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Crónicas de niños

Autor: Giselle Zarlenga

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Había una vez una niña en la fábula de Perrault cuya inocencia le valió ser engañada por un vil personaje encarnado por un feroz lobo. La moraleja del cuento reside en que su ingenuidad y pureza se vio engañada por las artimañas de un timador. No obstante, si la imagen de la pequeña hubiera sido otra, si hubiese tenido la viveza de un Tom Sawyer, nuestra reacción hubiera sido probablemente de menor compasión por su infortunio y de hecho, hasta habría habido algunas personas que excusaran la acción del lobo, para quienes no la habría ingerido intencionalmente, sino que lo habría hecho inducido por los engaños de una niña malintencionada, cuyo deseo era ver en problemas al lobo.

Como vemos, la forma en que se relata un evento o una historia no es indiferente a la percepción que tendrá el público de la misma. Por esto, en vista a la nueva ley de minoridad que últimamente se está debatiendo en la opinión pública y en los medios de comunicación, es de suma importancia que no se realice la división de la niñez en dos universos antepuestos, tal como en los cómics o las fábulas infantiles se presenta a los “buenos” y los “malos”.

Si nos preguntamos si son realmente niños los llamados “menores”, “delincuentes precoces” o “chicos de la calle” se llega a la conclusión de que la figura del niño se ha desvirtuado de acuerdo a su situación socio-económica. Esta diferenciación de terminología para referirse a un niño contenido en un hogar de estrato social medio o alto y a otro careciente, convierte a este último, en un marginado o excluido de la sociedad. Los medios son formadores de opinión y son los que instalan en la agenda pública los temas que serán tratados por el gobierno, que luego se convertirán en políticas públicas para subsanar los problemas. Si se realizan crónicas amarillistas o se da una visión sesgada de las noticias, se atenta contra el futuro de generaciones enteras de chicos por consiguiente, ya que el resto de la población los verá como pertenecientes a una dimensión paralela de la cual sólo se tienen noticias cuando acaecen delitos o hechos de violencia. Auspiciosamente, esta situación se está revirtiendo últimamente en algunos medios, dando voz a los niños y exponiendo la situación crítica y de alto riesgo en que viven. Los medios tienen el poder de dar a conocer los problemas que aquejan a nuestra infancia y demandar acciones a favor de ella, por lo cual es necesario que la visión del niño sea integral, en el marco de una persona plena.

Es fundamental tratarlos como sujeto de derecho y no como objeto de protección conforme a la antigua Ley de Patronato. Es necesario aprender a conocerlos desde la perspectiva del contexto que condiciona su desarrollo, y con sus aspiraciones, sentimientos y voz. Los medios debemos escuchar la opinión de los chicos y no sólo la de los adultos que se expresan en su representación. Debemos erradicar la idea de que un niño es un proyecto de persona, sin por esto restarle el cuidado y protección imprescindibles, tutelando su crecimiento y desarrollo y asegurándole una vivienda digna, comida, salud y educación; considerándolo como una persona plena que la sociedad tiene la responsabilidad de cuidar. Especialmente cuando el niño se ve envuelto en una situación de violencia, la prensa tiene la obligación moral no sólo de proteger su identidad, sino de brindar una cobertura amplia y completa de los hechos, consultando diversas fuentes y sugiriendo acciones futuras para solucionar esta problemática. Día a día nos encontramos con datos como “25 niños menores de un año, mueren de hambre en Argentina por día”, esta noticia debería tener un resultado positivo al conmover a la población y eventualmente motivar reclamos en pos de la mejora de las condiciones de nutrición y salud de la infancia. Sin embargo es necesario destacar que esta situación sucede en un contexto particular. Los niños que sobrevivan al hambre, seguramente serán sometidos tempranamente a acciones delictivas y al consumo de drogas baratas y altamente destructivas como el “paco”. Son los niños y niñas que nacen, viven y mueren en estos contextos los que se pretende mantener en un universo paralelo, situación que muchas veces se refuerza denominándolos “menores”. Por esto, es fundamental la contextualización de las noticias para lograr un escenario lo más objetivo posible, que diste de parecerse a la fábula con la que abrimos nuestra discusión con personajes estereotipados y ficticios.

No convirtamos a nuestros niños en personajes de fábulas de terror, démosles la posibilidad de soñar con un futuro mejor cuando se levante el alba.