Jacques Maritain: Les Degrés du Savoir como itinerarios existencial
Autor: María Laura Picón
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Algunas consideraciones generales
Atendiendo a las razones expuestas anteriormente, reparamos principalmente en dos de sus obras: Les Grandes Amitiés y Distinguer pour Unir ou Les Degrés du Savoir, las que hemos elegido por ser exponentes claros de las dos temáticas que más le preocuparon a Jacques Maritain. Si afinamos nuestra mirada sobre ellas, aparecerá ante nosotros con total claridad, no sólo una aguda reflexión acerca de la problemática humana, histórica, ética y gnoseológica, sino también el itinerario existencial del mismo Jacques Maritain. No olvidemos que toda su reflexión y compromiso intelectual se hallaron directa e íntimamente vinculados a la evolución de las vivencias personales. Podríamos afirmar que el mismo Jacques vivió y experimentó todo lo que luego sistematizó en su “realismo integral”, por eso no será ajeno a esta reflexión el tema de la esperanza. Ella fue la fuerza motora de la vida y la obra de Maritain. Resulta asombroso constatar el paralelo que existe entre el itinerario propuesto en Distinguer pour Unir ou Les Degrés du Savoir y el camino de gestación de su pensamiento. En este artículo intentaremos mostrar esta correlación y para ello realizaremos un sobrevuelo por los momentos más significativos de su biografía, y estableceremos la correspondencia con la propuesta de Distinguer pour Unir... Jacques Maritain es uno de esos autores que no sólo se destacan por su agudeza en el tratamiento de los temas, sino por la coherencia entre vida y obra. Se trata de un hombre profundamente “sabio”, que lejos de quedar preso del instante que pasa, lo trasciende. Hizo de la razón humana su fuerza y su esperanza, porque sabiendo de su fragilidad y habiendo experimentado que por sí sola no basta, la hizo participar de la vida Divina, logrando con esto el renacimiento de la misma y así del hombre. Es nuestro deseo mostrar aquí no sólo en qué sentido la filosofía de Jacques puede llamarse también filosofía existencial (esto es en tanto la filosofía es fruto de su itinerario existencial) sino presentar al Jacques Maritain que realizó su peregrinaje terrenal según el esplendor de la Verdad, a fin de contarlo así, entre los Portavoces de Sabiduría. Pasaremos a estudiar ordenadamente el problema de la relación entre la espera y la esperanza según hemos podido contemplar se fue dando en el transcurso de la existencia del filósofo galo. Para ello tomaremos algunos de los más importantes hitos de su vida previa a la conversión, los cuales creemos se hallan en estrecha relación con los elementos epistemológicos de Distinguer pour Unir...que nos permiten pensarlo como una epistemología de la esperanza. La espera es una disposición y una actividad primaria de todo ser humano, podríamos decir que es natural. Es una disposición constitutiva que se actualiza y manifiesta en su existencia terrena, en su temporalidad. Pese a esta naturalidad, la espera determina la existencia en niveles y modos distintos en la vida humana (encontramos individuos más esperanzados que otros, seres desesperados o desganados). Por ello, sólo es cuando esa disposición llega a ser un hábito virtuoso que el hombre adoptará una visión esperanzada de su vida. El caso de Jacques es ejemplar. Desde muy joven “aguardó” la justicia con el proletariado, y para ello no sólo se hizo socialista sino que asumió el compromiso de colocar todos sus conocimientos al servicio de esa causa. Así fue como, desde su adolescencia hasta su entrada en la universidad, buscó incansablemente satisfacer el objeto de su espera. Grande fue su desilusión al descubrir que las ciencias particulares, en especial la matemática, que constituía el alto cielo de la Sorbona, no saciaba su sed. A pesar de la confusión que acarreaba ese momento tuvo la suficiente visión para percatarse de lo que más tarde sería una de las convicciones esenciales de Distinguer pour Unir... Dice Raïssa de su esposo, en Les Grandes Amitiés: “La développement éblouissant des sciences de la nature physique et les espérances infinies qu´il avait éveillées avaient fait mépriser les disciplines de la sagesse.”2 ”A quoi bon la synthèse de la matière vivant, à quoi bon ce pourvoir sur l´univers physique, si la raison même de la vie et de l´existence, si tout l´univers moral devaient rester des énigmes indéchiffrables?” 3 Distinguer pour Unir... podríamos decir que describe el comienzo del itinerario epistemológico en la convicción de que el conocimiento no puede detener su búsqueda en las ciencias particulares. Este convencimiento no surgió de una especulación meramente teórica, sino de la propia experiencia existencial. Jacques fue testigo de ello en su propia vida. Por eso podrá afirmar sin lugar a equivocarse que “Les sciences elle- même inspirent à l´esprit, parce qu´elles cherchent la raison d´être”. 