridas en Lourdes, La Salette fue una “premonición” para aquellos que destilaban intelectualidad creadora en su tiempo. Era en definitiva el Anuncio a la Intelectualidad Dirigencial acerca de una “catástrofe final” en Europa. Las Revelaciones en Lourdes fueron en cambio una advertencia dirigida al pueblo de Cristo.
Como tal los Maritain también fueron advertidos de estas catástrofes. Advertencias estas que, trasmitidas a la Santa Sede, tuvieron que sufrir el “martirio del silencio” impuesto por las autoridades eclesiales. La catástrofe anunciada era de tal envergadura, que los Maritain dedicaron los años posteriores y donde pudieran manifestarse, a “proclamar la Paz entre los semejantes”. Estas advertencias también fueron realizadas a través de Vera Oumançoff, cuando confirmó años mas tardes acerca de su propio itinerario místico, cuando reveló su “encuentro con Jesús”.
En todo ello se inspiraron y proclamaron las diversas “paradojas personalistas”. Por ello Jacques y Raissa rechazaron toda relación con el materialismo marxista y con el liberalismo individualista. Y por supuesto se opuso firmemente a la “horda” nazi-fascista, enquistada en toda Europa sin distinguir sectores sociales, ni religiosos, ni intelectuales.
Fue así que Jacques Maritain escribió:
“Si los hombres supieran que Dios sufre con nosotros y mucho más que nosotros por todo el mal que devasta la tierra, muchas cosas cambiarían sin duda y muchas almas serían liberadas… Las lágrimas de la Reina del Cielo (significan) el soberano horror que Dios y su Madre experimentan y su soberana misericordia por la miseria de los pecadores”.
Pero el mismísimo Cardenal Martini, como testigo contemporáneo, también percibió estas experiencias más recientemente en cuanto a las lágrimas de la Virgen en La Salette:
“Es un misterio profundísimo, que en cualquier modo nos permite intuir el sufrimiento de Dios por los males que cometemos”.
Un análisis historiográfico de los fenómenos de Conversión de esos años nos permitirá apreciar tres milieux (círculos) de espiritualidad:
a)    el núcleo constituido en torno a la “experiencia casi apostólica” de León Bloy,
b)    los círculos construidos alrededor del “retorno a la Gracia” de los Maritain,
c)    la experiencia espiritual motorizada alrededor de Paul Claudel.
El primero de los círculos, está caracterizado por un escenario de pobreza, carencias materiales y sufrimiento. Pero también lleno de vida espiritual. Como de alguna manera despreciando la temporalidad y ubicándose algo más allá del “marco iconográfico”, transponiéndolo, en el retorno a la Ciudad Celestial.
Entre los convertidos en este círculo se encuentran, los esposos Maritain y Vera Oumançoff, George Rouault, Léopold Levaux, Pierre van der Meer, y muchos otros. El Hogar Bloy fue un recodo de espiritualidad, la familia Bloy la familia sustituta para todos ellos y un ambiente propicio para una vida de piedad con comunión diaria y devota a la Virgen de La Salette. También se centraron en el análisis y crítica del “Mundo Moderno” y el aprecio por el “Mundo del Medioevo” siendo una base de lectura los libros de Luis María Grignon de Monfort. Este último canonizado en 1947 escribió: "A quien Dios quiere hacer muy santo, lo hace muy devoto de la Virgen María".
Esta fue la inspiración de los Maritain para crear los Círculos Tomistas y el entorno del “Hogar de Meudon” que fue la heredera de la acción espiritual luego de fallecido León Bloy el 3 de noviembre de 1917. Los Círculos Tomistas se comenzaron a promover en 1919 aunque se vislumbró la idea desde 1914. Recién en 1922 se desarrollan los círculos tomistas en Meudon con dichos tres sentidos, pero con los Maritain en una vista dual: “desde el marco espiritual marcaron los ejes de la renovación cristiano-católica” y “desde la temporalidad retornando, hacia la Gracia de la Ciudad Celestial”.
Fue el Hogar espiritual de van der Meer, Stanislas Fumet, Julien Green, el Cardenal Danielu, el abbé Altermann y muchos más que organizaron otros focos de renovación y conversión religiosa en torno a este último.
La tercera experiencia espiritual lograda entorno a Paul Claudel se agrupó figuras como Charles Henrion, George Dumesnil y Francis Jammes entre otros. Todos ellos se agruparon en una Cooperación de oración para rogar por los conversos y su fortaleza frente al nuevo mundo al que se habían enrolado. También fue una experiencia de conversión pero desde la oración. Una carta de 1904 a Gabriel Frizeau Claudel demuestra que el recuerdo de ese instante de Navidad estaba ya fijado entonces: "Asistía a vísperas en Notre-Dame, y escuchando el Magníficat tuve la revelación de un Dios que me tendía los brazos".
Pues es para un converso un nuevo mundo, por cuando descubre la inutilidad o no veracidad de sus obras previas. Porque debieron cambiar incluso de costumbres en su diario vivir. Y también cambiar de actitudes frente a la vida en matrimonio que en muchos casos los llevo a la castidad física. E incluso vieron que como verdaderos cristianos, la vida sacerdotal sería entonces una opción superadora de la temporalidad secular en la que vivían.
Todos ellos fueron el producto de una reacción frente a la pobreza social, la modernidad racionalista y el inconformismo intelectual y frente al predominio secularista del siglo XIX. Todos ellos se sintieron agredidos por estos vectores que mostraban a una sociedad vacía de contenidos y espiritualidad.
Pero todos ellos vivieron la renovación a partir de sus respectivas conversiones logradas por una combinación de sucesos entre los cuales estaban presentes aquellos lugares tan especiales como las Catedrales de Reims y Chârtres como centros de religiosidad católica. Pero el motor profundo de todos ellos fue sin duda la devoción a la Virgen de La Salette.
Todos vieron en cada lágrima de la Virgen el dolor del Creador en relación a la visualización del fenómeno de la pobreza, tal como León Bloy lo expresó:
No quiero gozar reposo mientras los pobres, los mendigos y los vagabundo, atenazados por el hambre y el frío, estén ahora durmiendo entre harapos, entre los túneles, en las escaleras o estén sentados, encogidos, con la cabeza entre las manos y las rodillas.
El dinero es... LA SANGRE DE LOS POBRES, que lleva a muchos sufrimientos materiales.
La pobreza agrupa a los hombres, la miseria los aísla.
Y ese mismo Mensajero del Señor descubrió en Raïssa Maritain su misión de acompañar en la adversidad y ser la gran guía espiritual de Jacques Maritain.
Reconocida por muchos que la conocieron tal como el Padre Garrigou-Lagrange, especialista en espiritualidad, que fue confesor y director de Raissa. Monseñor Dr. Gustavo Ponferrada aseguró que “Raissa es una auténtica mística cristiana”, o como la llamó Thomas Merton, “… la mayor contemplativa de nuestro tiempo”.
El propio Jacques Maritain luego de la muerte de Raïssa en 1960 afirmó:
“… su ayuda e inspiración habían penetrado todo lo que había escrito” y
“Todo lo bueno viene de Dios. Pero como intermediaria sobre la tierra, todo lo bueno me ha llegado de ella”.
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