5 Jacques Maritain sin haberlo podido afirmar por esos tiempos de juventud con claridad, basó su compromiso de estudiante, de científico, de hombre en general, sobre la “esperanza”. No se trata aquí de una espera natural sino de una espera que, frente al descubrimiento del límite, mantuvo su confianza en lo desconocido, en esa raíz profunda trascendente que aquietaría su espíritu. Años más tarde, lejos de menospreciar la importancia del conocimiento científico, advierte a sus lectores del posible engaño en el que pudiesen caer si sólo apostasen a mantener su mirada en los logros del conocimiento científico. Así, todo Distinguer pour Unir… es un llamado a la trascendencia del conocimiento material o temporal, fundado en las vivencias del propio itinerario existencial de nuestro filósofo. Cabe aclarar aquí, que el conocimiento que Jacques acusaba de insuficiente, ni si quiera era el conocimiento filosófico de la naturaleza sino, simplemente, aquél constituido por las ciencias naturales tal como se presentaban por aquel entonces en la Sorbona. Aún más, en la misma Universidad, las cátedras de los filósofos o se inclinaban hacia una erudición histórica o hacia las ciencias matemáticas. Ciertamente, en ninguno de los casos podían Jacques, su esposa y amigos ávidos de Verdad, encontrar allí un descanso reparador. En Les Grandes Amitiés hay un texto por demás elucidador, que nos presenta con certeza y claridad el objeto de la espera, lo recibido, la desilusión y la esperanza inconsciente y confiada en lo por venir. “La joie de la connaissance que procurent les sciences naturelles est nécessairement limitée par le nombre extrêmement restreint des principes métaphysiques auxquels elles se rattachent, et par les limites de leur objet formel. (c´est ainsi du moins que je m´explique aujourd´hui le peu de joie que j´y trouvai) Mais là où l´objectivité même de la connaissance est niée d´une manière ou d´une autre, toute joie de l´esprit disparaît. L´étude des doctrines considérées non comme des propositions ou des approximations de la vérité, mais comme des oeuvres d´art et d´imagination (...)se réduit à un défilé kaléidoscopique où la forme survenante bouscule et démolit celle que l´on vient d´apercevoir; tout change à chaque instant, pour le ravissement des yeux peut-être, mais pour la continuele déception de l´intelligence qui ne peut se fixer à aucune de ces formes dévoratrices les unes des autres. Les philosophes dont nous suivions les cours à la Faculté des Letres avaient personnellement beaucoup de mérites, leur érudition était ample et profonde, et ils avaient une haute conscience des exigences de la recherche scientifique. Mais ils s´appliquaient à l´analyse sans fin du détail des causes historiques comme à leur tâche essentielle, réduisant presque entièrement á cela cette étude de la sagesse dont leur nom et leur profession de philosophes leur faisaient un devoir. (...) les conclusions qu´ils croyaient pouvoir provisoirement formuler sous l´influence de la tradition rationaliste et idéaliste à laquelle ils restaient attachés, tombaient en poussière sous l´influence d´un positivisme et d´un empirisme à la fois dogmatiques et inefficaces. (...) Par une curieuse contradiction vécue ils voulaient tout verifier par des procédés d´érudition matérielle et de contrôle positif, et ils désespéraint de la vérité.”6 Él confió y puso todas sus fuerzas en alcanzar la verdad que le auguraban las ciencias particulares. Se encontraba comprometido, entregado y empeñado, mas su nivel de entrega no era inane o laxo. Se trataba, desde el comienzo, de una espera radical. Esta espera auténtica consistía en una entrega que conllevaba el cumplimiento de su vocación personal. Descubría poco a poco, que los conocimientos de las ciencias, absolutizados al máximo, no conducían al hombre a la Verdad, sino que lo dejaban preso en su propio límite. A esto se le sumaba, el irse dando cuenta que la búsqueda de la verdad – que tanto ansiaba encontrar para poder así darle un sentido más profundo a su vocación socialista - debía realizarse dentro del marco de la sabiduría. Las ciencias particulares podían proveerle del marco necesario para ahondar en los principios metafísicos auténticos en los que ellas se fundan, mas tal como se presentaban en la Universidad, lo único que acarreaban era el desencanto de la inteligencia. Dura es la crítica realizada contra sus maestros filósofos, a quienes acusa de ser infieles a su vocación de defensores de la verdad, y cae en la cuenta que tanto ellos como él desesperaban de la sabiduría. Estas “visiones borrosas” acerca del objeto esperado no son sino las fuertes convicciones que podemos constatar luego de la lectura reflexiva de Distinguer pour Unir ou Les Degrés du Savoir. En esta obra, el autor señaló los peligros de una visión del mundo encerrada en las ciencias empiriológicas y empiriométricas, mostró cómo la estructura del conocimiento humano trasciende el plano meramente empírico y alcanza su apogeo más allá del ámbito material. Pero ante todo enmarca la tarea del filósofo dentro de la sabiduría. No por nada Maritain invirtió tantas páginas en la caracterización del conocimiento científico y el sapiencial. La filosofía, si quiere ser auténtica, no sólo debe trascender la explicación científica sino que debe tener por objeto el ser mismo. Sólo en esa línea podrá el filósofo ser fiel a su “deber” con la realidad y con la verdad. En definitiva, resulta profundamente clara la unidad existente entre las primeras experiencias de Jacques Maritain en su búsqueda de la verdad y el espíritu subyacente en Distinguer pour Unir ou Les Degrés du Savoir. Elemento que nos permite sustentar la afirmación de la existencia de una filosofía de la esperanza que, vivida primeramente, se trasluce luego en la epistemología propuesta en su obra. De cara a la desazón que acarreaba el mundo mecanicista y positivo de la Sorbona, ocurre el episodio del Jardín de las Plantas. En ese momento de angustia Jacques y Raïssa pasaron revista a los acontecimientos científicos y filosóficos plagados de escepticismo y relativismo. Cuenta Raïssa en Les Grandes Amitiés cuánta era la profunda pena de sus corazones a causa del hambre y la sed de verdad. Expresó en un momento: “Cette angoise métaphysique pénétrant aux sources même du désir de vivre, est capable de devenir un désespoir total, et d´aboutir au suicide." 7 Curiosa frase, pero que nos permite, una vez más, desde la angustia ocasionada por la espera vana, establecer la existencia – germinal - de la esperanza genuina. No cabe duda que la constitución psicológica, el momento histórico y social y el tipo de vida personal de la que goza un hombre, condicionan el pasaje de la espera a la esperanza. Pero estos diversos momentos deciden, en última instancia, la libertad y voluntad del individuo. Jacques y Raïssa no fueron excepción a esta regla, por ello, pese a las dolorosas decepciones surgió el “¿qué hacer?”. La experiencia les presentó tres opciones: el suicidio, convertirse a una nueva esperanza o hacer de la desesperanza un hábito. A juzgar por la modalidad de aquel entonces – principios del siglo XX- deberían haber tomado el camino del “heroísmo desesperado” que sumerge al hombre en la oscuridad a causa de la ceguera voluntaria del alma ante las instancias metafísicas o lo eleva a tal punto que se erige como dios de una religión mundana. Si eran más osados, terminaban con su existencia absurda sin intentar nada antes. Pero Jacques y Raïssa optaron por convertirse a una nueva esperanza. La nueva esperanza llegó a los Maritain por medio de la desesperación y el sufrimiento. Existía en sus almas un condicional, una pequeña luz, una espera confiada, es decir una vivencia de seguridad que prevalecía pese a la oscuridad. “Si no era posible vivir según la verdad – pensaban los Maritain - no tenía sentido la vida”. Lejos de ser una afirmación pesimista fue ésta un crédito otorgado a la existencia auténtica y a la nueva esperanza. Confiados en la propia naturaleza humana y en la certeza de que sus deseos no podían ser vanos, decidieron apostar y convertirse a la nueva esperanza. La desesperación de Jacques y su esposa no pretendía ser calmada con un simple “deseo” sino por una esperanza capaz de restaurarlo todo en su integridad. Los Maritain asumieron así su espera, desde la seguridad del triunfo como una aparente infundada presunción. Fue la confianza la que elevó su espera en esperanza. Santo Tomás dirá que la confianza del esperanzado exige de éste actividad y osadía, lo mueve a la magnanimidad y lo dispone a alcanzar proyectos altos y arriesgados8. De tal modo encaró la vida Jacques a partir de tomar el compromiso en el Jardín de las Plantas de no declinar en su espera. Antes de concluir, nos gustaría aclarar, que el hecho de que Jacques y Raïssa optaran por darle un crédito a la existencia, no implicó la certeza de que ese crédito existiese. Si luego de un tiempo prudencial no hallaban el camino que conducía a la verdad tan ansiada, entonces la vida sería absurda. La esperanza de los Maritain, al igual que toda esperanza humana, no es seguridad. Por el contrario, siempre es insegura. Con un margen de reservas, el confiado confía en otros futuros conexos con aquel, la de éstos a su vez en otros y así hasta llegar al todo. El crédito que la esperanza concede a la realidad salta por encima de lo que la realidad en cada momento da. Jacques y Raïssa saltaron con los ojos abiertos, y tras ese salto hallaron a la Sabiduría y a Cristo. El salto que los Maritain empezaron en el Jardín de las Plantas duró toda su existencia. Habiendo encontrado la posibilidad de la verdad no descansaron en haberla encontrado sino que buscaron realizarla concretamente. Desde lo intelectual, esa verdad les permitió saltar a la Sabiduría y a la Revelación, la cual se presenta a la existencia humana como esperanza, como un “ya - todavía no” en el que el hombre confía. Dio a Jacques la posibilidad de plantear una epistemología abierta, fundada no en la seguridad de la posesión de la verdad sino en la confianza de que es posible que el hombre se acerque a ésta a partir de múltiples caminos, complementarios y perfectivos uno de otro. Distinguer pour Unir... comparte en esta experiencia el admitir sin reservas la posibilidad de una aproximación asintótica a la verdad, a la plenitud, a cuya búsqueda se lanza el hombre teniendo sólo en claro cuál es la meta. La estructura de la esperanza existencial en los comienzos de un filósofo Resulta difícil establecer con certeza el momento en el que Jacques Maritain dejó de confiar ciegamente en las ciencias para dejarle el lugar a la búsqueda filosófica. Quizás, de manera inconsciente, nunca compartió la visión científica de sus contemporáneos sino que desarrolló, lentamente y paso a paso, una apropiación más profunda de la realidad. Alrededor de 1910, época en la que escribió su primer ensayo filosófico titulado La Science moderne et la Raison, el pensamiento de Jacques pareció fortalecerse y definirse respecto del status de las ciencias. A modo de intuición expresó: “Il semble qu´en ces temps la vérité soit trop forte pour les âmes, et qu´elles ne puissent plus se nourrir que de vérités diminuées (...) la confusion qui inféodant la science authentique à une pseudo-métaphysique inavouée, faisait de la science des phénomènes, en elle- même essentiellement vouée à la vérité dans un domaine déterminé, un instrument de débilitation de l´intelligence à l´égard des vérités d´un autre ordre.” 10 Muy lejos de de tomar partido contra la ciencia, Maritain intuía que dicha noción debía purificarse. Allá por sus años de estudiante no alcanzaba ya a comprender cómo los sabios tenían en poca estima los supremos principios de la inteligencia ni cómo las matemáticas conformaban un cielo inteligible ni cómo ““(...) ces mystères de la métaphysique n´arrêntent pas l´oeil des savants, n´inquiètent pas leur intelligence.” 11 En otros términos, Maritain se preguntaba si era posible ser hombre y no filosofar. Estos cuestionamientos se hicieron más fuertes cuando tuvo oportunidad de ser alumno de Felix Le Dantec, un brillante científico, a quien Raïssa prodigó muchos elogios, pero cuya filosofía materialista tampoco convenció a Jacques. Lo cierto es que Jacques Maritain, de modo germinal, intuitivo e inconsciente, cayó en la cuenta de que la realidad era mucho más honda que lo que las ciencias particulares pudiesen decirnos de ella. En Distinguer pour unir, nuestro autor realiza una dura crítica a quienes consideran que en las ciencias cesa toda búsqueda de la Verdad. Sin dejar de resaltar y rescatar el valor de las ciencias y del conocimiento de la naturaleza sensible, afirmó que ningún tipo de saber considera en sí un universo de necesidades inteligibles circunscribiéndose solamente a éste. La apertura del concimiento sensible al universo trans-sensible que el autor de Distinguer pour Unir... propone, no sólo nació de la lectura atenta de Santo Tomás y de la filosofía clásica, sino que, a modo de intuición vaga, comenzó a gestarse en su experiencia de vida. El corte de raíz con lo metafísico, con las primeras razones de las cosas que los maestros de la Sorbona proponían a sus alumnos como un dogma indiscutible, fue lo que motivó la “no resignación” de Jacques frente a un camino sin salida aparente. Ante esta situación, su confianza en la realidad no claudicó y, a costa de una terrible angustia y tristeza, decidió, una vez más en su vida, dar un crédito a su espera. Si el hombre es un ser llamado a descubrir la verdad que se halla en la realidad y a dejarse penetrar por ella, entonces la actividad de su inteligencia no puede asumir caminos sin salida como una explicación válida de la misma. Más aún, si el anhelo de verdad que existe en el hombre no es vano, sólo encontrará reposo en el encuentro con la Verdad misma. Si dicho reposo no se produce, o bien la búsqueda no cesa allí donde parece, o bien el deseo es vano. Si se diese esto último, si fuese imposible vivir según la verdad, la vida no merecería la pena de un instante más de atención. La misma confianza que Jacques y Raïssa pusieron en lo desconocido cuando el episodio del Jardín de las Plantas, es la que signó y marcó Distinguer pour Unir… No vamos a relatar todo lo que trajo aparejada la conversión de Jacques Maritain y de su esposa. Sin embargo es importante mencionar de qué modo repercutió esta experiencia en la obra de Jacques Maritain. Es cierto que, con el panorama que fuimos presentando hasta el momento, no es tan difícil hacernos una idea de ello. Pero de lo que aquí se trata es de establecer cómo la experiencia de la conversión contribuyó a la epistemología de la esperanza. En otros términos, nuestro objetivo está puesto en plantear la concordancia existente entre su experiencia de conversión (experiencia que trajo consigo la certeza de que el objeto de su espera no había sido vano) y la sabiduría metafísica y teológica. Si atendemos al itinerario epistemológico planteado en Distinguer pour Unir... caeremos en la cuenta de que Maritain ha pasado, en lo que a su vida personal se refiere, por los distintos niveles de conocimiento. En el punto anterior pusimos de manifiesto cómo la espera, por ese entonces incierta, encerraba de modo virtual o latente, la posibilidad de una salida; esto es una intuición que le permitía sostener que el conocimiento científico debía buscar sus fundamentos en la metafísica. Fue luego de su conversión que esta especie de visión borrosa se fue aclarando, al punto de afirmar que tras todo conocimiento empiriométrico y empiriológico existían razones más profundas, que sólo podían ser alcanzadas por medio de la analogía metafísica. También en la primera parte de este estudio hemos ya visto cómo el pasaje a la sabiduría metafísica no fue simple. Si bien Jacques albergaba la convicción de encontrar más allá de las ciencias particulares las razones últimas de la realidad, en los primeros tiempos, persuadido por los errores de los “filósofos”, pensaba que el hacerse católico suponía renunciar a la vida de la inteligencia. Recién dos años después del Bautismo, en el encuentro con Santo Tomás, halló en la reflexión de la Summa, inmediatamente las mismas verdades creídas. “ (...) nous ne songions pas alors, nous étions trop ignorants pour cela,à approfondir rationnellement les mystères de la foi, ni à déduire à partir des vérités révélées des vérités congruentes moins universelles, mais nous nous sentions pressés de chercher quelles vérités d´ordre philosophique universel étaient impliquées dans la tranquille assurance des propositiones de Foi.” 13 Desde ese momento, Jacques y Raïssa comprendieron que la ciencia del intelecto y hasta la metafísica se iluminaba con la fe, y que la una no anulaba a la otra. De la lectura de Tomás de Aquino, recibió Jacques Maritain, de una vez y para siempre, la certidumbre de las verdades primeras concernientes a la inteligencia y la posibilidad de conducir hasta la fe los principios de la razón. Quien hiciese una lectura superficial de esto, podría correr el peligro de quedarse en la mera anécdota de la conversión. Sin embargo, cuando colocamos este hecho junto a los dichos acerca del conocimiento teológico, tal como se presentan en Distinguer pour Unir…, emerge sin lugar a dudas, el fundamento mismo que llevó a Jacques a caracterizar el conocimiento teológico. La fe no es una luz que ciega la inteligencia, sino que la eleva por encima de todo conocimiento natural. Ella abre al hombre ansioso de verdad hacia la verdad misma y une a Dios su entendimiento. Asumirla desde esta perspectiva implica también dar por sentado no sólo la complementariedad sino la necesidad de esta Sabiduría, ya que es capaz de alcanzarle al hombre aún aquellas verdades que, por su sola fuerza natural, le sería imposible asir. En el alma del hombre que espera la verdad - una vez trascendido el conocimiento metafísico para alcanzar la sabiduría teológica- juegan un papel decisivo la esperanza como pasión y como virtud teologal. Ambas conforman la activa aspiración hacia el bien arduo, posible y futuro (en este caso la Verdad) ambas son propias de la existencia temporal, y oscilan entre la confianza, el temor, la creencia y la desesperación. Pero si de la gracia estamos hablando, la pasión natural de esperar se encuentra abierta y coronada por la virtud teologal, ejercida por el hombre en tanto status viatoris. Así como para Maritain la sabiduría metafísica se abre, en tanto espera el objeto de su reposo, a la sabiduría teológica; la esperanza natural se abre a la esperanza teologal. Quiere decir esto que tras las afirmaciones de Maritain respecto de la complementariedad, integridad y apertura de los distintos niveles de conocimiento, y tras la fuerte impronta tomista, se halla su propia experiencia personal. Una experiencia fundamentalmente enraizada en la esperanza natural, que en armonía con la fe, se dejó elevar por la virtud teologal de la esperanza. La inquietud de Jacques por la sabiduría teológica no respondería a una adhesión ciega al tomismo, sino que fue fruto de la reflexión personal. La propia existencia atravesó un itinerario que iba desde lo sensible hacia lo suprasensible. Éste fue el camino de esperanza que él adoptó a fin de encontrarse con la Verdad. De aquí que la propuesta de Distinguer pour Unir... sea el testimonio de su propia búsqueda. Desde la experiencia de sus propios errores y desaciertos es que advirtió de los inconvenientes que puede acarrear una epistemología “sin esperanza”; esto es, una epistemología basada en la confianza desmedida en las fuerzas humanas, que en última instancia dejará al hombre que anhela conocer la verdad angustiado y sin salida. Jacques, habiendo experimentado la parcialidad del conocimiento natural, una vez conocida la Revelación, cayó en la cuenta de que ésta no podía ser contraria a lo que la razón misma le presentaba. Así es como empezó a establecer vínculos entre razón y fe, desde la convicción de la no-contradicción y la complementariedad existente entre ellas. Es por ello que esta apertura a la sabiduría sobrenatural sólo pudo realizarse plenamente gracias a su conversión. Antes de ella, esas verdades, aunque intuidas, no habían sido tomadas como tales. La experiencia de la conversión no fue para los Maritain tan sólo un hecho más de sus vidas, sino que adquirió tanta importancia que signó y marcó profundamente las reflexiones filosóficas de éstos. La clave de Distinguer pour Unir... está dada por la cristiana “esperanza”, que no es más que una expresión de la apertura generosa y desprejuiciada hacia la realidad que no sólo nos permite conocerla sino que nos habla de un Ser Personal que es Causa y que trasciende lo meramente natural. Esperanza y sabiduría mística Llegamos aquí a un punto crucial. Sumergirnos en el itinerario existencial que condujo a Maritain a postular su itinerario epistemológico en Distinguer pour Unir… requiere penetrar una de las experiencias más hondas y serias de su vida. Nos atreveríamos a decir, una de las vivencias cuyo tratamiento exige mucha cautela. Hemos observado anteriormente cómo el itinerario epistemológico de Jacques tuvo como primer testigo y referente su propio itinerario existencial. ¿Pero esto significa, acaso, que estamos en presencia de un Jacques Maritain místico? Creemos que sí, no porque él haya recibido las “gratias gratis datae”. La experiencia mística en Jacques se dio como un efecto de la actuación de los dones, que se reciben conjuntamente con la gracia y las virtudes infusas y que como potencias o como elementos dinámicos sobrenaturales son inseparables de la gracia santificante. Al igual que el alma humana no percibe directamente sus hábitos naturales sino sólo por sus actos, los dones, que como las virtudes son hábitos sobrenaturales infundidos por Dios, y que requieren la gracia actual, sólo se perciben cuando actúan. De cada actuación de un don resulta un acto místico. Si estos actos se producen de forma repetida y predominante se entra en el pleno estado místico. Tales estados producen ordinariamente el sentimiento o la experiencia de Dios, acompañada de la conciencia de que tal impresión no ha sido producida por su sujeto. He aquí la experiencia mística tal como la padeció 14 Maritain.15 A pesar de la profunda comunión con Cristo que vivenció Maritain, y de su compromiso como filósofo y cristiano, no podemos afirmar que dicha unión mística hubiese estado acompañada de los carismas (también llamados “gratias gratis datae”) o por lo menos no tenemos testimonios de que así haya sido. Sin embargo, no nos es lícito pasar por alto, el hecho de que junto a su esposa y su cuñada decidieron vivir en comunidad, y que fue en el seno de esta comunidad que compartió las “gratias gratis datae” otorgadas a Raïssa y a Vèra, esas gracias dadas libremente a ciertos individuos y a algunas formas de vida especial para el bien de la Iglesia que corresponden a un segundo efecto de la experiencia de lo divino. Dichos carismas estuvieron presentes en Raïssa y en Vèra de un modo muy íntimo. En esta experiencia familiar vió Jacques que no había incompatibilidad entre sabiduría metafísica y sabiduría mística, convicción por demás clara en la epistemología de la mencionada obra. En el seno de su “fraternidad” fue testigo de cómo la unión sobrenatural y el conocimiento infuso de Dios completan y plenifican las verdades alcanzadas por la razón y por la fe. A continuación, presentaremos los testimonios más notables de dicha luz sobrenatural, del juicio ayudado por la luz divina, ya acerca de cosas nuevas, ya acerca de algunas conocidas tal cual lo padeciesen Raïssa y Vera. Presentaremos así la experiencia existencial que motivó en Jacques la profunda preocupación por la sabiduría mística, una preocupación mística que no se reduce sólo a los santos, sino que puede hacerse presente en el hombre laico, inserto en el mundo; y mostraremos cómo aquí también encontramos elementos pertenecientes a la esperanza. Recordemos que los Maritain se convirtieron al Catolicismo durante los primeros años del siglo XX, y que León Bloy, el hombre que fue instrumento para dicha conversión, nunca argumentó con ellos acerca de las verdades de la fe católica. Sin embargo, de su mano recibieron los nuevos bautizados los escritos de los místicos. Mudados a Heildelberg, Raïssa, su hermana y Jacques, decidieron cultivar su vida interior. Así fue como surgió, luego de la conversión, la profunda inspiración de vivir como religiosos cuya regla consistiría en “contemplar la vida inmersos en el mundo”. La comunión de vida realizada por los Maritain testimonia no sólo una profunda y meditada vida intelectual y afectiva sino por sobre todo, la presencia de Dios entre ellos. Los tres realizaron una intensa fusión espiritual animada por el amor a la verdad, la belleza y la simplicidad, pero fue principalmente la vida interior de Raïssa la que animó esta fraternidad. A través de sus escritos, principalmente de su poesía, y de los recuerdos de su esposo, es posible seguir su itinerario interior. Si volvemos sobre nuestros pasos, la “aventura” existencial de Raïssa encontró su climax con la lectura de la Summa Theologiae de Santo Tomás. Bien sabía ella que la razón no debía abandonarse a sí misma, por eso el encuentro con la obra del Angélico, fue la certificación de su certeza, por ese entonces, ciega. Tenía la seguridad de haber recibido la primera verdad de la inteligencia en la vida interior, de sentirse dominada por la presencia de Dios que iluminaba su razón con su amor. Por eso es que desde ese momento, Raïssa sintió que su propia existencia no era sino un itinerario a Dios. Raïssa no tuvo el don de la visión pero en ella la contemplación del misterio fue intensa y luminosa, al punto que podríamos decir que se trató de una especie de visión. Jacques relata las gracias de la contemplación que recibía Raïssa en la oración silenciosa, en la que parecía absorberse. Jacques advirtió en el alma de su esposa cómo el misterio revelado de Cristo se establecía como presencia y comunión, tratándose de una forma superior de conocimiento de la Verdad Revelada bajo el reflejo de la caridad que conduce a vivir en la presencia de la Trinidad. Por ser contemplativa, Raïssa adquirió ese don y tuvo momentos de intimidad con Dios tan profundos que nos ofrecen material suficiente para una formulación doctrinal de la experiencia mística. Por mencionar sólo uno de estos profundos encuentros entre Raïssa y Dios, indicaremos el caso de la creación poética. El mismo Jacques cuenta de qué modo Raïssa manifestó esta vivencia mística a través de su poesía, como si en la experiencia creadora del poeta reflejase, como en un espejo, la experiencia mística.19 Jacques descubrió cómo ambas- experiencia mística y creación poética- nacieron del recogimiento, mas este origen común no necesariamente implicaba confusión entre ambas. Mientras en la experiencia mística el objeto toca el abismo de lo Increado y lo conoce como presente y unido al alma de quien contempla, el conocimiento oscuro de la poesía toca la cosa y la realidad del mundo como objetos conocidos. La relación entre los dones místicos y poéticos puede existir, aunque no necesariamente todo místico es poeta o todo poeta es místico. En el caso de Raïssa, los dones poéticos fueron puestos al servicio de la mística, para comunicar la inefable experiencia. Habitada por el don de la poesía pudo dar a su contemplación un fondo más transparente. Nada más alejado de nuestro trabajo es indagar entorno a la vida contemplativa de Raïssa, pero consideramos importante hacer alguna mención al tema y ejemplificarlo, a fin de poder establecer la correlación entre el itinerario existencial de Jacques Maritain y el derrotero epistemológico postulado en Distinguer pour Unir… No es menos importante el hecho de que Jacques y Raïssa hubiesen decidio vivir “fraternalmente”. Dicha alianza, que hizo de su unión matrimonial una comunión aún más honda, tiñó todas sus vidas, y así como es poco serio deslindar la obra de un hombre de su propia vida, mucho mas grave sería en este caso deslindarla también de la vida de su esposa. Hasta el momento, nos hemos topado siempre con un Jacques Maritain cien por ciento coherente. Vida y obra no eran compartimentos estancos sino que uno retroalimentaba al otro. Si a esto le sumamos el vínculo establecido con Raïssa y con Vèra, queda por demás manifiesta dicha coherencia. Cuando Jacques presenta la sabiduría mística en Distinguer pour Unir ou Les Degrés du Savoir, no está sino hablando de la experiencia de su esposa. En ella, y en su cuñada – a quien su director espiritual aconsejó no mencionar sus dones- tuvo el testimonio cercano y vivo de cómo puede ser elevada sobrenaturalmente en un alma gracias a la acción infusa de Dios. Maritain dejó bien asentado en Distinguer pour Unir… que todo conocimiento, sea del nivel que sea, supone una búsqueda, una “no posesión” del objeto. El mismo San Juan de la Cruz, describe el pasaje de la meditación a la contemplación como un “ascenso” en el que claramente apreciamos un “aún no”. Según Jacques la experiencia mística es “(...) elle sent qu´ en elles seules elle peut goûter intimememnt et juger par expérience des profonders de son Deux.”20, que si bien supera todo conocimiento natural de Dios no supone su visión ni el fin de su búsqueda, puesto que esto se reserva para la vida por venir. El místico se vacía de sí para llenarse de Dios, pero dicha unión no es sino un anticipo de lo que vendrá. Por ello, así como en toda búsqueda sapiencial encontrábamos un objeto cuya posesión nos abría a otro, la experiencia mística supone también un cierto “todavía no”, y abre al místico a esperar la visión de Dios, la posesión definitiva de la Verdad. Conclusión Hablar de la experiencia existencial de Jacques Maritain, supone entender dicha experiencia en dos sentidos. El primero, aquel que el mismo filósofo galo le dio, concibiendo ésta como la inevitable vuelta del hombre a la realidad en tanto ella es. De este modo, Maritain colocó toda reflexión humana sobre las bases metafísicas del esse. Sin embargo, nosotros propusimos una nueva acepción para la “experiencia existencial” (el segundo sentido), para nada enemistada con la anterior sino complementaria. Llamamos así al derrotero existencial de Jacques y Raïssa, que no fue sino la cuna en la que descansó la “experiencia existencial en sentido epistemológico”. Nos detuvimos a contemplar la experiencia existencial en sentido epistemológico junto a la experiencia existencial en tanto camino de vida, y hemos establecido interesantes correlatos, que nos permiten asegurar que la primera debe entenderse a la luz de la segunda. Si bien Jacques podría haber asumido la epistemología y la gnoseología tomista y realista, sin embargo, en su caso, no se trató de un aprendizaje azaroso. Por el contrario, en Jacques se obró un re- descubrimiento (que para él fue un descubrimiento, sobre todo antes de conocer a Santo Tomás) de la metafísica, enraizado en sus frustraciones personales con respecto a la búsqueda de la Verdad. Maritain y su esposa no tuvieron acceso al realismo ni a la Revelación desde el seno familiar, más bien experimentaron hondamente la ausencia de sentido, y fue esa misma ausencia y la angustia provocada por ella, que hicieron posible la confianza esperanzada en la Verdad. Así comenzó un camino de esperanza ciega, un camino progresivo, sembrado de sinsabores aunque también lleno de dicha al ir alcanzando los motivos de su búsqueda. Cuando leemos la obra maritainiana y reflexionamos en torno a la epistemología y gnoseología propuestas en Distinguer pour Unir ou Les Degrés du Savoir, caemos en la cuenta no sólo de que todos sus enunciados están basados en la “experiencia existencial” sino que el itinerario epistemológico realista tal cual lo manifestó nuestro autor, coincide con el camino de búsqueda de la Verdad vivenciado por él. Estamos en condiciones, por esto, de afirmar que hablar de “experiencia existencial” en Maritain supone mucho más que lo que él mismo expresó. En este sentido, podemos decir que la propuesta de Distinguer pour Unir ou Les Degrés du Savoir se enfatiza y adquiere nuevas dimensiones desde el momento en que la búsqueda de la Verdad allí presentada (a través de los distintos niveles de ascenso y profundización) se halla enriquecida por la esperanza que animó sus vidas.
“Jacques m´a souvent dit que sa tâche était d´ouvrir les voies; mais dans quelques-unes de ces voies il est lui- même allé jusqu´au bout.” 1
Cualquier acercamiento a la obra de Jacques Maritain pide, casi de modo inevitable, que no dejemos pasar por alto su propia vida, el momento particular por el que atravesaba su existencia por ese entonces. Y esto, no porque sus obras y su pensamiento hayan sido fruto de inclinaciones subjetivas o de una especie de sublimación psicológica, sino porque desde muy temprana edad, Jacques Maritain cayó en la cuenta de que el pensamiento no puede estar descarnado ni de la propia vida ni del propio tiempo. Él, que supo ser “un medieval entre los modernos y un moderno entre los medievales”, siempre sustentó su doctrina en un realismo – con declarada simpatía tomista- abierto a la problemática existencial personal y de su época.
De la espera a la esperanza
Claramente se hace presente en los textos la conciencia de Jacques de haber esperado en un objeto errado. Las ciencias y sus hombres, de quienes tanto había esperado, lo dejaban con las manos vacías. Poco a poco empieza a caer en la cuenta de que esa “montaña” que de lejos le había parecido un bloque compacto de ciencia, ahora, vista más de cerca, le revelaba todas sus fallas.4 Sus dichos lo denotan. Mas el descubrimiento de que las ciencias no agotan la espera nos permite entrever que tras esta actitud aguardante subyacía una trama metafísica que le permitiría luego elevarse a una esperanza genuina.
Si leemos atentamente esta “confesión” de aquellos tiempos, podremos percatarnos de la adscripción personal y de la entrega de la existencia de Jacques en tanto “esperante”.
La espera auténtica se expresa en la angustia
”D´instinct nous nous débations contre un relativisme sans issu (...)” 9
Para Maritain, las explicaciones acerca del mundo excedían lo meramente científico y adquirían una dimensión más honda que, en sus años de juventud previos a su conversión, no podía determinar con claridad.
“ Toutefois s´il y a un savoir suprême, un savoir-chef, un savoir des premiers principes, il pourra considérer d´ensemble tous ces différents univers, non pour se substituer au sacoir particulier qui s´applique à chacun d´eux, mais pour connaître ce savoir lui- même, défendre et justifier ses principes, et pour faire ainsi l´unité.” 12
En esta obra, Jacques no pasó por alto aquella intuición primordial. Si bien los objetos proporcionados a la inteligencia humana son los sensibles corpóreos, ésta no se cierra sobre este universo. La inteligencia humana anhela el universo trans-sensible, el universo metafísico conocido por nosotros mediante la analogía.
Una espera humana de lo no - humano
“J´ai dit dans mon Carnet de notes que notre soeur Vèra entendait souvent Jésus lui parler (au fond du coeur, sans aucun son matériel), et qu´à partir d´une certaine date (septembre 1939, les horreurs de la guerre allaient venir) il lui a permis de nous livrer ce secret: elle transcrivait les brefs messages ainsi reçus sur des bouts de papier qu´elle nous donnait.” 16
“En vérité la contemplation n´est pas donnée seulement aux Chartreux, aux Clarisses, aux Carmélités... Elle est fréquemment le trésor de personnes cachées au monde, - connues seulement de quelques-uns, - de leurs directeurs, de quelques amis. Parfois, d´une certaine manière, ce trésor est caché aux âmes elles- mêmes qui le possédent, qui en vivent en toute simplicité, sans visions, sans miracles (...)” 17
En el Journal de Raïssa, cuenta como durante la oración ve a la Sma. Virgen como si se tratase de un pacífico lago de paz celeste- por mencionar un ejemplo. En varias oportunidades comenta cómo las lágrimas acompañan su recogimiento y es leyendo los apuntes espirituales de Raïssa que, con su esposo, tenemos la convicción de encontrarnos con un alma contemplativa y mística, con un espíritu abierto a la experiencia religiosa en el que la conversión se vuelve contemplación mística.18
Notas:
1 Maritain, Raïssa; Les Grandes Amitiés, ŒC, Vol. XIV, pág. 1034.
2 Maritain, Raïssa; Les Grandes Amitiés, ŒC, Vol XIV, pág. 659.
3 Maritain, Raïssa; Les Grandes Amitiés, ŒC, Vol XIV, pág. 683.
4 Ver Maritain, Raïssa; Les Grandes Amitiés, ŒC, Vol XIV, pág. 674
5 Maritain, Jacques; Distinguer pour Unir ou Les Degrés du Savoir, ŒC, Vol. IV, pág. 356.
6 Maritain, Raïssa; Les Grandes Amitiés, ŒC, Vol XIV, pág. 684-685 .Remarcado propio.
7 Maritain, Raïssa; Les Grandes Amitiés, ŒC, Vol XIV, pág. 690.
8 Ver Santo Tomás; Summa Theologiae, II, II, q. 129, a. 1
9 Maritain, Raïssa; Les Grandes Amitiés, ŒC, Vol XIV, pág. 696.
10 Maritain, Raïssa; Les Grandes Amitiés, ŒC, Vol XIV, pág. 380.
11 Maritain, Raïssa; Les Grandes Amitiés, ŒC, Vol XIV, pág. 62.
12 Maritain, Jacques; Distinguer pour Unir ou Les Degrés du Savoir, ŒC, Vol. IV, pág.510.
13 Maritain, Raïssa; Les Grandes Amitiés, ŒC, Vol XIV, pág. 830.
14 El término “padecer” significa en Maritain “passio divina”, entendiéndose así el ámbito propio de la vida mística.
15 Maritain, Jacques ; Carnet de Notes, ŒC, Vol. XII, p. 316.
16 Maritain, Jacques; Approches sans entraves, ŒC, Vol. XIII, pág. 911. Cfr. ŒC, Vol. XII, pág. 387.
17 Maritain, Raïssa; Liturgie et contemplation, ŒC, Vol. XIV, pág. 138.
18 Ciertamente esta convicción se encuentra sustentada por la autoridad del pensamiento de F.Castelli S.J, tal como lo expresa en Raïssa Maritain: contemplativa sulle strade. Dall`ateismo alla contemplazione mistica, en Civilttà Cattólica, 15/09/2001, nº 3630, quindicinale, pág. 467-479; así como también los estudios de Lourdes Grosso García, dedicados a la persona y la vida interior de Raïssa Maritain, en los artículos La condition essentielle de la contemplation dans la vie de Jacques et Raïssa Maritain en Notes et documents, 1994, n° 39-40, XIX, nuovelle série, janvier-août, pág. 24-29 ; La locura del amor divino : testimonio y desafío de Raïssa Maritain (1883-1960) en Rev. Roma: Pontificia Studiorum Universitas a S. Thoma Aq. in urbe, 1993 y en La paradoja del amor en la experiencia espiritual de Raïssa Maritain, en Rev. Ciencia Tomista, 1993, nº 392, T. 120, septiembre- diciembre, pág. 508-534.
19 Basta simplemente leer algunas de sus poesías tal como aparecen en el Journal de Raïssa, para establecer semejanzas entre su experiencia de Dios y las de San Juan de la Cruz. Dice en una de ellas: “On se sent la tout petit chose que l´on est/que l´on se sovait être/ Main tenant on se sait dans l´esprit/ et dans l´âme et dans le corps/on voit ce vide avec une joie simple/Il y a une lumière dans ce vide/ Elle vient d´ailleur/On est sans déjense mois aussi sans crainte/ L´est le repos de ce qui est sans depuise/ et qui ne veut plus rien défendre en soi/Pas même sa vie- peut- être/Tout le trésor des souffrances passées/Toujours présentes/Repose en peux et dit un chant d´appel/ A la miséricorde. Ma misère est avec moi comme une chose/dont une miracle aurait soustrait le poices”. Maritain, Raïssa; Poesie, ŒC, Vol XV, pág. 269.
20 Maritain, Jacques; Distinguer pour Unir ou Les Degrés du Savoir, ŒC, Vol. IV, pág. 734.
